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Al Embajador del Japón, Excelentísimo Señor Jyro Shibasaki, con especial aprecio y estimación.

Con marcado interés y complacencia, el público lector de El NUEVO DIARIO leyó hace ya algún tiempo un excelente artículo de Jorge Eduardo Arellano, titulado “Documentos nicas en el archivo de la Cancillería”, en el que nos dio cuenta de su experiencia vivida en la solemne dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores del Japón, donde encontró datos históricos de las relaciones diplomáticas y amistosas desde hace largo tiempo mantenidas por los gobiernos de Nicaragua y el de esa gran nación que, aunque lejana de nuestros lares, ha estado siempre tan cerca de nuestro pueblo y de sus necesidades.

Leer a Jorge Eduardo, sin duda uno de nuestros intelectuales de mayor relevancia nacional e internacional, ya de por sí es un regalo para nuestro intelecto, pero, leerlo en un artículo dedicado al Japón causa una satisfacción mayor, ya que al escribirlo está rindiendo, tanto en su nombre como en el de nuestro pueblo, un homenaje y un reconocimiento a ese extraordinario país tan ignorado por nuestros intelectuales y, aun más, por los muy numerosos profesionales nicaragüenses que becados por el Gobierno japonés hicieron estudios en ese país y gozaron de la calidez afectiva y del trato generoso y fraterno dispensado por ese pueblo noble que ha fundamentado su progreso y su dignidad nacional en el coraje, en su vocación por el trabajo y en su pronunciado sentido de solidaridad humana.

Jorge Eduardo Arellano, quien según sus palabras, había viajado a ese gran país gracias a la Fundación Japón y a la gestión de la Embajada japonesa acreditada en Nicaragua, nos da cuenta de la sorpresa que le causó el hecho de encontrar en el archivo de la

Cancillería japonesa, en Tokio, viejos documentos auténticos de nuestros gobiernos, que forman parte de nuestra historia nacional, así como de las excelentes relaciones que recíprocamente han mantenido siempre, y mantienen ahora, nuestros gobiernos y nuestros pueblos.

Las cartas que se cruzaron el doctor Juan Bautista Sacasa, siendo Presidente de Nicaragua, con el soberano del Japón, Emperador Hiro Hito, así como los diferentes contactos diplomáticos que ambos gobiernos sostuvieron, son documentos que se conservan como parte del nutrido expediente que el archivo de la Cancillería japonesa custodia en perfecto estado, y que Jorge Eduardo Arellano tuvo la privilegiada oportunidad de tener a la vista.

De tales documentos se desprende el ostensible interés que, a partir del Tratado Clayton-Bulwer suscrito en 1850 entre Estados Unidos y Gran Bretaña, mostró el imperio japonés de emprender la construcción de un Canal Interoceánico en Nicaragua. También le sorprendió gratamente a Jorge Eduardo, el haber tenido en sus manos el único libro que hasta 1905 se había escrito sobre Nicaragua, año en el que el conocido literato Tadashi Nemoto diera a conocer al pueblo japonés su importante obra, de la que se desprende, mas allá de la exótica y misteriosa caligrafía japonesa, el cordial sentimiento de admiración y respeto al pueblo nicaragüense.

Fiel a esa tradición de amistad, la ministra de Relaciones Exteriores del Japón, Junko Kawuaguchi, manifestó en ocasión de celebrar el XL Aniversario de la Embajada de Japón en Nicaragua en el 2002, que desde el 20 de febrero de 1935, Japón y Nicaragua establecieron relaciones diplomáticas, abriendo el Gobierno del Japón las oficinas de la embajada el 30 de abril de 1963. Afirmaba también que en los años 60 y 70, Japón era el mayor importador de algodón nicaragüense.

“Después de la democratización de los años 90, Japón amplió drásticamente la cooperación económica, y, actualmente (2002), es el mayor país donante para Nicaragua”, recalcaba la ministra.

Consecuente con lo manifestado por su ministra, la cooperación de Japón para con nuestro pueblo se ha venido incrementando día a día no solo en el ámbito económico, sino en todos lo órdenes, especialmente en el cultural; múltiples han sido las delegaciones artísticas, exposiciones pictóricas y musicales que han honrado a Nicaragua con sus visitas y representaciones.

La política japonesa para nuestro país ha venido cumpliendo sus propósitos con singular largueza, inclusive, enviando a nuestro país a lo más selecto y destacado de los diplomáticos destinados al servicio exterior, lo que nos ha permitido conocer entre los personajes que han desfilado como funcionarios de la embajada, a excelentes diplomáticos, regalándonos inclusive la presencia de un literato de singulares méritos, Nahohito Watanabe, que tradujo al japonés las obras “Viaje a Nicaragua e Intermezo Tropical”, y “Azul”, de nuestro inmortal Rubén Darío.

Gracias, Jorge Eduardo, por tender puentes entre nuestra cultura y la de esa gran nación; gracias Nahohito Watanabe, a quien acompañará siempre el respeto y el cariño de los nicaragüenses por muy remoto que sea el lugar en donde se encuentre. Gracias embajador Jyro Shibasaki por la excelente labor que desempeña a favor de nuestro pueblo como representante del Gobierno de Japón.

Managua, 14 de marzo de 2012
*Abogado.