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“Como parte de la materia, nada es estático sino dinámico, en constante cambio, incluso las personas.”
H. E.


Tantas veces nos ocupamos del desarrollo humano, de la sociedad en general en sus diferentes tipos de necesidades, y concluimos que la base del mismo es la educación. Vista esta como una educación de cara al desarrollo mismo.

De ello deriva el fortalecimiento de la ciencia, la cultura, el deporte, la economía, el arte, y todo lo que signifique un estado de bienestar de los ciudadanos de un país. Las necesidades básicas (partiendo que son indicadores de medición del nivel de calidad de vida) solamente pueden ser satisfechas en la medida que los pobladores tengan acceso a mayor y mejor cantidad y calidad de su educación formal y no formal.

El título de este artículo quiere llamar la atención sobre una cuestión concreta: el nuevo vicepresidente del país, un ex militar de carrera, de toda su vida, quien tendrá en adelante en sus manos el timón que orientará la dirección de los aspectos de Ciencia, Tecnología e Innovación por los próximos cinco años. Por mandato constitucional corresponde al segundo ciudadano de la nación asumir esas tareas, tal como lo hiciera en su momento don Jaime Morales Carazo. Aprovechamos para felicitarle por la excelente tarea realizada al frente del CONICYT, órgano rector en ese campo.

Estando vinculado en el tema, considero que una de las primeras decisiones a tomar sería la de definir la importancia que estos aspectos tienen para impulsar un Plan de Nación. Muy poco se podría seguir avanzando si no se modifican aspectos estructurales relevantes como son los financieros o presupuestales. Nicaragua es el país de la región que menos invierte en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Apenas un 0.1% del presupuesto que se discute anualmente por parte de los diputados.
Intentar mejorar el desarrollo integral de los ciudadanos necesitaría en este componente un incremento de un 0.5 a 1%, según evidencias de países que han logrado emerger gradualmente de niveles de extrema pobreza. Ya se observan cambios importantes en esta dirección con los recientes anuncios de fortalecimiento al Ministerio de Educación con la inyección de importantes cantidades que aporta la cooperación externa.

Los resultados en materia de defensa militar que anteceden al nuevo vicepresidente nos obligan a pensar que al final del periodo de su mandato también veremos resultados prometedores en el campo de la educación para el desarrollo, en sus diferentes niveles (preescolar, primaria, secundaria, universitaria e incluso en niveles superiores: doctorales y post-doctorales).

Se ha definido el modelo de triple hélice para el fortalecimiento en el campo del conocimiento, que incluye trabajar de manera sinérgica en tres direcciones: estado, sector privado y centros generadores del conocimiento (universidades).

La matriz ya existe, bastando nada más su fortalecimiento. Es necesario identificar las potencialidades y dificultades con que contamos para hacer más eficiente este modelo. Centralizar o descentralizar acciones y estrategias podrían combinarse, según las características específicas de los campos donde se quiera incidir. El modelo de economía planificada, en la cual el estado, en conjunto con otros actores sociales, identifica las áreas que ameritan atención, basados en prioridades específicas de la ciudadanía, ha demostrado ser efectivo.

Lejos de “estatizar” o “privatizar” se buscaría un modelo flexible en el cual tod@s aportemos según nuestras capacidades, de cara a satisfacer nuestras necesidades. Es de suprema importancia invertir tiempo y recursos para modificar la “matriz humana” existente. Cambios de conducta, comportamiento, responsabilidad social, sentido de pertenencia ciudadana, todo desde las etapas tempranas del desarrollo, es decir, desde el nivel de educación preescolar hasta los últimos niveles de formación, que a decir verdad, no acaba sino hasta que dejamos de existir.

Una herramienta práctica, aplicable y efectiva a revisar sería el modelo denominado ECBI (Enseñanza de la Ciencia Basado en la Indagación), cuya aplicación ya existe en muchos países latinoamericanos y se empieza a desarrollar experimentalmente  a manera de pilotaje en un grupo de escuelas del país. Podría ser el punto de partida para incidir desde las primeras etapas del desarrollo del niño, orientándolo a niveles de formación de mayor calidad académica y también humana. No nos sirven genios abstraídos de la realidad o carentes de compromiso social.

Existen algunas condiciones a favor para que estos cambios sucedan. Basta ponerles atención y darles algún grado de prioridad.

*El autor es médico y cirujano.
Código MINSA 6950