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Recordar a los jóvenes que dieron su vida y a otros que sobrevivieron a la lucha contra la dictadura en los años 60 del siglo pasado, es revelar una experiencia clave que las nuevas generaciones no deben ignorar. Aquella lucha y las condiciones en que se libró son inseparables de la historia de Nicaragua.

Aquella lucha fue continuación del largo proceso contra regímenes nicaragüenses impuestos por las intervenciones norteamericanas. La última etapa fue contra el somocismo, y la iniciaron jóvenes del campo y la ciudad en Bocay, Caratera, Pancasán, Zinica. Igual reflejaban las reivindicaciones económicas y sociales en el sector agrario contra el latifundismo de origen colonial y por un nuevo sistema de salud y de educación; por la honestidad administrativa.

Fue eslabón del mismo proceso, y la lucha armada se planteaba como continuación de una tradición histórica: para Carlos Fonseca, la lucha armada no era extraña a la cultura militar de la oposición, que conquistaba el poder con movimientos militares, o golpes de Estado.

Fonseca vio al movimiento guerrillero como continuación de la gesta de Sandino; no fue la revolución cubana la que forjó nuestro movimiento; ese  triunfo, desde luego, enriqueció la lucha, pero lo que le dio fuerza a su pensamiento fue la experiencia de la lucha armada nicaragüense. Su mérito fue construir un organismo con un sentido de insurrección distinto, que consistía en el cambio económico-social bajo un nuevo sistema, una respuesta socialista después del derrocamiento de Somoza.

Desde sus primeros pasos, el FSLN encuentra apoyo en la juventud trabajadora, campesina y estudiantil, que no vacilaron en realizar hazañas sin la experiencia debida. Recordemos que eran años la Guerra Fría, de la coexistencia pacífica y las contradicciones soviético-chinas, que dividían la lucha de los  pueblos por su liberación nacional y contra las dictaduras.

En Latinoamérica había discusión sobre las condiciones objetivas y subjetivas para la lucha armada. Ahí surge un nuevo ensayo sobre la revolución; el Che Guevara pensaba que no eran necesarias las dos condiciones: la lucha armada creaba las subjetivas, y las objetivas ya estaban dadas.

Lo que nos hace rememorar todo esto es la situación de un combatiente histórico que se encuentra sin ayuda y a punto de quedar ciego: hablo de Sergio García Baldelomar, apodado “China Roja” dentro de las filas del Frente de Liberación Nacional, posteriormente Frente Sandinista de Liberación Nacional, que él ayudó a construir en 1963.

Sergio formaba parte de los jóvenes que le dieron vida al FSLN, y a la estrategia del movimiento armado. Él opinaba en discusiones bilaterales y de grupo sobre la coyuntura mundial y las  contradicciones táctico-ideológicas, y estuvo a favor de China.

Entre 1960/61, Jorge Navarro, del Partido y de la Juventud Socialista, participó en el  festival  mundial de las juventudes en Irak, y regresó con la idea de formar el Frente de Liberación Nacional y usar las armas para llevar adelante los cambios sociales.

Con Navarro se contactaron, a través de Germán Palacios, los hermanos Rolando y Adrián Roque, y los hermanos José Benito e Inocente Escobar. A ellos se unieron Sergio Narváez Guerrero, Sergio García Baldelomar, Guillermo Mejía, Edmundo Narváez, Alejandro Mora, Augusto Tercero y Alfonso Gómez Borge. ¿Y quién puede olvidar a Jacinto Baca Jerez?

 En 1964 caen presos Carlos Fonseca y su hermano de lucha, como dijera en el folleto “Desde la cárcel yo acuso”, el exmexicano Víctor Tirado. Entonces se alzó en armas una nueva generación: Francisco Moreno, Jorge Guerrero y Manuel Pérez. Todos fueron puente para quienes más tarde reivindicaron a Sandino.

En 1962, Fonseca Amador se dedicó a organizar la lucha armada del FLN, y se planteó buscar aliados naturales como el Partido Socialista, por su organización y sus relaciones internacionales. Pero llegó a la conclusión de que al PSN podía conducirlo a errores su apego a la estrategia de la coexistencia pacífica de la URSS. En Latinoamérica había una discusión de muchos años sobre las condiciones para la lucha armada.

El rescate inicial de Sandino recae sobre sus combatientes Ramón Raudales y Santos López, entre otros; pero ese rescate se convierte en estrategia, cuando la Juventud Patriótica Nicaragüense, el Movimiento Nueva Nicaragua y el FLN, organizaron mítines en su memoria y a la vez llamaban a la lucha armada contra Somoza.

La participación de Sergio García Baldelomar en la fundación del FSLN y la lucha contra la dictadura está llena de acciones y de aportes a la estrategia. Otros dejaron su vida. Él, como dijimos, se encuentra en precario estado de salud; se le recomienda un servicio especializado en glaucoma y según diagnóstico médico uno de sus ojos aún puede salvarse.

Este es un primer intento de proyectar a los forjadores del FSLN que están olvidados por ese organismo ahora oficialista.

vtirado@cablenet.com.ni