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El mayor aporte del periodismo cívico es rescatar el protagonismo real de la gente, de los ciudadanos en su vida cotidiana, y adicionalmente proporcionar a los medios de comunicación nuevas historias, temas y enfoques que diversifiquen su agenda y hagan más atractivo su producto informativo.

La pretensión fundamental del periodismo cívico es construir una agenda ciudadana, de modo que los temas que más le interesan a la gente que está fuera de cualquier tipo de poder (económico, político, etc.), se aborden en los medios de comunicación y que su enfoque sea desde la perspectiva de los ciudadanos y no de las elites.

Como es imposible e innecesario sustituir una agenda por otra, continuarán los temas de siempre del periodismo tradicional, de modo que el periodismo cívico es muy conveniente para los medios, sobre  todo los diarios de alcance nacional, porque fortalecería sus ediciones con materiales frescos y fascinantes presentados en formatos narrativos como la crónica y el reportaje.

Pero practicar el periodismo cívico o algunos aspectos del mismo no es tan fácil como parece, o, en otras palabras, enfrenta algunos obstáculos, principalmente culturales, porque se ha desarrollado una fuerte tradición de periodismo que prioriza las fuentes representativas de los grupos de poder y que de alguna manera menosprecia las voces ciudadanas.

En los diarios nacionales hay muchos temas de interés de la población, pero la mayoría de las veces son elaborados sin la participación de la gente que es la protagonista de esos asuntos, por ejemplo, efectos de alzas de precios, hambrunas o acciones ejemplarizantes o positivas que desarrollan los ciudadanos.

Lo mejor sería que los medios de comunicación no solo abordaran temas de interés para la población en general, sino que le sean verdaderamente importantes y que, además, con este abordaje vayan creando públicos, es decir, grupos de personas que no solo se integren como fuentes en dichos aspectos a tratar en los diarios, por ejemplo, sino que sean convocados a debatir al respecto, y que el producto de esas reflexiones --que también pueden ser acciones--, sea reportado periodísticamente.

Esa deliberación ciudadana en la que se intercambian puntos de vista y se crean consensos y disensos, se convierte en una verdadera opinión pública, no en una opinión publicada, tampoco en una opinión del Estado, sino en una opinión que viene desde lo genuinamente público como es la voz de los ciudadanos, es decir, la gente común y corriente expresándose esta vez de manera autonómica, como protagonista que es, y no por medio de los expertos, políticos, funcionarios estatales, líderes religiosos, etcétera, que suelen suplantarlos.

La experiencia colombiana “Voces Ciudadanas”, articulada desde la universidad Javeriana (Jesuita), logró unir a varios medios de comunicación social --escritos, televisivos y radiales— y desde estos se lanzaba una pregunta semanal sobre un tema de evidente interés de los ciudadanos.

Desde un centro de llamadas se recibían las respuestas y era llenado un formulario.

Una de las preguntas del formulario era si estarían dispuestos a participar en un debate cara a cara con otros ciudadanos, y de entre los que respondían que sí se formaban grupos de 15 personas que deliberaban sobre las tendencias de pensamiento que se identificaron al procesar los formularios.

De estas deliberaciones salía una agenda ciudadana, planteamientos genuinamente surgidos desde el corazón de la gente de a pie, y no de los voceros de los grupos de poder.

La agenda era presentada posteriormente a funcionarios como alcaldes municipales con la intención de que la integraran a sus planes, y todo era reportado por los medios, de modo que muchos temas o enfoques expresados por los deliberantes constituyeron ideas para excelentes historias.

Estos grupos de ciudadanos deliberantes dan así un salto cultural espectacular, pues dejan de ser pasivos miembros de las audiencias y se constituyen en verdaderos protagonistas, en personas que debaten sus problemas y que son capaces de que su punto de vista forme parte de la agenda de los medios y se conviertan en opinión pública.

En Nicaragua se podría replicar la experiencia positiva de “Voces Ciudadanas”, pero no es necesario llegar a ello para impulsar desde ahora que entre las fuentes indispensables de los frecuentes temas que no requieren solo de expertos, siempre esté presente la voz de la gente. De igual manera, que los medios y periodistas contribuyan a que los ciudadanos actúen en la solución de sus problemas, por ejemplo, la basura en cauces, calles y mercados.  

* Periodista. Editor de la revista Medios y Mensajes

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