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El jueves 16 de febrero recién pasado, como parte del Programa del VIII Festival Internacional de Poesía de Granada, participamos en un conversatorio sobre “El ámbito cultural y la integración centroamericana”. Es verdaderamente encomiable que en el marco de un festival de poesía, los artífices de la purificación del lenguaje de los pueblos en franco diálogos con funcionario de los organismos integracionistas y la academia, intercambien ideas, formulen políticas para una exitosa integración centroamericana, centroamericana-caribeña, mesoamericana y eventualmente latinoamericana.

El conversatorio contó con las intervenciones de mesa del  Dr. H. Ballack del PAIRCA (Programa de Apoyo a la Integración Regional de Centroamérica de la Unión Europea), del Dr. Luis Ángel Chavarría del SITCA  (Secretaría de la Integración de Centroamérica) y del Dr. Roberto Ferrey Echeverri, rector de la Universidad Santo Tomás de Oriente y Mediodía. Para esta primera ronda también tuvimos valiosas intervenciones del Dr. Alejandro Bravo, especialista en municipalismo, poder y desarrollo locales; y del Arq. Francisco López, coordinador de algunos programas exitosos de integración cultural a nivel regional ejecutados en años anteriores.

Dice el maestro Erwin Silva en una fundamentación de un proyecto de integración cultural centroamericana presentado ante el Parlamento Centroamericano por el Instituto Martin Luther King, de la UPOLI: “La integración ha tenido un trayecto y una inmensa cantidad de acuerdos aduaneros, migratorios, comerciales, policiales, que han generado múltiples organismos integracionistas. Algunos piensan que la Integración Centroamericana no debe imponerse desde afuera, ni siquiera sugerirse, sino que debe ser producto de las necesidades y los anhelos de los centroamericanos. Otros sostienen que la integración debe concebirse no como un fin, sino como el  complemento de las políticas nacionales de desarrollo...”

“Sin embargo, a esta altura de los tiempos y dados los procesos de integración que se experimentan en otras regiones del globo, concluidos algunos en auténticas uniones y visto el momento en que América Latina rediseña su integración, es estratégico, lógico y necesario que se proponga y se dirija una política de integración cultural, puesto que la integración cultural va más allá de los tratados económicos y comerciales y puede abrir nuevas vías para la comprensión de nuestros pueblos y culturas, enriqueciéndonos humanamente y aun más: contribuir al entendimiento mismo de que Centroamérica es una nación antes que un Estado.”

Los procesos de integración cultural son de lento desarrollo. Más aún cuando en realidades como la centroamericana, la integración está impedida no sólo por las fronteras inventadas por los estados nacionales a partir de la independencia de España, sino por aquellas fronteras internas e invisibles que han impedido una integración al interior de estados nacionales como Nicaragua y su Costa Caribe; y Guatemala y su población aborigen mayoritaria y marginal.

El mayor peso en esta lenta progresión integrativa la deben llevar la comunicación directa, la comunicación social, las políticas gubernamentales y la educación en todos sus subsistemas. Aquí mismo en la pequeña área de Centroamérica, las gentes de los estados nacionales hemos padecido históricamente grandes valladares para nuestra integración: los espurios intereses de las elites políticas y económicas del istmo; los prejuicios ideológicos de los pueblos que obligan a ver a otros pueblos absolutamente deformados (caso de las visiones de los nicas sobre los ticos y viceversa) y las limitaciones económicas que padecen nuestras sociedades y estados.

Los proyectos de integración cultural deben articularse en torno a ejes de productos artísticos. Productos de cultura de elite y cultura popular, también las tradiciones vernáculas, la producción de artesanías artísticas y utilitarias, el intercambio e integración vía culinaria (don José Coronel decía que un nacatamal dice más de la historia de Nicaragua que muchas páginas de un libro), etc.

El esfuerzo económico debe hacerse con los objetivos estratégicos de ligar la producción de bienes artísticos y culturales al turismo, y eventualmente constituir la industria cultural centroamericana. Nunca hay recursos para la integración, es la cantinela de los gobiernos, pero éstos no deben ignorar que la integración potenciará un mercado y nos hará más competitivos internacionalmente.

Estos procesos culturales demandan básicamente de las universidades, plantearse seriamente investigaciones pertinentes sobre el ámbito cultural; en los ambientes artísticos culturales de la sociedad civil organizada, aprestarse a potenciar las interconexiones, comunicaciones, intercambios virtuales y vivos de la rica realidad cultural centroamericana; y a nivel de las élites de poder, disponer la mejor voluntad política para lograr los sueños de integración, que no son otros que los de Simón Bolívar, Francisco Morazán, José Martí y Salvador Mendieta. La cultura de los pueblos es el mejor vaso comunicante.

* El autor es escritor, editor de la revista Cultura de Paz.

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