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La industrialización de la posguerra, la Informática y la nueva era de las comunicaciones volvieron obsoleta la educación de los tiempos de la economía rural agrícola, y del artesanado urbano.
Hasta la mitad de siglo XX, los planes de instrucción pública conservaron un carácter humanista que chocaba con el pragmatismo de una mentalidad tecnológica, y la formación técnica se hacía fuera de la programación de los ministerios de Educación para los colegios e institutos. Desde los años 50 se fueron incorporando a los programas escolares la formación científica y tecnológica, y el pensamiento lógico-matemático.

En Nicaragua, para esa época, con el  programa “Punto cuarto” se moderniza la anticuada educación orientada a sostener un sistema social de siervos campesinos. Entonces, fue significativa la retirada de la Secundaria del curso de Raíces Griegas y Latinas, unos datos de erudición que el interesado podía consultar en cualquier enciclopedia. Y en las universidades comenzaron a adquirir importancia las ingenierías, la Economía y la Administración de Empresas. De este modo, la cultura de elites de abogados literatos comenzó a perder terreno.

La cultura letrada, junto al conocimiento formal lógico-matemático, resulta más necesaria ahora que antes, en una economía más urbana que rural, de intercambios cada vez más bancarizados, de cada vez mayor interacción con la Administración Pública, mayor complejidad de los servicios públicos, diversidad de formas contractuales de las relaciones laborales, generalización del manejo y uso de maquinaria y equipos electrónicos, etc.

Pero la cultura letrada dejó de ser principalmente una cuestión de cultura literaria, un cultivo de las artes cortesanas para recuperar su importancia original como técnica estatal de administración de cosas y personas; más la adquisición de un nuevo carácter de la cultura letrada como base del lenguaje de información de las nuevas relaciones sociales, y como medio de comunicación de nuevas formas de producción, distribución, intercambio y consumo.

Actualmente, la escuela educa de forma prioritaria al ciudadano, al trabajador, al usuario y al consumidor de la nueva sociedad y la nueva economía; y el remanente de cultivo literario de ocio va en retroceso, en la proporción cada vez menor que comparte con otras artes en los actuales medios de comunicación.

En cambio, la nueva cultura letrada, que vuelve más funcional la composición del texto breve (avisos y mensajes), se enriquece con un lenguaje de iconos completamente necesarios en la interfase mente-dispositivo electrónico.
Por otra parte, para la nueva escuela y el maestro como educador-formador, adquieren mayor relieve la motivación, la expresión verbal y gestual, las destrezas y habilidades en las relaciones de grupos y para la vida laboral, y la comprensión de la vida ciudadana (política). Todo esto sin imposiciones morales, que siempre son relativas a cada grupo familiar y social; y también sin imposiciones estéticas, que son relativas al acceso libre a la diversidad de medios de comunicación en la ciudad.

La antigua escuela impositiva de una moral (mitológica) y una estética (en gran parte literaria), y la antigua universidad estamental ya están fuera del tiempo social, económico y político. Reducir el universo cultural a lo literario, como antes lo reducían a una religión está fuera de tiempo.

También, ya pasó el tiempo de una escuela que prioriza el aprendizaje, que estratifica a los individuos, superada por una pedagogía de la motivación que desarrolla habilidades y destrezas, y los integra socialmente, porque las nuevas tecnologías de automatismos requieren menos del aprendizaje de cálculo, y más capacidad de concentración en la respuesta.

Para la planificación y el diseño tecnológico, los nuevos medios de información suministran gran parte de lo que antes era aprendizaje; y, en cambio, se requiere más estrategia de búsqueda y decisión. La velocidad de proceso de paquetes de información requiere menos conocimientos establecidos (aprendidos) y más criterio de selección y elección. Los nuevos entornos laborales requieren menos aprendizaje de rutinas técnicas y mayor disposición a la coordinación. En la actualidad, la dirección de mando y predictividad requiere menos de formas aprendidas, y más de las capacidades adaptativas y prospectivas.

Sin embargo, aunque no estoy de acuerdo en todo con la Pedagogía de la motivación que ha acompañado a la educación tecnológica, tampoco estoy de acuerdo con tanta crítica arcaizante del sistema escolar. Considero que el actual sistema escolar corresponde mejor a la nueva sociedad tecnológica, a las nuevas formas de grupos y estructura familiar, y a las nuevas formas de vida política ciudadana que la anterior pedagogía que primaba el aprendizaje y el culteranismo. La sociedad y la economía están cambiando, y también las posibilidades reales de construir una sociedad de hombres libres.

* Nicaragüense residente en Barcelona.