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Continúo en este artículo tratando de sintetizar las tesis del ensayo de Elizabeth Anderson: “Si Dios ha muerto, ¿todo está permitido?”.  Ya he mostrado que la Biblia contiene abundantes inmoralidades cometidas, ordenadas y permitidas por Dios, profetizadas, etc. Los cristianos y judíos juiciosos llevan siglos luchando con esta dificultad. Para ello, han dispuesto de diferentes recursos.

La única opción de los fundamentalistas bíblicos es admitir que todas estas inmoralidades constituyeron actos correctos. Esta perspectiva sirve de apoyo a la objeción al teísmo, pues justifica y fomenta actos terribles. Es la visión que ha desembocado en la erradicación de los herejes, en las Cruzadas, en la Inquisición, en la guerra de los Treinta Años, en la guerra civil inglesa, en la caza de brujas, en el genocidio cultural de la civilización maya, en la conquista brutal de los aztecas y los incas, en el respaldo religioso a la limpieza étnica de los indios norteamericanos, en la esclavitud de los africanos en América, en la tiranía colonialista por todo el planeta, y en el confinamiento en guetos de los judíos.

Se podría negar que los principios peligrosos de la Biblia sean aplicables más allá de los tiempos bíblicos. Podría sostenerse, por ejemplo, que aunque en principio esté bien matar a quien nos pida Dios que matemos, lo cierto es que Dios ya no habla con nosotros.

Este argumento choca con la dificultad de que sigue habiendo mucha gente que dice que Dios ha hablado con ella. No es fácil encontrar una razón para el escepticismo general ante cualquier pretensión de haber oído una revelación divina, que no sea igualmente aplicable al pasado. Sin embargo, la aplicación al pasado de ese escepticismo equivale a descartar la revelación y, por tanto, la prueba básica de la existencia de Dios.

Por otra parte, elaborar toda clase de justificaciones para los genocidios del pasado, o los sacrificios, etc., es invitar a que se aplique un razonamiento similar a futuras acciones. No hay manera de restar importancia a las implicaciones morales reprensibles de estos pasajes bíblicos. Deben ser rechazados como enseñanzas morales falsas y depravadas. Los teístas moralmente decentes siempre lo han hecho en la práctica.

La Biblia contiene muchas enseñanzas morales admirables, algunas de las cuales van incluso más allá de las normas morales obvias que reconocen todas las sociedades (contra el asesinato, el robo, la mentira, etc.). “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19, 19; Mt 22, 39; Mc 12, 31; Lc 10, 27 y St 2, 8) resume concisamente el punto de vista moral. La Biblia tiene la valentía de extender esta enseñanza moral a los oprimidos, exigiendo no sólo decencia y caridad hacia los pobres y los discapacitados (Ex 23, 6 y 23, 11; Lv 19, 10 y 23, 22; Dt 15, 7-8 y 24, 14-15; Pr 22, 22; Ef 4, 28 y St 2, 15-16), sino que la estructura de los derechos de propiedad tenga en cuenta la necesidad de que nadie se quede sin tierras, ni se vea oprimido por las deudas (Dt 15 y Lv 25, 10-28).

Estas enseñanzas morales no sólo estaban muy adelantadas para su época, sino que mejorarían drásticamente el mundo si se pusieran en práctica hoy en día. Por tanto, la Biblia contiene tanto buenas como malas enseñanzas. Es moralmente incoherente. Si intentamos sacar lecciones morales de una fuente contradictoria, tendremos que elegir cuáles aceptamos. Para eso debemos usar nuestro juicio moral propio e independiente, basado en alguna fuente distinta a la revelación o la supuesta autoridad de Dios.

Lejos de constituir una guía moralmente independiente para la conducta moral, la Biblia se parece más a un test de Rorschach: los pasajes en los que decide hacer hincapié una persona reflejan su carácter y sus intereses morales. En suma, las consideraciones morales deberían alejar a los teístas del fundamentalismo, y llevarles hacia la teología liberal; es decir, hacia formas de teísmo que nieguen la verdad literal de la Biblia y atribuyan gran parte de su contenido a la confusión, la credulidad y la crueldad de otros tiempos.

Algunos sostienen que un planteamiento liberal de la fe es teológicamente incoherente. Puede ser, pero si hay que elegir entre un grave error moral y la confusión teológica, yo aconsejaría siempre la confusión teológica.

Una vez descartada la infalibilidad de la Biblia y su idoneidad como guía moral, ¿podríamos basarnos en pruebas a favor del teísmo, consistentes en experiencias de presencia divina, revelaciones y milagros, testimonios de estos últimos y profecías? De eso hablaremos en el próximo artículo de esta serie.

*El autor es ingeniero y músico.
pedrocuadra56@yahoo.com.mx