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Mientras ciertas taras persistan, el escritor de ficciones buscará como sacarlas a flote, recrearlas, vengarse, desnudar sus excesos, los sufrimientos que provocan y las múltiples desgarraduras que dejan sobre el tejido social. Dispondrá toda su creatividad para expurgar los males que atormentan sus días y sus noches. Los tormentos no desaparecerán hasta haber expulsado del territorio de su vigilia los demonios que soliviantan su ánimo. A veces el contexto en que incurren los hechos sobrepasa las fronteras de su vida. Asume el reto y pone frente a nuestros ojos los mil brazos siniestros de la medusa, para que no asfixie y sus consecuencias dejen de ser letales para el resto de los miembros de su sociedad. Ese es el propósito de Juan Gabriel Vásquez en El ruido de las cosas al caer, (Premio Alfaguara 2011).

Las familias colombo-estadounidense Valverde-Fritts y Yammara-Rodríguez son arrastradas al precipicio por un ambicioso piloto. Junta el lugar donde se produce la droga con el país de su consumo. Los miembros de Peace Corps que llegaron por oleadas para ayudar a redimir nuestros males, enseñan a los campesinos colombianos técnicas para cultivar con esmero la marihuana, luego a mejorar el tratamiento de la pasta de coca. Una especie de roundtrip. La trama pone en evidencia que el mayor estímulo para el cultivo de la coca hunde sus raíces en suelo estadounidense.

Elaine Fritts llega a Colombia como voluntaria del Cuerpo de Paz, su compañero en La Dorada, Mike Barbieri, un drop-out de la Universidad de Chicago, por casualidades de la literatura, llevaba dos años de estar en Colombia, antes había trabajado otros dos con campesinos de Ixtapa y Puerto Vallarta, y mucho antes “había pasado unos cuantos meses en los barrios pobres de Managua”.

El entrecruzamiento de sus vidas con Ricardo Laverde, da como resultado un testimonio de todo lo acontecido. Una llamada telefónica, igual ocurre en La Reina del Sur (2002), precipita en los abismos a Antonio Yammara.

Maya Fritts le invita a visitarle para ponerle al tanto de lo sucedido. La hija de Elaine y Ricardo, piensa que Antonio puede atar los cabos sueltos de la relación fallida con su padre. Antonio deseaba a la vez conocer los pormenores de la vida de su compañero de infortunio. Ricardo muere acribillado a balazos en Bogotá cuando salían de jugar billar y los tiros también desgraciaron su vida. Se juntan para rememorar el pasado.

Vásquez nació el mismo año que Estados Unidos fundó la Drug Enforcement Agency, repasa los gloriosos años 70, evoca al presidente Nixon, quien utilizó por primera vez la expresión guerra contra las drogas, una lucha fallida. El presidente guatemalteco Otto Pérez Molina volvió a poner sal sobre la llaga. El consumo de drogas debe legalizarse. Como advierte Ricardo Volpi en El insomnio de Bolívar (2010), “Los estados invierten enormes sumas de dinero para combatirlos –gracias a las ayudas millonarias que mendigan en Washington- sin esperanza de derrotarlos”. El mexicano propone “la legalización de ciertas sustancias” y crear un amplio sistema de salud que atienda a los adictos en Estados Unidos y en otras partes. Caso contrario, “América Latina, gran productora y transito obligado que se dirige al resto del mundo, seguirá desangrándose en una guerra desigual y acaso inútil.”

Al final sigo preguntándome, ¿El ruido de las cosas al caer merecía ganar el Premio de Novela Alfaguara 2011? Tengo enormes reservas. Ningún personaje resulta memorable. Tal vez se salva Ricardo Laverde. Convierte a Antonio Yammara en crítico punzante de su sociedad y felizmente lo convierte en un hombre aquejado por complejos propios del macho latinoamericano. Los balazos lo dejan mutilado sexualmente. Después de varios años de abstinencia su mujer busca como salvar su matrimonio.

Compra un vibrador para que supla su impotencia. Se niega a usarlo. La noche que duerme con Maya Fritts, sintió el fuego de sus besos, “su lengua inútil me recorrió sin ruido, y luego su boca resignada volvió a mi boca y solo en ese momento me di cuenta que estaba desnuda”. ¿Volvió a la vida o renació de nuevo? “… mi mano recorrió sus senos y Maya la tomó en la suya y la puso entre las piernas y mi mano en su mano tocó el bello liso y ordenado, y luego el interior de los muslos suaves, y luego su sexo”. Algo que jamás intentó con su mujer.

Maya lo redime. ¿O será tarde? Cuando vuelve a su casa, Aura y su hija Leticia ya no están. Vásquez deja abierto el final para forzarnos a imaginarlo. ¿Se reencontrarán de nuevo? ¿Antonio y Aura se darán una nuevo chance? La decisión está en tus manos, ni siquiera del novelista. Una historia desgarradora dentro de un mundo alucinante.

* Escritor, abogado y comunicólogo

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