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Como se esperaba, Vladimir Putin ganó en Rusia las recién pasadas elecciones presidenciales, y por un enorme margen, ante el resto de sus contendientes. Los resultados electorales definen el sentir y las aspiraciones de los rusos.

El Partido Rusia Unida obtuvo más del 60%, en segundo lugar quedó el otrora poderoso Partido Comunista con casi un 20% de los votos, mientras que el empresario independiente Mijail Projorov (con 18, 000 millones de dólares acumulados de fortuna) y el controvertido ultra nacionalista Vladímir Zhirinovski, del Partido Liberal Demócrata de Rusia lograron cerca de un 8% cada uno, dejándole tan solo cerca de un 5% a Serguéi Mirónov, un parlamentario que representó al Partido Rusia Justa, según datos preliminares a finales del cierre de urnas.

Si situamos el análisis bajo parámetros de  las diferentes estructuras políticas que se enfrentaron en la contienda electoral, así como de los discursos de cada uno de los aspirantes a ocupar la silla en el Kremlin, desde el comunista, el empresario multimillonario, el ex oficial de KGB hasta el ultra-nacionalista, entenderemos finalmente que “todos aspiran a la grandeza de Rusia”.

La intención de voto se inclinó en función de las  características del líder y la experiencia que posibilite a Rusia continuar con firmeza en su reconstrucción como nación y como potencia. A esta ecuación se unieron factores sociales y geopolíticos de la actual situación nacional e internacional.

Gennadi Ziuganov representó a los comunistas, un partido que marcó tantas grandezas como amarguras para los rusos. Sin una cantera juvenil, su mayor cantidad de votantes son aquellos de mayor edad, que aun sueñan con el retorno de la URSS. Contrapuesto al comunista, Mijail Projorov, con su enorme fortuna, representa la enorme división social y de clases en la Rusia de hoy, donde unos pocos no saben dónde guardar tanta plata, mientras una inmensa mayoría apenas logra salvarse del frío en cada invierno.

Vladímir Zhirinovski, llamado popularmente “Narodnyi artist” (Artista popular), con lo que en realidad lo que se quiere decir es “payaso” (por su forma odiosa y  vulgar de expresarse), ha llegado hasta a golpear a colegas parlamentarias en sesiones de trabajo y hasta a amenazar a los EU con quitarles Alaska, o con dejar aplanados y convertidos en llanos a varios países europeos con un ataque nuclear.

De Serguéi Mirónov es muy poco lo que se puede decir, a pesar de su carrera política como parlamentarista por más de una década. Lo que éste recibió en materia de votos representa su verdadera popularidad.

Vladimir Putin es punto y aparte. No solo es conocido en Rusia, sino en el mundo entero, tanto por sus aliados como por sus adversarios. Su procedencia como oficial de inteligencia y de la política exterior encargada de prevenir cualquier sorpresa de sus adversarios, sin lugar a dudas aún es tomada muy en cuenta al momento de analizarlo.

La firme decisión demostrada por Putin hacia los casos más difíciles en la periferia geopolítica rusa, como Chechenia, Ingushetia y Dagestán, así como la protección de Rusia frente a los efectos de la crisis y sus últimas posiciones en contra del escudo antimisil nuclear y el avance geopolítico de los EU hacia Siria e Irán, han elevado su reputación. Al igual que el emblema de KGB, Putin representa el escudo y la espada de Rusia.

Muchos países esperaban este desenlace electoral. Desde los EU, pasando por Nicaragua hasta llegar al Medio Oriente, muchos asuntos dependían de si Putin ganaba o no. Por eso no es raro leer encabezados en los medios que pregunten sobre cuál será el comportamiento de Rusia con Putin a la cabeza del gobierno ruso.

¿Se mantendrá la defensa sobre Siria e Irán y cómo será esta? ¿Se armará más y mejor el ejército ruso? ¿Ayudará más a Nicaragua y aumentará sus vínculos comerciales, políticos y militares en Latinoamérica, sobre todo con Cuba y Venezuela? ¿Mejorará y estrechará su insuficiencia tecnológica? En el plano europeo ¿mantendrá las buenas relaciones con Alemania, que tanto le preocupan a EU?

Mientras los analistas responden a tantas interrogantes de la política exterior rusa con Putin, hay algo claro que acaba de suceder. Con el uso de 180.000 cámaras web en los cien mil colegios electorales del país, Rusia ha dado el primer paso en el planeta para realizar las elecciones más transparentes posibles.

Ahora le toca a las democracias occidentales como Francia y EU, imitar a Rusia en sus futuras lecciones presidenciales. 

El autor es Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, UNICIT.