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Usualmente se suele hablar de la raza caucásica para referirse a los humanos de tez blanca. El Cáucaso es una cadena de nevados que separa a Europa y el Asia. Se supone que de allí se esparcieron hacia el resto del mundo la gente de piel color de nieve. Sin embargo, esta región tan transitada también es una de las que más ha recibido el flujo de tantos cientos de pueblos que han pasado entre las estepas de Europa del este y las mesetas, ríos y desiertos del Medio Oriente.

Enjambre caucásico
El ser un puente lleno de valles separados por montañas ha transformado al Cáucaso en el rincón más multi-cultural del planeta. Éste es el lugar de Europa donde hay más naciones musulmanas y también el único que (en su periferia norte) tiene un pueblo de fe budista y lengua mongola (los kalmukos).

Allí hay naciones de lenguas turcas (como los de Azerbaiyán) que originalmente provienen del Asia Central. También hay enclaves de pueblos de lenguas griega o iraní. Hasta la II Guerra Mundial había áreas totalmente germanas en la cuenca del Volga (el mismo que desemboca en el Mar Caspio que da al Cáucaso). Hay por lo menos veinte lenguas originarias en el Cáucaso que tienen muchos hablantes (aunque de ellos solo los georgianos cuentan con un Estado propio). Los armenios son un pueblo nativo pero con otra matriz lingüística, y que cuenta con su propio alfabeto e iglesia (la misma que se jacta de ser una de las primeras que tuvo el cristianismo). Los rusos tienen enclaves en distintas partes y especialmente en el norte del Cáucaso. En esta zona se usan diversos alfabetos tan distintos (el latino, el cirílico eslavo, el árabe-persa o el armenio).

Este enjambre de pueblos ha hecho que esta zona muchas veces se tiña de sangre. Los armenios, por ejemplo, fueron el primer pueblo en sufrir genocidio en una guerra mundial (durante 1914-18 un millón y medio de ellos fueron exterminados por Turquía).

La solución bolchevique
Durante la revolución rusa, los bolcheviques quisieron ganar a todos los pueblos del Cáucaso y del antiguo imperio zarista prometiéndoles liberarles del yugo ruso y de darles autodeterminación nacional. Muchos de estos pueblos (sobre todo los que tenían muchas tradiciones nómades) apoyaron inicialmente a los opositores de Lenin y él buscó atraerles ofreciéndoles autonomía y redistribución de tierras.

Sin embargo, los “rojos” invadieron Georgia en 1921 (la misma que entonces tenía un gobierno socialdemócrata) planteando que la autodeterminación nacional quedaba supeditaba a las necesidades de defender al “primer Estado obrero” frente a la “contra- revolución pro-imperialista”.

Se oficializaron todas las lenguas y en algunos casos crearon sus primeros alfabetos, escuelas y bibliotecas. También crearon 3 repúblicas soviéticas en el Cáucaso (Armenia, Azerbaiyán y Georgia). Las tres estaban pobladas mayoritariamente por pueblos con idiomas y tradiciones religiosas disímiles. Azerbaiyán se convirtió en un lugar muy importante gracias a sus pozos petroleros y a que su capital (la industrializada Bakú) fue el reducto de la “ofensiva proletaria” hacia el mundo musulmán.

Además, a los otros pueblos del Cáucaso se les permitió tener “repúblicas socialistas autónomas” dentro de otras repúblicas soviéticas. Dentro de Georgia habían dos: Abjasia (en la frontera noroeste con Rusia) y Azdaria (en la frontera suroeste con Turquía); además de la región especial (‘Oblast’) de Osetia del Sur. Azerbaiján y Armenia quedaron extrañamente separadas y entrelazadas. Una zona armenia (el Alto Karabakh) quedó dentro de Azerbaiján y el oeste de Azerbaiján (Nakhchiván) quedó separado del resto de la república debido a Armenia.

En el Cáucaso norte dentro de la federación rusa quedaron las repúblicas autónomas socialistas de Chechenia e Ingushetia (luego separadas), Dagestán, Kabardino-Balkaria, Kalmukia y Osetia del Norte. Todas estas entidades, además de Adiguesia y Karacháevo-Cherkesia, han adquirido el rango de repúblicas dentro de la actual Rusia.

Dagestán apenas tiene 2.5 millones de habitantes, pero allí se hablan unas 50 lenguas autóctonas, aunque ninguna de ellas llegue a ser el idioma madre de aunque sea un 30% de su población.

Tras la muerte de Lenin un caucásico (el más famoso que haya producido la historia, el georgiano José Stalin) se convirtió en el nuevo dirigente soviético, y él fue adoptando una extrema dureza contra las distintas nacionalidades, buscando impulsar formas de “rusificación”. Muchos caucásicos, y sobre todo ucranianos, perecieron durante la “colectivización forzosa”. Cuando se desataron la II Guerra Mundial y la invasión nazi, muchos pueblos caucásicos, al igual que los tártaros de Crimea o los alemanes del Volga, fueron deportados. Algunos, como muchos chechenes, volvieron. Las repúblicas socialistas autónomas de los tártaros y los germanos no solo fueron borradas del mapa, sino que sus poblaciones fueron étnicamente limpiadas.