Jorge Eduardo Arellano
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Más de seis meses le llevó a una familia en Granada realizar un proceso judicial contra un violador. Entre lágrimas e impotencia, a las nueve de la noche, llegaron al final de este proceso, cuando escucharon cómo se declaraba inocente a un hombre que ha sido acusado en reiteradas ocasiones por violación.

De esta violación nació un bebe. Esta joven, quien durante nueve meses sufrió la vergüenza y el dolor de ser abusada y de llevar en su vientre el producto de esta violación, pensó en varias ocasiones suicidarse y abortar. ¿Y cuál será el futuro de este niño? Ella es una joven más de las seiscientas que han sufrido el abuso sexual este año a manos de una persona cercana a su casa.

Las patrañas del y los abogados son innumerables: desde fingir enfermedades para retrazar los juicios, hasta pedir juicio por jurado de conciencia después que el mismo acusado lo había rechazado. El juez accedió a conformar el jurado de conciencia en tres horas, situación nunca antes vista en Granada.

Después de altas horas de la noche, el abogado de la defensa pide que le den 10 días para poder presentar a sus testigos, el Juez acepta darle hasta el día siguiente. Al día siguiente el abogado presenta a una hermana de su mujer que estuvo el día anterior entre el público. Y con quien tenía un hijo.

Un abogado que basó su alegato final en el ataque a las 30 personas del movimiento contra el abuso sexual que estaban presentes, acompañando a la víctima; desestimando el apoyo de las organizaciones aduciendo que no tenían personería jurídica, y eran los culpables de que la víctima hubiera querido mutilarse o dañar el feto.

En el ataque a la víctima, a quien comparó con una perra, aunque las perras, como dijo el abogado, “no matan a sus perritos”. Atacó a la familia por dar mala educación al niño de cuatro años, testigo de la violación, sólo por las palabras que usó el niño para describir el hecho; diciendo que es un niño que vive en un hogar denigrante, algo así como un burdel.

La joven por supuesto no podía resistir semejantes humillaciones, y viviendo ahora la revictimización, algunas veces protestó. Y, ¿qué logró? Que el Juez increpara varias veces a la víctima porque ésta protestaba porque no aguantaba las cosas que se le dijeron.

En fin, los argumentos que convencieron a ese jurado de conciencia fueron esos: ataques a las psicólogas del Instituto Forense, por dar una versión falsa de los hechos, y sobre todo por no aconsejar a la víctima para que no abortara; acusándolas de ser ellas las responsables de los intentos que la víctima había hecho para asesinar al feto.

Un caso similar se dio en Jinotega el mes pasado, donde un jurado de conciencia integrado por cinco mujeres dejó en libertad a un violador, deliberó por hora y media y al final dieron una resolución que era lo que menos esperaba la ciudadanía, las organizaciones de sociedad civil y la familia. Aún con todas las pruebas que estas brindaron, nada fue tomado en cuenta por el honorable jurado de conciencia.

El 29 de julio, en San Carlos, Río San Juan, también un pastor evangélico fue liberado por un jurado de conciencia, el ministro y pastor de una secta religiosa era acusado por abusos deshonestos y lesiones físicas y sicológicas graves contra dos menores.

Ante estos hechos nos preguntamos: ¿los jurados de conciencia sabrán algo sobre derecho y lo que es la justicia; es que no fueron capaces de ver todas las pruebas que inculpaban a los violadores? Ojalá el día de mañana no se tengan que arrepentir de lo que hicieron.

¿Los jueces son en realidad capaces de llevar este tipo de procesos; son en realidad personas sensibilizadas y conocedoras de la justicia y de los derechos de las personas? ¿Quiénes imparten justicia en Nicaragua?
La injusticia indigna. Y ver la reacción de las víctimas que comienzan a lamentarse de manera desgarradora cuando se da el veredicto, conmociona a quienes lo presenciamos. ¿A caso los niños, niñas, jóvenes que han sufrido violencia sexual están desprotegida ante los abusadores sexuales?
Como mujer, como profesional, como madre, como ciudadana, en estos momentos no debemos y no podemos dar ni un paso atrás, no sólo por estos casos que fueron “resueltos” injustamente, sino también por los que han quedado en la impunidad, que son por los que debemos seguir luchando. Debemos mantenernos fuertes, con nuestro espíritu y convicción de seguir adelante. Tenemos que hacernos sentir, presionar; la sociedad nicaragüense debe hacerse sentir.

Debemos comenzar desde nuestros mismos centros de trabajo a hacer conciencia, a sensibilizar, a comunicar, a que también sean partícipes de esta lucha, no sólo por el nombre de las organizaciones o la institución, sino por la calidad humana y por la justicia.

No están solos/as. Desde el Movimiento contra el Abuso Sexual invitamos a los familiares, amigos y miembros de la organización Los Pipitos y de la Red de Defensa de las Víctimas de Violencia Sexual, y de las Comisiones Territoriales contra el Abuso Sexual, del departamento de Jinotega y de Granada, a seguir trabajando duro, a seguir luchando contra el abuso sexual; y a la sociedad entera le pedimos que no se queden de brazos cruzados, porque un violador más está suelto.

Ahora Jinotega, Granada, San Carlos y Nicaragua entera tienen a tres violadores más en las calles, liberados por la “justicia” nicaragüense.

*Movimiento contra el Abuso Sexual.

Hablemosde.abusosexual@gmail.com