•  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Los derechos de la humanidad cuando pasan por una mente burocrática se deforman, su sentido se tuerce; y una nueva expresión cultural que debería enriquecer y ampliar de manera concreta el concepto de libertad, se convierte en una imposición gris. Es como si una mano se deslizara por un jardín, cortara una flor viva, y tras su huella dejara un huerto de guijarros con olor a sales minerales.

Donde antes debieron cantar pájaros, entre lagartijas y golondrinas, sólo asoman, entonces, cucarachas panza arriba.

El partido en el gobierno ha presentado una iniciativa de ley para que todos los partidos políticos lleven obligadamente el 50 % de mujeres como candidatos a alcalde.

En realidad, el porcentaje de población femenina en Nicaragua es del 50.5 %. De modo, que la burocracia comete un pequeño error demográfico en su proyecto de ley. Pero, un error es lo de menos. Como la lógica burocrática no prevé que por mérito, el porcentaje podría ser mayor o menor, habrá que consultar el censo de preferencias sexuales y dejar un 20 % de candidatos homosexuales (masculinos y femeninos), para evitar confusiones y discriminaciones a la hora de cumplir con la reglamentación sexual de las elecciones municipales que ha diseñado la burocracia.

Hasta ahora ningún régimen, ni siquiera el estalinista, había sentado un precedente semejante. En ninguna parte se ha despreciado tanto a la formación técnica y profesional, como para que el mérito y la capacidad desaparezcan como criterio de selección del gobierno autónomo de las comunas.

Una política seria, que no fuese contaminada por la burocracia, constataría que en este país la mujer tiene un porcentaje medio de participación en la actividad económica del 62 % respecto a la participación masculina. Y que llegadas a los 50 años, dicha tasa se reduce al 50 % de la participación masculina.

Este elemento social, estructural en nuestra economía, no se corrige con decretos. Tiene que ver con las desiguales oportunidades de formación técnica y profesional de las mujeres (que desempeñan la función de sostén en la crianza de los niños), y con la fuerza de la mano de obra requerida en actividades de enclave, de una economía basada en el trabajo físico.

Se tendría que liberar a las mujeres de la carga de cuidar a los niños con centros de guarderías infantiles apropiadamente gestionados.

Pero, antes se debería entrar en una fase de expansión económica que demande empleo calificado; y se debería de proveer de formación técnica a las mujeres.

Pero, la demagogia evita esos caminos exigentes que marcan las cifras sociales y simplemente enreda más las cosas: promulga una ley que obligue a los partidos políticos a llevar el 50 % de candidatos mujeres a las elecciones municipales (sin percatarse, siquiera, que las mujeres son el 50.5 % de la población nicaragüense).

Decenas de miles de funcionarios del Estado piensan ahora: ¿qué más cosas pueden hacerse por decretos?
Alguien pondrá un letrero victorioso en alguna manta del partido: ¡Un huerto de piedras permite ahorrar agua!

* El autor es sociólogo.