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Convencí a mi primo Ronald para que me acompañara en las vacaciones de la Semana Santa, aunque en realidad no parecía estar muy de acuerdo en realizar el viaje al mar. El viaje era para mí como un secreto que quería conservar solo para mí mismo. Además, ¿a quién podía  interesarle pasar una Semana Santa en Puerto Morazán antes de partir a estudiar odontología en  México?

Allá por los años 60 se consideraba sinónimo de progreso social (¿?) el poder desplazarse desde el lugar habitual donde uno vivía a otra localidad para disfrutar del sol, el mar y la playa en los días de Semana Santa. Hoy, quizás añadiría también de las mujeres en bikini.

Antes del Domingo de Ramos fuimos a visitar a un par de muchachas de Chinandega para decirles que las invitábamos a que nos acompañaran a Puerto Morazán. Sin embargo, ambas nos dijeron que no, porque ellas pasarían las vacaciones de verano en Poneloya, no en “lugares oscuros y desconocidos”.

A mi primo le afectó mucho el rechazo de las amigas; él estuvo a punto de no viajar, de suspender las vacaciones en el mar. Pero al final lo convencí nuevamente cuando le dije que, precisamente muchachas hermosas y morenas, esbeltas y atractivas como las garzas abundaban en Puerto Morazán. Y claro está que le decía la verdad.

Nos fuimos y llegamos como a las cuatro de la tarde. Habíamos hecho el viaje en ferrocarril desde Chinandega en tanto encontramos a unas pocas personas en la estación del tren del Puerto. Eran los inconfundibles hombres mitad marineros y mitad paisanos de tierra adentro que se movían de un sitio a otro sin poder determinar nosotros qué cosas podían hacer todo el año en Puerto Morazán.

Después de escuchar un poco de música tropical para el verano en la radio de la pensión, cada uno se tiró a su cama, pensando desde luego en las emociones que nos esperaban en nuestro primer día de vacaciones de la Semana Santa, cuando ya ambos pisábamos el umbral del universo universitario.

Al día siguiente, al despertar observé que la cama donde dormía mi primo estaba vacía, lo que llamó mi atención. Me levanté y salí de la habitación a buscarlo, pero no caminé mucho pues allí estaba recostado a una baranda que al parecer servía de protección a la media terraza que hacía de sala exterior de la modesta pensión de Puerto Morazán.

Me le acerqué. Con sus manos apoyadas en la baranda, mi primo observaba el paisaje matutino, que en la realidad era una mezcla de neblina con poco sol mañanero que de vez en cuando dejaba al descubierto la tranquilidad de las aguas en otro amanecer de la bahía de Puerto Morazán.

Me detuve, no le dije nada, me pareció una insolencia interrumpir su visión estival pues me había causado una grata conmoción sorprenderlo cuando en silencio y aparentemente lejos del mundo él contemplaba aquel reconfortable amanecer en la bahía de Puerto

Morazán bañada por el rocío de una noche de verano.

Sin saber exactamente qué hacer apoyé mi cuerpo al borde de la puerta de la habitación y me dispuse también a acompañarlo sin pronunciar palabra alguna y observar las aguas quietas de la bahía. Un rato después mi primo pareció volver en sí, y al descubrir mi presencia lo vi ponerse sonrojado, pero sin perder la seguridad en sus pasos se aproximó a mí diciendo: “Tenías razón, Payo, son hermosas; su silueta es encantadora, cualquiera diría que es una muchacha de tacón alto caminando a lo largo de la playa”.

No pude responderle de inmediato. Pensé que mi primo no había dormido bien. Quizá el cansancio se lo impidió. Finalmente hablé:

¿Qué quieres decir, Ronald?. Él regresó a la baranda levantando la mano y señaló a la bahía: “Es verdaderamente hermosa, allá a lo lejos, aquella garza rosada”.

Con su respuesta quedé más tranquilo: él se había confundido con mi afirmación de que las muchachas eran hermosas y esbeltas… al igual que las garzas de Puerto Morazán.

Por pura curiosidad me acerqué a la baranda y contemplé un buen rato aquella silueta que en verdad parecía una muchacha de tacón alto, hasta que me convencí de que francamente era hermosa y bella aquella garza rosada.

16 de marzo de 2012
* El autor es poeta y escritor.

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