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Desde el comienzo de la era cristiana hasta la Edad Media (siglo XII, XIII), el pensamiento platónico influyó profundamente en el especular tanto filosófico como teológico. Aristóteles comienza a renacer en el siglo XII, con sus famosos intérpretes: Averroes, Maimonides, Avivena y Tomás de Aquino, entre otros.

Los historiadores de la filosofía le dan al pensamiento filosófico cristiano (y católico) una duración de aproximadamente mil años desde el siglo IV hasta el siglo XIV. Los frutos culturales y de civilización durante este periodo fueron tres, principalmente, a saber: el renacimiento carolingio, la Edad Media, y el Renacimiento Italiano.

Pocos siglos después, un gran descubrimiento estaba al borde de ser la “punta de lanza” de la llamada y naciente era “moderna”. Era la época de los grandes matemáticos y astrónomos, como  Newton, Kepler y Galileo Galilei.

“Las ciencias matemáticas –decía Galilei- es el único lenguaje para interpretar  la naturaleza”. Pero fue la mente de un genio que abrió nuevos derroteros en la cultura de entonces. Nos referimos  a René Descartes (1596-1650).

Según Paul Valery (un agnóstico), Descartes dio al mundo moderno, no una doctrina filosófica, ni tampoco un método para filosofar, sino una “nueva aptitud” para hacer filosofía. Su “Descubrimiento maravilloso” fue el “cogito” o “razón” con su famosa intuición: “Pienso, luego soy o existo (“Cogito ergo sum”)

Descartes toma muy en serio el tema de Dios. Durante los ocho años que estuvo en la Academia Militar de la Fleche, dirigida por los jesuitas en Francia, la influencia de estos le hizo tomar aptitudes apologéticas o defensivas en contra de los pensadores de aquel tiempo que atacaban la fe. Descartes parte de que cada uno de nosotros nace con tres ideas y que nuestra “razón” por sí sola puede ver, a saber: la de Dios, como ser perfecto, la del Universo y la idea de alma racional. En latín: “res infinita”, “res extensa” y “res cogitans”.

Posteriormente, un judío que vivía en Holanda y que tenía el oficio de limpiar lentes, continuará este pensamiento de Descartes hasta sus últimas consecuencias. Nos referimos al creador del panteísmo moderno: Baruch Espinoza (1632-1677).

Espinoza sostenía que solo existe Dios como una única substancia. El universo, las almas de todos los hombres, son “atributos” y “modos” como Dios se manifiesta. En el lenguaje de hoy podríamos decir que el Universo Material es el cuerpo visible de Dios, que es animado por su Espíritu Infinito. Algo así como el alma humana, de naturaleza inmaterial e invisible, se manifiesta a través de su corporeidad individual.

Aplicando las matemáticas y la geometría de la época, Espinoza, en su último libro,  “Ética”, llega a estas consecuencias, a saber: que todo lo que existe es Dios, con sus atributos y modos. La Naturaleza y Dios son lo mismo.

La revolución racionalista cartesiana tuvo también una reacción en la cultura inglesa de entonces: Francis Bacon (1561-1626), John Locke (1632-1704) y David Hume (1711-1776) fundan una nueva corriente del pensamiento: el “empirismo”. Es decir, que todo conocimiento sólo es adquirido por dos tipos de experiencia: la interna (“reflection”) y la externa (“sensation”). La presencia de Dios como tema filosófico en estos pensadores es casi nula. Sólo el irlandés George Berkeley (1685-1753) llegó a decir que toda percepción, sea interna o externa, viene de Dios: “Esse es percipii”. Berkeley decía: yo puedo dudar de que exista la realidad que percibo externamente. En otras palabras, yo puedo dudar de la existencia del mundo, pero nunca de la percepción que tengo de él. Y el que me da la garantía de ello, es Dios. Persuadido por su fe o por sus conclusiones lógicas y racionales llegó a esta conclusión, eso no lo sabemos.

Años después aparece otro gran filósofo, el propagador de la nueva Revolución Copernicana, pero del pensamiento. Nos referimos al alemán Emmanuel Kant (1724-1804), quien deseó reconciliar el “racionalismo” francés con el “empirismo” inglés. En su libro “La crítica de la Razón Pura”, Dios ocupa un lugar preeminente en la “Dialéctica Trascendental”, junto con otras dos ideas, a saber,  la del Alma inmortal y la de la Libertad.

En una ocasión Kant llegó a decir que estas tres ideas trascendentales, la de “Dios”, el “El Alma” y la “Libertad”, eran las únicas  capaces de guiar el especular filosófico para todos los tiempos.

* El autor es P.H.D. Catedrático de Filosofía en Ave Maria University.
juan.cuadra@avemaria.edu.ni