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En una conmovedora y dramática declaración que publicara EL NUEVO DIARIO en su edición del sábado once de febrero del año en curso, el doctor Iván Escobar Fornos, compadecido de nuestro pueblo, por fin esclareció el firmamento obscuro de nuestra nación, al hacer saber a los nicaragüenses, a través de todos los medios de comunicación, que, después de muchas agotadoras reflexiones e introspecciones, había decidido poner fin a la incertidumbre ciudadana, presa de temor y angustia ante su aparente indecisión de continuar en el ejercicio de su cargo, y que, a solicitud de todo nuestro pueblo que se lo demandaba con conmovedora y verdadera devoción, a pesar del duro sacrificio que tal decisión significaba, había dado oídos al ruego y, siguiendo la voz de su conciencia, acataba una vez más la súplica colectiva que elevaban hasta él, y que, en atención a tales ruegos, anunciaba de manera solemne y concluyente, que estaba dispuesto a sacrificarse de nuevo y aceptar por tercera vez su reelección como Magistrado de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia, en donde podría continuar su apostólica y conmovedora lucha en defensa del Estado de Derecho y otras hierbas aromáticas.

Tal decisión la había adoptado por su propia cuenta, totalmente al margen del Decreto Presidencial No. 3 del año 2010, con el que el Presidente Ortega, inspirado por la sublime presencia de su beatífica e iluminada compañera de lucha, líder de la Nicaragua Socialista, Cristiana y Solidaria, prorrogó de manera indefinida la permanencia en sus cargos de los veinticinco funcionarios públicos con periodos vencidos; y en relación con tal Decreto, el doctor Escobar Fornos aseguró que probablemente no tendría necesidad de hacerlo.

En el mismo sentido y poniendo cada uno de ellos de manifiesto su consagración a la ley, su desinterés, desprendimiento y sacramental culto a la justicia, se pronunciaron los también magistrados Alba Luz Ramos, Rafael Solís y Armengol Cuadra, dispuestos a seguir sacrificándose por la Patria. Loado sea Dios por permitirnos seguir disfrutando de la dicha que con sus inspiradas acciones y omisiones nos dispensan, razón que nos mueve a elevar nuestras súplicas a los demás magistrados, de quienes demandamos, con reverente unción, que se queden para siempre en sus cargos y que por favor no se mueran nunca, para que continúen sublimizando eternamente con sus luminosas resoluciones a la Corte Suprema de Justicia, que, para todos los efectos legales y espirituales, es más justa que la propia Corte Celestial, que no merece la asistencia y atención de nuestros insignes y honestos magistrados, aunque ese desaire signifique la frustración y el despecho de nuestro Dios Creador, según considero que es el criterio de nuestro beatífico Cardenal Miguel Obando y Bravo, líder apostólico de nuestros C.P.C. y demás organizaciones y congregaciones ciudadanas, y otras que solo se guían por el amor y la solidaridad cristiana.

Gracias, Presidente Ortega Saavedra, por habernos regalado en el año 2010, el Decreto Presidencial No. 3, que ha permitido, y no dudamos nos seguirá permitiendo, que disfrutemos para siempre la presencia en su gobierno de esos apostólicos personajes que lo conforman hoy; funcionarios que con usted a la cabeza, sin lugar a dudas, continuarán llevando a Nicaragua, tal como lo han venido haciendo hasta ahora, a la prosperidad, al goce de la justicia y al disfrute de la libertad y de la paz; y, además, gracias de antemano, Comandante Ortega, porque estamos seguros de que usted está dispuesto a seguir sacrificándose por la patria, haciendo derroche de patriotismo, decidido a seguir caminando hacia el futuro aun bajo el peso de la carga de muchos períodos presidenciales más, convencido como está de que Nicaragua no podría seguir existiendo sin usted.

Inspirado por una verdad como la anterior, Calígula exclamaba con exaltado paroxismo: “Después de mí, el diluvio universal”.

Pobre país el nuestro en el que pareciera verdad tanta mentira.

Managua, 11 de febrero de 2012.
* El autor es abogado.