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Tío Coyote siempre padecía de hambre y sed que nunca saciaba en sus glotonerías y cantaletas. Se sentó bajo el alero de la casa a esperar gallinas del vecindario, pero ninguna de las porronas pasó por el lugar. Esperó que alguien tirara un tuco de tortilla dura, un huevo podrido, unos frijoles chocos, una melaza de levadura, una sopa de nisayo con arroz, un trozo de tamal pizque, pero nadie tiró nada.

En eso apareció Tío Conejo muy campante, como siempre, haciéndose el de a peso, orondo, cantando las canciones que aprendió en un sandillal y bajo los zapotales de su vecino, el Kerke, que tenía la manía de kerkerear cuando se comía los zapotes maduros...

 -¡Hoy te como! -dijo el coyote.
 -¡Espéreme, Tío Coyote -dijo el conejo-, que usted puede vivir de su fama.
 -¿Qué es eso? ¿A qué te refieres, animal maligno?
 -¡Ah, Tío Coyote, no se me haga el baboso! ¡Se le nota lo fachento!
 -¡Qué fachento! ¡Si no me aclarás te como de una vez!
 -¡Me resulta increíble que no sepa que un señor le hizo una oda!
 -¡Qué boda si ni novia tengo, conejo bandido!
 -¡Momentito, my please! El poeta le hizo una oda.

El coyote se quedó muy confundido por la oda que le hizo el poeta. Si alguien pudiera comprarle la oda o cambiarla por comida, pues ya le tronaban las tripas y se la imagina así de hermosa, como pan con carne adobada. ¿Y qué es una oda? Pensar que la oda es una pelota de tamal pizque a la que bastaría con quitarle las hojas de guarumo para devorarla con quesos y quesillos no era descabellado.

¿Y si eran mentiras del conejo embustero para salirse con la suya una vez más? No habría que descartar nada.

El coyote se quedó callado un rato, maquinando una salida ante esa palabra misteriosa. Oda, qué jodido es una oda. Por qué la gente se complica con los nombres y se inventa babosadas extrañas. ¿No es más fácil decir boda que oda? Y como no halló qué decir, preguntó cualquier cosa con tal de hablar.

-¿Para qué sirve una oda? -preguntó el coyote, desconcertado.

-¡Ah, mire Tío Coyote, la oda es un elemento interesante que da fama!

-¿Qué es una oda? Explícame, que no entiendo.

-¡Bueno, pues, una oda es una cosa que nos salva de la tristeza y nos ayuda a conocernos!

El coyote se sintió más confundido. Se despidió del conejo y se fue a buscar quién le explicara qué es una oda y qué significaba para su vida. Y como nadie le explicó qué es una oda, se sentó en el alero de la casa y esperó a que pasara una para saludarla, conocerla y comérsela si podía hacerlo. Nadie le dijo que la oda es un poema de exaltación y alabanza de la vida de una persona o un animal.

Nadie le dijo que José Coronel Urtecho fue el poeta que le hizo la oda y se la mando de regalo con el Tío Conejo, quien ni corto ni perezoso se quedó con la hermosa oda del poeta.

Telica, 8 de marzo de 2012.
* Escritor y docente universitario.

Pedro Alfonso Morales

Tío Coyote siempre padecía de hambre y sed que nunca saciaba en sus glotonerías y cantaletas. Se sentó bajo el alero de la casa a esperar gallinas del vecindario, pero ninguna de las porronas pasó por el lugar. Esperó que alguien tirara un tuco de tortilla dura, un huevo podrido, unos frijoles chocos, una melaza de levadura, una sopa de nisayo con arroz, un trozo de tamal pizque, pero nadie tiró nada.
En eso apareció Tío Conejo muy campante, como siempre, haciéndose el de a peso, orondo, cantando las canciones que aprendió en un sandillal y bajo los zapotales de su vecino, el Kerke, que tenía la manía de kerkerear cuando se comía los zapotes maduros...
 -¡Hoy te como! -dijo el coyote.
 -¡Espéreme, Tío Coyote -dijo el conejo-, que usted puede vivir de su fama.
 -¿Qué es eso? ¿A qué te refieres, animal maligno?
 -¡Ah, Tío Coyote, no se me haga el baboso! ¡Se le nota lo fachento!
 -¡Qué fachento! ¡Si no me aclarás te como de una vez!
 -¡Me resulta increíble que no sepa que un señor le hizo una oda!
 -¡Qué boda si ni novia tengo, conejo bandido!
 -¡Momentito, my please! El poeta le hizo una oda.
El coyote se quedó muy confundido por la oda que le hizo el poeta. Si alguien pudiera comprarle la oda o cambiarla por comida, pues ya le tronaban las tripas y se la imagina así de hermosa, como pan con carne adobada. ¿Y qué es una oda? Pensar que la oda es una pelota de tamal pizque a la que bastaría con quitarle las hojas de guarumo para devorarla con quesos y quesillos no era descabellado. ¿Y si eran mentiras del conejo embustero para salirse con la suya una vez más? No habría que descartar nada.
 El coyote se quedó callado un rato, maquinando una salida ante esa palabra misteriosa. Oda, qué jodido es una oda. Por qué la gente se complica con los nombres y se inventa babosadas extrañas. ¿No es más fácil decir boda que oda? Y como no halló qué decir, preguntó cualquier cosa con tal de hablar.
-¿Para qué sirve una oda? -preguntó el coyote, desconcertado.
-¡Ah, mire Tío Coyote, la oda es un elemento interesante que da fama!
 -¿Qué es una oda? Explícame, que no entiendo.
 -¡Bueno, pues, una oda es una cosa que nos salva de la tristeza y nos ayuda a conocernos!
 El coyote se sintió más confundido. Se despidió del conejo y se fue a buscar quién le explicara qué es una oda y qué significaba para su vida. Y como nadie le explicó qué es una oda, se sentó en el alero de la casa y esperó a que pasara una para saludarla, conocerla y comérsela si podía hacerlo. Nadie le dijo que la oda es un poema de exaltación y alabanza de la vida de una persona o un animal. Nadie le dijo que José Coronel Urtecho fue el poeta que le hizo la oda y se la mando de regalo con el Tío Conejo, quien ni corto ni perezoso se quedó con la hermosa oda del poeta.

Telica, 8 de marzo de 2012.
* Escritor y docente universitario.