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Ahora existen drogas sintéticas que no están registradas como ilegales, las cuales están causando un descontrol en países desarrollados, puesto que cambian componentes químicos para convertir lo ilegal en legal.

El trato al problema de las drogas ha sido como la carrera entre el gato y el ratón; es decir, mientras se apagan pequeños incendios, miles se propagan sin control en otras partes.

Mientras exista demanda siempre existirá una oferta. Desde hace tiempo se ha venido tratando el tema de la despenalización de las drogas ilegales. Lo primero –pienso yo- sería clasificar las drogas porque son distintas entre sí.

Habría que analizar una por una sus características y las consecuencias psicofísicas de su consumo, puesto que unas son más dañinas que otras, con grados de adicción diversos.

“El alcohol mismo una vez fue ilegal”, se afirma y es cierto, porque como dice el dicho: “Lo que es bueno para el ganso debe ser bueno para la gansa”.

Aplaudo el papel de la Policía y el Ejército cuando en nuestro país se realizan grandes “quiebres” de contenedores y las lanchas llenas de drogas, que por lo general son cocaína, un poco menos heroína, algunas veces metanfetamina y también -según algunos expertos la menos nociva, pero no menos importante-, cannabis sativa o marihuana. Pero, ¿qué pasa con las drogas nuevas, cuyos componentes no son ilegales?

Como periodista me toca monitorear noticias, entre ellas las de “quiebres” al “narco-menudeo”, que muchas veces son primicia en noticieros como Acción 10 y Crónica 8. En uno de ellos vi el caso de una señora de un reparto muy pobre, que decía: “¿Y ahora qué voy hacer? si la que se llevaron cuidaba a estos niños; yo soy vecina, y no tengo para darle a estos niños, y como se la llevaron me quedan a mí... Ve usted a esos vagos que están ahí, sino tienen nada, son pobres, ¿qué ganan con echarlos presos?”.

Como vemos, en muchos casos los pequeños expendios son el sustento de familias que no encuentran solución ante la falta de empleo. Pero la idea no es justificar la venta de drogas ilegales, una temática que desde hace tiempo viene despertando polémica debido a los grandes índices de criminalidad organizada en países como Colombia, Venezuela, Guatemala y México, y con muchas más excepciones en Nicaragua.

“Siempre he tenido presente mi aleccionadora participación como miembro de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia que encabezaron los expresidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil y César Gaviria, de Colombia, que resultó para mí en un verdadero curso de altos estudios sobre la red criminal de estupefacientes que se extiende por todo el mundo, y de donde salí convencido de que no hay otro remedio para poner fin al poder clandestino de los carteles y su brutalidad despiadada, que la despenalización de las drogas. Y fue lo que sostuve”.

Esa es la opinión del reconocido escritor nacional Sergio Ramírez, publicada bajo el título: “Quitar el agua al pez”. Opiniones categóricas como esa y la de los movimientos mexicanos y chilenos por la despenalización, con proyectos concretos listos para poner en práctica, me traen una imagen a la mente: Un concierto de rock “grunge” donde el público está eufórico y muy “guindado” por la ola de la música; pero al mismo tiempo existen guardas del staff de seguridad que están sobrios y resguardando que nadie se haga daño.

Y es que este asunto es como el del conductor designado: siempre se necesitará del prójimo para ayudar al necesitado. En un documental sobre adictos a la heroína, asistentes del Ministerio de Salud de Estados Unidos y voluntarios van por los callejones entregando jeringas limpias, para ayudar a los adictos a no contagiarse de VIH. La prevención, la rehabilitación, pero sobre todo la educación y la ciencia deben tomar parte en este polémico tema de la despenalización o no de las drogas ilegales.

Imagino que antes de tomar una decisión concreta, habrá que estar bien informado y esperar tal vez estudios pertinentes confiables de factibilidad-viabilidad-consecuencia. Por lo pronto, simplemente quedo pensando en la frase de Ramírez: “Quitar el agua al pez”, mientras muchos otros afirman: “Por la boca muere el pez”.

*Periodista. Docente de Comunicación Social, UNAN-León.
ocioversatil@gmail.com