•  |
  •  |

El día del Amor leí en facebook sobre el atroz asesinato del joven Eddy Napoleón Ramírez Novoa, de 27 años. ¡Me indignó! Su muerte en la ciudad de León parece no haber sido un acto de delincuencia oportunista, sino más bien el producto del odio irracional basado en su orientación sexual. ¡Tanto odio en el día del Amor!

Los reportajes sobre el crimen señalan que Eddy Ramírez y su pareja  habían sido objetos de discriminación y violencia por parte de los presuntos asesinos durante más de un año.  Trágicamente, a pesar de haber denunciado a sus agresores, nunca se les dio respuesta y la violencia siguió hasta terminar en la muerte del joven y en la hospitalización de su pareja.

Me pregunto, “¿qué pasa con los llamados “derechos humanos universales?” -a la seguridad, a la libertad, a la protección legal… a la vida. Papel mojado si sos gay o lesbiana o trans en un mundo machista.  


A mi parecer, con el asesinato de Eddy Ramírez estamos presenciando un “crimen de odio”. Lo mataron por su orientación sexual. O en lenguaje popular, por ser “cochón”. La aversión de los asesinos hacia la identidad sexual del joven era tan fuerte que “se armaron de palos y empezaron a golpear a Ramírez en la cabeza, hasta desprenderle uno de los ojos. Horas más tarde falleció en el Hospital de León”.  

Este tipo de odio contra hombres homosexuales o “gays” tiene nombre propio y se conoce como “homofobia”, o cuando se ejerza contra las lesbianas y las personas transgéneras o transexuales, “lesbofobia” y “transfobia” respectivamente. De acuerdo con la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (ILGA), la homofobia es “el miedo, aversión, o la discriminación de la homosexualidad o los homosexuales. Es el odio, la hostilidad o la desaprobación de las personas homosexuales. Al tiempo que es atroz y peligrosa, y en ocasiones letal, convierte la vida de lesbianas, gays, bisexuales, trans o intersex (LGBTI) en un infierno…”.

La historia de discriminación y violencia sistemática y la brutalidad con la que asesinaron a Eddy Ramírez por “ser cochón”, son claros indicadores de la homofobia arraigada de sus verdugos. A mi parecer, el asesinato constituye un “crimen de odio”, ya que el acto delictivo fue motivado por la desaprobación y el rechazo de su homosexualidad.  Asimismo, la ejecución del delito buscaba, a priori, infligir daños y lesiones que violentaron sus más básicos derechos humanos.  

Eddy Ramírez está muerto y sus asesinos deben pagar, y pagar muy caro, las consecuencias de su crimen homofóbico. Y en Nicaragua, bajo la legislación existente, esto es una real posibilidad.

El artículo 36 del Código Penal vigente (ley # 641) sobre “Circunstancias que agravan la responsabilidad penal”, incluye la “orientación sexual” entre los motivos que constituyen una circunstancia agravante. Según ILGA, con esta legislación, Nicaragua es uno de apenas 20 países en el mundo que incorpora el concepto de “crimen de odio” contra las personas de la diversidad sexual en sus leyes. Significa que, al encontrar culpables a los asesinos, la sentencia aplicada por el sistema judicial debe ser más dura.

Reconocer el asesinato de Eddy Ramírez como un “crimen de odio” y echar presos a sus asesinos no le devolverá la vida. Tampoco sanará las heridas profundas de su pareja ni de sus seres queridos. Pero sí creará un precedente importante en Nicaragua, transmitiendo un mensaje claro a todas las personas e instituciones privadas y públicas del país: la discriminación y la violencia contra personas de la diversidad sexual a causa de su orientación sexual o identidad de género, venga de donde venga, son un atropello de sus derechos humanos y son delitos criminales.

Los derechos humanos de la diversidad sexual deben respetarse de igual manera como los de las personas heterosexuales. Todas las personas deben ser tratadas iguales bajo la ley. Ojalá se haga justicia para que este crimen de odio espeluznante no quede en la impunidad.

Quiero estar recordando el próximo día del Amor la justicia que se logró en el caso de Eddy Ramírez y su pareja,  sabiendo que los asesinos pasarán el resto de sus días entre rejas. Porque si no, los crímenes de odio contra la diversidad sexual seguirán pasando desapercibidos, tolerados y olvidados. Y la próxima víctima podría ser un amigo o una vecina suya… o su hijo o hija.

Managua 18 de febrero 2012.
* El autor es educador.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus