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La solución a los problemas del país no se logra apostando a sacarse en la lotería el premio mayor. La racionalidad de la conducta individual de quien compra lotería cada semana, con la expectativa del premio, tiene sentido, pero no lo tiene en el caso de un gobierno y un país.

El desarrollo de un país no es resultado de un casual premio mayor, sino del esfuerzo constante, permanente, y en condiciones de creciente productividad, de todos sus agentes económicos, grandes, medianos, pequeños y chiquitos. Y el papel de un buen gobierno es crear condiciones   -con inversiones en educación, salud, infraestructura, y dando confianza política y seguridad jurídica-  para que el esfuerzo de trabajadores y empresarios sea cada vez más eficiente.

Ha sido un lastre para el desarrollo del país que forme parte de la cultura nicaragüense esa expectativa del premio mayor. Es una cultura nociva porque tiende a sustituir el necesario esfuerzo concreto y cotidiano de gobierno, empresas y ciudadanos, por la expectativa de una solución Providencial, casi mágica.

De hecho, es un rasgo cultural que se entrelaza con la cultura del Caudillo, del todopoderoso que se sacará de la manga las soluciones. Y se entrelaza también con otro rasgo cultural más amplio, obviamente negativo, que es esperar que la solución de nuestros problemas provengan de “otro”, y no de nuestro propio esfuerzo.

Comentamos lo anterior porque el gobierno de Ortega, que no es capaz de dar mantenimiento a las carreteras y caminos de producción, o recolectar y depositar seguramente la basura, o resolver los problemas de agua potable, o garantizar libros de texto en las escuelas y medicinas en los Centros de Salud; una y otra vez se saca de la manga una de esas promesas o expectativas gigantescas que lo que hacen es fortalecer esa negativa cultura de estar esperando de otro, de la Providencia o de la suerte, y no del esfuerzo individual y colectivo, la solución de nuestros problemas.

En una ocasión fue reanudar la demanda por 18,000 millones de dólares a los  Estados Unidos, por los daños causados durante la guerra civil de los años 80, y crear la expectativa que con ese dinero saldríamos de la pobreza.

En otra ocasión fue la mega-refinería “El Supremo Sueño de Bolívar”, que Chávez financiaría; en su momento el propio Ortega habló de producir un algodón que ya vendría con el color de los jeans que se harían con el mismo; una y otra vez, del puerto de aguas profundas de Monkey Point en el Atlántico, cuando no hemos sido capaces de hacer funcionar el Puerto de Corinto, en otro tiempo uno de los mejores de todo el Pacífico del continente, con la eficiencia de Puerto Cortés en Honduras, o Puerto Caldera y Puerto Limón en Costa Rica.

Y repetidamente, desde luego, el canal interoceánico. Este último ha vuelto a ser noticia, y desde la propia Presidencia se anunció un canal, a través del Río San Juan, que según expertos es la menos viable de las alternativas.

Pero no se crea que son locuras. Es parte de una línea comunicacional sistemática, que sustituye la solución de los problemas concretos de los nicaragüenses con la droga del premio mayor. Es, en definitiva, una forma de drogadicción social.

* El autor es economista y político.