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A la ocasión del centenario de nuestra particular moneda nacional cabe preguntarse a quién está supuesto honrar su nombre. ¿Quién era o qué sabemos del conquistador Francisco Hernández de Córdoba?

Carlos Meléndez, en el prefacio a quizás todavía su única biografía, “Hernández de Córdoba: capitán de Conquista en Nicaragua” (he consultado la segunda edición, publicada en Managua por el Fondo de Promoción Cultural-Banic, 1993) dice, hablando de este oscuro conquistador, que en relación a la herencia hispánica en Nicaragua: “su trabajo fundacional (de las ciudades de Granada y León) eclipsó los méritos precursores de Gil González Dávila y precedió la obra institucional pero polémica de un Pedrarias Dávila.”

Meléndez presumía haber encontrado referencia al pasaje en 1517 de este Francisco Hernández, en el catálogo de Pasajeros a Indias.

No habría sido originario de la ciudad de Córdoba, sino, en la misma provincia, de Cabra. Por consiguiente, difícilmente habría podido ser pariente de los famosos Hernández de Córdoba que se distinguieron en las luchas medievales y cuyo nombre el topónimo –y no patronímico- postizo pareciera evocar.

En la utilización de la extensión “de Córdoba”, señalando el origen de algún conquistador, se expresaba, según Meléndez, una marca de respeto o ennoblecimiento por las armas. Interpreta así un menosprecio de parte del cronista Oviedo, hombre que había crecido en la Corte, que siempre se refiere a él como Francisco Hernández a secas. De la misma forma supone que la Corona habría pretendido expresar su gratitud al llamarlo “Hernández de Córdoba”, en la correspondencia oficial, debido sus hazañas en la conquista y “pacificación” de Nicaragua.  

Hernández podría haber sido, antes de venir a América, de profesión militar. Dos años después de su llegada a Santa María del Darién, el talento mostrado en las expediciones depredadoras o “cabalgatas” que Pedrarias Dávila organizaba para saquear los poblados indígenas, no solo lo habían hecho rico, sino que había impresionado a su jefe de tal modo que este lo nombró Capitán de su guardia y alcalde ordinario de la ciudad de Panamá al momento de su fundación.

Pero no fue Hernández todavía el elegido para realizar la primera expedición de ese tipo en dirección a Nicaragua sino el todavía más ilustre licenciado Gaspar de Espinosa, nombrado Teniente de Capitán General, de quien nos dice Meléndez que llenaba a la perfección los requisitos para una tal tarea: “se había ya distinguido por sus excesos con los indígenas, su agresividad inhumana en el arte de la guerra y por las exacciones para conseguir mayor oro de los indígenas”. Una especie de torturador.

Esta expedición llegó hasta Nicoya –desde el punto de vista de su población, parte de Nicaragua-, y además de buenas noticias trajo capturados a varios indígenas hablantes de chorotega que posteriormente sirvieron de intérpretes

Los hallazgos alentadores de esta primera expedición que hizo contacto con Nicaragua motivaron la expedición de Gil González. Esta fue patrocinada desde la metrópolis por el propio obispo Rodríguez de Fonseca, entonces presidente del Consejo de Indias, de quien González había sido criado. La expedición tenía la misma misión de exploración y saqueo.

Con la presión de Gil González amenazando con regresar después de haber partido con un apreciable botín, Pedrarias autorizó a su segundo lugarteniente, Francisco Hernández, para organizar otra expedición. La incursión debía durar dos años –prolongables solo para terminar alguna exploración en curso- y su misión por consiguiente era esencialmente una expedición de saqueo con los medios más violentos disponibles. Una actividad en la que Hernández, como dijimos, se había distinguido.

Poco oro encontraron los conquistadores en Nicaragua, pero pronto empezaron a mandar esclavos obtenidos en las guerras de “pacificación”, iniciando un comercio que debía durar varias décadas.

Dado que su misión debía durar dos años, Meléndez sugiere que la fundación de las ciudades de León y Granada fue al menos en parte iniciativa de Hernández. Como este conquistador escribió muy poco, poco se sabe de sus verdaderas intenciones. Por eso no sabemos si su ejecución en León en 1526, acusado por Pedrarias de querer adueñarse de Nicaragua con el apoyo de las fuerzas de Cortés –con quien había tenido contacto y comunicación- se fundamentaba en hechos reales o no. Pero esto último poco importa para evaluar la estatura moral del personaje.

Según Meléndez, Francisco Hernández de Cabra, o de Córdoba, torturador y asesino de indígenas, fue un hombre que cumplió con las expectativas morales de su época. La cuestión es: ¿Cumple con las nuestras para que honremos su nombre con nuestra moneda?

*El autor es lingüista.