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No podemos dejarlo pasar por alto. La literatura mundial está de duelo. La poetisa polaca Wislawa Szymborska, premio Nobel de Literatura en 1996, murió el 1 de febrero. Tenía 88 años y fue víctima de un cáncer de pulmón. Su secretario personal, Michal Rusinek,  recordó que la escritora fue siempre una fumadora incorregible, a pesar de las constantes advertencias de los médicos. “Falleció en casa, tranquila, mientras dormía”, les explicó a los periodistas.

Szymborska había nacido en Kornik (oeste de Polonia) en julio de 1923 y ha sido la poetisa más conocida de Polonia.

Sin embargo, tuvo que esperar hasta la concesión del Nobel en 1996 para que su obra llegase al resto del mundo. Los críticos señalan que destacó por una poesía llena de humor y por su hábil juego de palabras, presente en sus obras desde su primer poema, “Buscando una palabra”, publicado en un diario de su pueblo en 1945, en Cracovia.

Su característica era que partía de los objetos más simples para reflexionar sobre las verdades universales. El Nobel supuso “una revolución” en su vida y en la celosa privacidad que siempre intentó mantener, como reconocería, ya que supuso “una gran confusión, pero también una gran alegría, honor, nuevas amistades y cambios”.

En 1939 la joven Szymborska de 16 años fue sorprendida por la invasión nazi y fue obligada a realizar trabajos forzados en las líneas férreas, lo que no impidió que continuase sus estudios en centros ilegales durante el periodo de la guerra. Posteriormente cursó Literatura y Sociología en la universidad de Cracovia, ciudad en la que residió hasta su muerte, viviendo con suma modestia.

Publicó más de 20 volúmenes de poesía, entre ellos “Vista desde un grano de arena”, “La gente en un puente” y “Sonidos, sensaciones y pensamientos”. Sus poemas inspiraron a varias generaciones de polacos. Uno de ellos, “Amor a primera vista”, le sirvió al director de cine polaco Krzysztof Kieslowski como arranque para su película “Rojo”, parte de la trilogía “Tres colores: azul, blanco y rojo”. También trabajó como crítica literaria, columnista y traductora. Su escritura se caracteriza por la precisión y la economía de las palabras. Por un tiempo se vinculó al realismo socialista para luego desterrarlo para siempre.

Cuando se le concedió el Nobel, la Academia Sueca dijo que era el Mozart de la poesía. También la compararon con Ludwig Von Beethoven pero quizás mejor debieron compararla con otro extraordinario polaco: Frederick Chopin.

Una pérdida irreparable para la cultura polaca y mundial. Depositemos una rosa roja sobre su tumba.

* El autor es docente universitario.

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