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Un siglo antes de que la diplomacia cultural se pusiera de moda en los gobiernos de todo el mundo, Japón celebró su amistad con Estados Unidos regalándole miles de cerezos, hoy convertidos en una de las principales atracciones turísticas de Washington.

El próximo 27 de marzo Estados Unidos y Japón celebrarán el centenario de la plantación de los primeros árboles, que tiñen cada primavera de rosado y blanco los alrededores del gran lago en el centro de la capital, atrayendo anualmente a más de un millón de visitantes.

Los festejos serán en el marco del Festival Nacional de los Cerezos en Flor, que comenzó el pasado martes con una propuesta de desfiles, fuegos artificiales y conciertos a orillas de la Cuenca Basin, el gran lago que regula las crecidas del río Potomac no muy lejos de la Casa Blanca.

“Los cerezos en flor son un símbolo del espíritu de Japón. Al mismo tiempo, son un símbolo de amistad entre Japón y Estados Unidos, y realmente creo que esto seguirá siendo así”, dijo Ichiro Fujisaki, Embajador de Japón en Estados Unidos, añadiendo que el encanto de los cerezos en flor radica en su “brillo, belleza y brevedad”.

Los japoneses celebran los cerezos en flor desde hace siglos, aprovechando para reflexionar sobre el sentido de la vida entre los pétalos que caen, y para tomar grandes cantidades de bebidas alcohólicas, algo que en Washington no es posible porque el consumo de alcohol en la vía pública es motivo de arresto.

Por el centenario, Japón también plantará árboles en decenas de otras ciudades estadounidenses, incluyendo Nueva York, Los Ángeles y Chicago.

El Gobierno japonés también preveía construir en la Cuencia Tidal un “jardín zen” propicio para la meditación, pero el devastador sismo y posterior tsunami del año pasado en Japón postergó la iniciativa.

En cambio, Japón ofrecerá conciertos -entre ellos de la banda femenina AKB48 y de la sensación de rythm and blues Misia- para agradecer a Estados Unidos por su importante ayuda después de la catástrofe.

Cuando Japón regaló los cerezos hace un siglo también lo hizo por gratitud, tras la mediación de Estados Unidos que puso fin a la guerra ruso-japonesa (1904-1905). Pero los cerezos en flor no tuvieron un comienzo auspicioso en Washington.

En 1910, las autoridades estadounidenses quemaron un envío inicial de 2,000 árboles por orden del Departamento de Agricultura, que dictaminó que eran portadores de insectos y enfermedades. El entonces secretario de Estado, Philander Knox, envió una carta a Japón lamentando la “dolorosa” decisión.

Tokio respondió mandando un nuevo cargamento dos años más tarde, esta vez de 3,020 árboles, que se plantaron con éxito en una ceremonia encabezada por la entonces Primera Dama, Helen Herron Taft.

Un nuevo revés se produjo cuando Japón y Estados Unidos se enfrentaron en 1941. Entonces cuatro árboles fueron talados en un presunto acto de vandalismo después de que Japón atacó Pearl Harbor. Pero los estadounidenses se organizaron de manera informal para proteger a los cerezos, los cuales se llamaron genéricamente “orientales” hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

En 1965, Japón donó otros 3,800 árboles, conocidos en japonés como “sakura”. Desde entonces, la popularidad de Festival Nacional de los Cerezos en Flor, que se celebra desde 1935 ha ganado renombre mundial.

Los cerezos en flor parecen “nieve en los árboles”, comentó Daniel Seow de Melbourne, Australia, mientras tomaba fotos. “Para mí, es muy japonés. Es la idea de que la llegada de la primavera marca el comienzo de lo nuevo y de que la belleza es efímera”, dijo.

“Yo había leído acerca de los cerezos en flor, pero venir aquí y verlos me impactó”, dijo por su parte Zack Zimko, quien viajó con su amiga Katie Head desde el estado de Delaware (este) para contemplar el espectáculo.

Washington, 20 de marzo de 2012 (AFP)
* Periodista de la Agencia France Press