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El gigante sudamericano: Brasil, vive su mejor momento, convirtiéndose en indiscutible líder de América Latina y jugador clave a nivel global. Su economía fue de las primeras en recobrarse vigorosamente de la reciente crisis financiera y desde entonces mantiene un impresionante crecimiento.

Los índices de pobreza disminuyeron sensiblemente, en tanto la desigualdad de los ingresos lo hace al ritmo que crece la clase media. Dado al descubrimiento de vastas reservas de petróleo en alta mar, considerados por algunos expertos el más prometedor de este siglo; Brasil ahora no solo es autosuficiente en materia energética, sino que está a punto de ser un importante exportador petrolero.

No obstante, las buenas nuevas deben preocuparse porque esta bonanza perdure, afrontando una serie de crecientes retos de política económica, algunos, vinculados con problemas cortoplacistas, mientras otros son más bien de mediano plazo.

A corto plazo urge prevenir el sobrecalentamiento económico; el crecimiento anual del PIB real superó el 10% en 2010, debido a políticas de expansión fiscal y monetaria y a favorables términos de intercambio. Han de asegurar la desaceleración de la demanda interna a un ritmo más sostenible, moderando la tendencia alcista sobre los precios que amaga la credibilidad del marco de políticas monetarias y objetivos de inflación.  

Oficialmente, Brasil se ha convertido en la sexta economía del mundo, relegando a Reino Unido a la séptima posición, lo confirmó el Centro de Investigación Económica y Empresarial, (CEBR, por sus siglas en inglés), con sede en Londres;  y acorde a su lista de diciembre, que ahora debe ser actualizada con los datos de  2011 de cada país; en el orden quedaría detrás de Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Francia.

En el 2011, la economía brasileña creció un 2,7%, índice bastante inferior al de un 7,5% registrado en 2010 su mayor expansión en 24 años, denotando un aumento de los costes y la falta de competitividad de algunos sectores de su economía. Con una población de 200 millones de habitantes, más del triple que Reino Unido, que registró un crecimiento de 7.5% en 2010, y prevé que cerrará 2011 con una expansión de 3.5%, pese a la turbulencia internacional.

Se han tensado los vínculos económicos Brasil-China, ulterior a quejas brasileñas de que el país asiático ha inundado su mercado de bienes baratos, restringiendo el acceso de bienes brasileños a sus mercados, exceptuando las materias primas. Ello acaece, tras la rápida expansión comercial entre ambos países, triplicado totalmente en los últimos cinco años a US$62.600 millones.

Los mandatarios Dilma Rousseff y Hu Jintao, en un comunicado conjunto exhortaron a una cooperación más profunda entre ambas potencias emergentes, firmaron una serie de acuerdos comerciales, especialmente la venta de aviones de la Empresa Brasileira de Aeronáutica S.A., Embraer, a compañías chinas.

Embraer anunció planes de producir aviones privados en una planta conjunta en China, amenazando cerrar la instalación a raíz que aquel gobierno le prohibió manufacturar aeronaves que compitieran con las fabricadas por una de sus firmas, según expresaron allegados al lado brasileño, tales dificultades son vistas en Brasil como obstáculos para hacer negocios en China.

Los acuerdos sobre los aviones se producen tras crecientes exhortaciones de líderes brasileños (entre ellos Rousseff), por mayor acceso a los mercados de China a bienes de valor agregado. En 2010, China incurrió en un déficit comercial de US$13.600 millones con Brasil, según datos de su gobierno ello fue impulsado por sus grandes importaciones de recursos naturales como mineral de hierro (el componente clave del acero)  y el alza en los precios de tales materias primas.

En un foro empresarial con líderes corporativos de ambos países, Rousseff expresó: “Actualmente, el comercio de Brasil y China se concentra principalmente en materias primas como mineral de hierro y soya, y eso no está mal”. “Pero el comercio más diversificado es la única manera de sustentar relaciones comerciales de largo plazo”.

Actualmente, Brasil se beneficia de un contexto externo favorable, fuerte credibilidad internacional y una prosperidad sin precedentes para segmentos cada vez mayores de la población. Más esta oportunidad no debe malograrse si consolida sus éxitos actuales, desarrollándose con ellos como base.

Río de Janeiro será sede de los Juegos Olímpicos en el verano de 2016 (el primero en Sudamérica), después de un importante repunte económico, tras los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva.

Pese a los logros a nivel macroeconómicos, aún persisten problemas de varias índoles, como la corrupción endémica, la migración, la informalidad, el crimen organizado, la disfuncionalidad de la familia nuclear y la sociedad en su conjunto. Empero, no hay duda que las perspectivas de Brasil han mejorado notablemente posicionándose como la sexta economía del orbe.

* Diplomático, jurista y politólogo

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