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“Socialismo o barbarie”.
León Trotsky


Sería la primera vez que una guerra comienza con el genocidio instantáneo de un arma de destrucción masiva, como el holocausto infernal que llevó, más bien, al término de la Segunda Guerra Mundial. El emperador Hirohito, luego que Norteamérica lanzara sobre Hiroshima y Nagasaki las bombas nucleares de 15 y de 20 kilotones, respectivamente, explicó con las siguientes palabras al pueblo japonés el fin de la guerra, que atribuyó al destino y no a la falta de valor en el combate:

“El enemigo ha empezado a utilizar una bomba nueva y muy cruel, cuya capacidad de provocar daño es realmente incalculable, provocando la muerte de muchas vidas inocentes. Si continuáramos luchando, no solo tendría como resultado el colapso y destrucción de la nación japonesa, sino que también conduciría a la completa extinción de la civilización humana”.

Japón nunca antes había sido invadido por fuerzas extranjeras. Al oír sus palabras, decenas de miles de soldados japoneses que no conciben el destino separado del honor, se hicieron el ritual bushido del seppuku (corte del vientre), como el vicealmirante Takijirō

Ōnishi, que agonizó 16 horas al negarse a recibir el golpe de gracia, o el ministro de guerra Korechika Anami, que se oponía a la rendición.

Con un posible ataque nuclear sobre Irán, el humanismo que había renacido hace casi 600 años habrá muerto para involucionar hacia la barbarie. En adelante, ¿qué extremo de horror y de brutalidad no estará permitido entre seres humanos? Se borrará para siempre la capacidad de sonreír de esta especie maldita, y el saludo entre hermanos será una dentellada en la garganta.

El misil crucero Jericó III de Israel tiene una capacidad de 200 kilotones, diez veces la potencia de la bomba de plutonio que destruyó Nagasaki (y que vaporizó instantáneamente a 200 mil personas). Se considera que Israel posee 100 cabezas nucleares como esta. Ya Israel no confía a las siete trompetas de cuerno de carnero de Jericó la destrucción de los muros de Irán.

Hasta ahora el armamento nuclear ha desempeñado, en la locura armamentista del actual sistema económico capitalista, una función disuasiva. Un ataque nuclear israelí conduciría a una nueva era, donde la iniciativa de un ataque similar sería una variable común, y la proliferación de armas nucleares se haría incontenible (actualmente, el armamento nuclear en el mundo tiene el potencial de destruir 138 mil Nagasaki). El terrorismo mundial subiría en la escala de los sacrificios humanos, hacia la histeria del terror atómico.

Netanyahu, primer ministro israelí, se pasea como un felino hambriento, masticando un misil nuclear entre los dientes. El programa de enriquecimiento de uranio de Irán ciertamente conducirá a una modificación estratégica de la correlación de fuerzas en el Medio Oriente. Ante ello, los generales norteamericanos concluyen que un ataque nuclear para detener el programa iraní radicalizaría el fundamentalismo musulmán, atizando la Yihad (lucha espiritual para defender el Islam) aun en países pro-occidentales como Arabia Saudita.

Irán tendría que ser ocupado por millones de soldados invasores, cuya retirada, al fin, será una nueva derrota de Occidente. A pesar de la tragedia que se cierne sobre ellos, los iraníes repiten la frase que coreaban los aldeanos vietnamitas (seguros de la victoria final): “El imperialismo es un tigre de papel”.

La experiencia heroica de Vietnam cumple también una enseñanza disuasiva para las grandes potencias, aunque a estas, por avaricia, les cueste aprenderla.

El sionismo tiene un límite en su expansión colonial, en el escaso número de la población de Israel (7 millones de habitantes), y en la idea absurda de fijar en Palestina la Tierra Prometida.

Como negociantes natos han conseguido que Alemania financie un tercio del costo de fabricación del sexto submarino nuclear, tipo Delfín, que entregará a Israel (aparentemente con fines defensivos), pero, que hacen parte del armamento judío del juicio final.
Netanyahu ha solicitado a Washington la entrega de bombarderos y de aviones de reabastecimiento de combustible. Incluso, han obtenido bombas RNEP (Robust Nuclear Earth Penetrator), que le permitiría detonar una bomba nuclear de 5 kilotones en el sistema subterráneo donde se desarrolla el programa de enriquecimiento de uranio en Irán.

Se rumora que en 2012 Irán detonará bajo tierra su primera bomba nuclear de ensayo, de un kilotón. Pero, Israel comienza a ponderar la idea de aprender a convivir con un Irán con armas nucleares. De ello depende que este armamento demencial solo sea, hasta ahora, una locura disuasiva entre criminales de guerra.

* El autor es Ingeniero Eléctrico