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Los procesos neurodegenerativos representan un enorme reto para los sistemas de salud en nuestros países. Quizás hoy se vean como “necesidades no sentidas”, pero en 30 años serán verdaderas epidemias.

Contrario a los países con mayor nivel de desarrollo, donde los adultos mayores (mayores de 65 años) ocupan porcentajes mayores en las estadísticas demográficas, en los países pobres la mayoría la componen los pobladores menores de 35-40 años.

De esto se deriva que la existencia de planes y programas de atención sanitaria (y en atención integral) para ambos segmentos difieran o tengan prioridad distinta en países ricos y países pobres. Es un hecho que los últimos no tienen condiciones ni experiencia para enfrentar el inminente impacto de las próximas 2-3 décadas, cuando los ancianos representen más del 40% de su población. Se calcula ya que el incremento en casos de demencia en estos países pobres supere el 500 % de las cifras actuales.

Recursos humanos entrenados en atención geriátrica, casas de reposo o de día, infraestructura sanitaria en atención primaria y secundaria, áreas comunales adaptadas, etc., etc., y tantas otras necesidades que no existen en la actualidad y que tampoco están proyectadas a mediano o largo plazo, serán limitantes que imposibilitarán la calidad de vida para los ancianos del 2030-2050, donde lógicamente estaremos incluidos.

A todo esto se agrega la segura aparición de enfermedades propias de esa edad, en particular las demencias. Sin embargo, no todo es oscuro en el panorama. A nivel Iberoamericano (España, Portugal, Latinoamérica) ya se está desarrollando una Red de Investigación Multidisciplinaria en Estrategias de Prevención e Intervención en Demencias Neurodegenerativas (Iberdem), de la cual intentamos ser parte, cuyo objetivo es “fomentar una red de investigación orientada a acciones estratégicas de armonización y estandarización de técnicas de intervención en demencias, especialmente Neurodegenerativas ( Alzheimer), que representan más del 70%, y de promoción del envejecimiento saludable”.

Se busca la integración de conocimientos en la región, promoviendo la generación de vínculos de cooperación estables y el desarrollo de nuevas pautas consensuadas que permitan mejorar la atención, la calidad de vida y el bienestar de los adultos mayores en Iberoamérica.

Para hacer funcionar estas líneas de trabajo se hace necesario hacer definir un mecanismo de trabajo participativo, horizontal, donde los actores deben ser del sector público, privado, comunitario, y que incluya a los centros formadores de conocimientos (universidades).

Dado el incremento de la esperanza de vida y el progresivo envejecimiento de la población, las demencias representan y representarán un enorme reto para los sistemas sanitarios. Se calculan en la actualidad unos 35 millones de personas con demencia por Alzheimer en el mundo. Los Estados Unidos calculan en 5, 300,000 sus casos, para los cuales más de 10 millones de personas deben dejar de trabajar para dedicarse a su cuidado las 24 horas del día.

Imaginemos el impacto económico directo a las familias y al sistema en su conjunto, cuando cada caso genera más de 170, 000 dólares en costos por cuidados, y en Nicaragua, donde se estiman en más de 33, 000 los pacientes/familias afectados. Para el 2050 se esperan más de 104 millones de pacientes. Una verdadera hecatombe.

De concretarse los vaticinios del cambio climático, del incremento en más de 700 millones del número de hambrientos en el mundo, de las repercusiones o secuelas del uso de energía nociva en los conflictos bélicos actuales y por venir, queda más que preguntarse: ¿Lo soportarán las futuras generaciones? Algo debemos hacer ya y ahora.

Aprovecho para invitar a familiares y cuidadores de pacientes con Alzheimer a la primera Asamblea del año, este viernes 30 de marzo en Pizza Hut Rubén Dario. 6:00 PM.

* El autor es médico. Código MINSA 6950.