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En su última visita a Washington, el Primer Ministro Binyamin Netanyahu, consciente de su capacidad de presión sobre Barack Obama, rechazó la petición del presidente de aplazar su plan de construir más asentamientos en los territorios ocupados. Ello revela que los judíos ven a Obama como su “rehén”, lo que les alienta a mostrarse inflexibles en su imparable política. El pasado año, Obama fracasó rotundamente en su intento de retrotraer al raciocinio a su predilecto aliado en Oriente Próximo.

Otrora inmigrante de la URSS y de tendencia ultraderechista, Avigdor Lieberman, Ministro de Relaciones Exteriores, quien asumió el cargo el 1º de abril del 2009, es uno de los “halcones” del liderazgo israelí, fundador del pujante partido Yisrael Beiteinu (Nuestra Casa es Israel), proclive a revisar la ciudadanía de la minoría árabe israelí, a la que desea ver fuera del Estado. Pactó con Benjamín Netanyahu y el partido Likud, Gobierno de coalición cuyo primer aviso de intenciones se encargó de vocear: descartando toda concesión política y territorial a los palestinos.

A las puertas de elecciones presidenciales en Estados Unidos, el voto judío, habitualmente inclinado a los demócratas, está en juego para el presidente Obama, que “cometió el pecado” de iniciar su mandato intentando la apertura hacia Teherán, y desde entonces mantiene la oferta pese a los rechazos iraníes.
Rusia es mediadora y Damasco depositó su suerte en manos de Teherán. Irán se halla acosado por Israel, que ha logrado apoyo de los Estados Unidos y ciertos países de la OTAN. La opinión calificada de Washington da por sentado que el ataque tendrá lugar, en el transcurso de este año; desde el punto de vista diplomático, es su momento idóneo.

Por su parte, Israel y Europa, continúan una intrincada relación, pero al final de cuentas Europa está influida por la política israelita, firmando incluso acuerdos comerciales con la Unión Europea. Alemania sigue alimentando de armas a Israel y hay comisiones de Europa que lo visitan, condenando la construcción de nuevos departamentos en territorio palestino.

Cuando Israel rechaza los informes de Europa, no hay consecuencia ni sanción alguna para que Israel los cumpla; los europeos publican documentos criticando la violación de derechos palestinos, condenan el desplazamiento de sus agricultores y la violencia de los colonos contra éstos. Europa sigue la política norteamericana, influida por Israel y su quinta columna, las principales organizaciones judías en Estados Unidos.

Al parecer, Israel presupone que nada sustancial cambiará sus relaciones con palestinos y árabes en general. Recientemente, Washington vetó en el Consejo de Seguridad una moción palestina para condenar a Israel por negarse a detener los asentamientos y acabó ahogando su rol mediador en el conflicto. La ilegal e imparable colonización de Cisjordania es el principal obstáculo a la negociación palestino-israelí.

Con dos años de mandato por delante y un poderoso lobby en el Congreso Estadounidense, Netanyahu actúa como si nada pudiera doblegar su intransigencia y la aplicación sistemática de la lex talionis, traducida en su expresión más conocida como: “ojo por ojo, diente por diente”, como única estrategia política. En un escenario como el que esboza Estados Unidos, sea Obama o su sucesor, pagará un alto precio por su fidelidad a Israel.

Las algaradas árabes por la libertad ponen en duda el argumento supremo que permite a sucesivos gobiernos judíos, como omnímodo poder democrático regional, amparar sus injustificables acciones en aras de su condición de exclusivo defensor de los valores occidentales, en una zona geopolíticamente crítica. Más una gradual democratización del mundo árabe, de tal dimensión, sin duda alterará un status quo regional que parecía inmutable.

La tesis de los “derechos históricos” del sionismo político, pretende situar a los hebreos en el centro de la historia, lo cual es absurdo, porque ésta no podría disociarse de la historia de los grandes imperios de Mesopotamia, los sumerios, los hititas o los egipcios.  

Israel es calificado por los críticos como instrumento del imperialismo estadounidense, persigue extenuar al nacionalismo árabe, siendo un bastión contra el integrismo islámico terrorista. Analistas apuntan el “exceso de influencia” que los gobiernos israelíes ejercen sobre las políticas estadounidenses, mediante individuos y poderosos lobbies judíos presentes en los medios de comunicación, círculos gubernamentales, etc.  La verdad, es el país que más presiona y asegura una vasta transferencia de recursos financieros por parte de Estados Unidos.

Y dentro de este contexto, el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, aparece ante los ojos del mundo como un “rehén” de los designios israelíes, al haber osado Netanyahu desestimar su petitorio de postergar el plan de erigir nuevos asentamientos en los territorios ocupados, animándoles a proseguir con su implacable política.

* El autor es Diplomático, Jurista y Politólogo.