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El 8 de marzo fue aprobada una reforma a la Ley de Municipios, para obligar a los partidos políticos a presentar en las elecciones municipales fórmulas edilicias integradas por hombres y mujeres.

La iniciativa fue enviada con carácter de urgencia a la Asamblea Nacional por Daniel Ortega, y contó con el respaldo de una oposición que no supo qué hacer. En definitiva, todos coincidiremos en la importancia del aumento de la participación política de la mujer, pero la iniciativa orteguista es una muestra de populismo, y la obligación de la oposición era transformarla en un mecanismo de participación efectiva para la mujer, que desarrolle sus habilidades de liderazgo y gerencia política.

Yo me pregunto: ¿De qué sirve que actualmente en la Asamblea Nacional el FSLN tenga tantas mujeres, si estas son absolutamente leales al régimen y carecen de un caudal político de respaldo o legitimidad propia?

Si bien es cierto los derechos humanos aceptan las cuotas de género como acciones afirmativas o mecanismo acelerador de la participación de las mujeres en la política, también es cierto que deben crearse otras condiciones para que su participación sea efectiva.

Por otra parte, la mujer no es el único gran sector de la población que amerita incrementar sus cuotas de representación. En Nicaragua, aproximadamente el 70% de la población está compuesta por jóvenes menores de 30 años, y ese número no se refleja en la Asamblea Nacional o en las alcaldías.

Pero la solución a esta distorsión del sistema representativo en el país no se resuelve creando una cuota para jóvenes en la Ley de Municipios, sino fortaleciendo los canales de la democracia.

Para acceder a un cargo de elección popular, se requiere la postulación de un partido político, en consecuencia, crear una política pública que desarrolle las habilidades de liderazgo y gerencia política en las mujeres y los jóvenes, con un elemento complementario que promueva la democracia interna en los partidos políticos, lo cual dará un resultado de participación efectiva de estos segmentos poblacionales incrementándose la calidad de nuestra democracia.

La oposición debe asumir su papel y demostrar su compromiso con la mujer y la juventud nicaragüense al promover la igualdad entre géneros y el relevo generacional dentro de la clase política.

En este sentido, pueden superar la retórica oficialista si impulsan una iniciativa de ley en la Asamblea Nacional que cree un Consejo Nacional para promover la participación política de las mujeres y los jóvenes.
Este Consejo debe ser nombrado por la Asamblea Nacional sin mayoría calificada, pero cerrando las ternas a propuestas que surjan del consenso entre sociedad civil, academia y el empresariado, o bien conformarlo con los exministros de Educación para evitar su ineficacia por contaminación política.

El presupuesto de esta institución puede ser plurianual y desprenderse de una reducción a los reembolsos que el CSE hace a los partidos en las elecciones, ya que ese esquema de financiamiento es contrario al pluralismo político.

Debe ser una institución autónoma que en alianza con universidades nacionales y organismos internacionales diseñen e implementen cursos, diplomados y posgrados que desarrollen habilidades de liderazgo y gerencia política en mujeres y jóvenes que militan en los diferentes partidos políticos, sin excepción.

Asimismo, este Consejo será el encargado de administrar un fondo al que los partidos políticos podrán acceder en igualdad de condiciones mediante proyectos de capacitación y promoción de la democracia interna de los partidos políticos, el cual complementará el desarrollo de habilidades de liderazgo de mujeres y jóvenes que militan en los diferentes partidos.

Esta propuesta no es más que elevar a política pública lo que el PNUD impulsó en Nicaragua hace algunos años en su Programa de Apoyo a Partidos Políticos y la Escuela de Liderazgo Juvenil.

La promoción de la igualdad de género y el relevo generacional para una representación efectiva no pasa por tener un mayor número de mujeres y jóvenes en cargos de elección popular si desde esas posiciones van a representar los intereses del régimen o reproducir los vicios de la cultura política actual.

La participación efectiva de las mujeres y los jóvenes en la política pasa por desarrollar sus habilidades de liderazgo y gerencia política para que ocupen cargos de elección popular y de dirección en los partidos políticos a nivel municipal, departamental y nacional, con herramientas suficientes para construir una nueva cultura política.

Ese debe ser el compromiso opositor para superar el populismo oficialista y mejorar la calidad de la democracia en Nicaragua.

* El autor es miembro de la Juventud
del Partido Conservador.