•  |
  •  |

En 1978 egresó la primera promoción de bibliotecólogos de nuestro país, carrera abierta en la Facultad de Humanidades de la Universidad Centroamericana, por iniciativa y gestión del Licenciado Noel Lacayo Barreto y el chileno-nicaragüense Walterio López.
Entre los más entusiastas colegas tuvimos a Mario Arce Solórzano, quien desde muy joven había laborado en la Biblioteca Nacional, en los años 70, siguiendo el ejemplo de su padre y un hermano que desempeñaron empíricamente tal servicio.

Fue en los años 80, cuando nos enfrentamos al tremendo desafío de dar respuesta a casi la mitad de nuestra población recién alfabetizada y allí estuvo el contingente de bibliotecólogos, ubicados en todas las redes de bibliotecas, aportando con abnegación y creatividad a sus respectivas responsabilidades.

En 1983, con el apoyo de la OEA, Mayra Miranda de Picasso y Mario Arce Solórzano marcharon como becarios a participar en el Programa Latinoamericano de Bibliotecología en el prestigiado Colegio de México.

Mayra recuerda el entusiasmo y la avidez de Mario por el estudio y prácticas que se realizaban en el hermoso edificio de la biblioteca de dicha universidad. Igualmente trae a la memoria, no sin dolor -que compartimos todos/as sus colegas-, la entereza y valentía que demostró después del accidente que lo dejo parapléjico, cuando fue atendido en el excelente Hospital de Neurología y le pidió a ella firmar por él la autorización para ser sometido al proceso médico que ameritaba el caso.

Mario estaba recién casado con Myriam Mendoza, y a Mayra le correspondió trasmitirle el gravísimo diagnóstico y pronóstico de su marido, que quedaría para siempre atado a una silla de ruedas, con sus funciones motoras limitadas.

Myriam estuvo a la altura del estoicismo de Mario desde el primer momento y asumió por toda la vida acompañarle con la mayor dulzura y abnegación. De esa manera, Mario logró probarle a la sociedad que lejos de transformarse en un inválido, efectivamente se volvió un hombre con capacidades diferentes y así, haciendo un enorme esfuerzo con un dedo de su mano derecha, en un procesador de palabras que le enviaron de Suecia, produjo un libro tras otro sobre temas de su profesión, escribió poemas, dictó charlas, elaboró mensualmente el boletín informativo de nuestra asociación e hizo feliz a su ángel de la guarda con quien logró procrear a su hija Alejandra y vivir 29 años de forma fructífera y amorosa, dejándonos un legado inapreciable a sus colegas que siempre lo recordaremos.

* Escritora y bibliotecóloga.