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El auge del turismo como alternativa económica en la última década ha sido generador de empleos, ingresos familiares y explotación racional de los recursos naturales; actividad conocida como desarrollo sostenible. Sin embargo, retos y desafíos asumen gobiernos locales, cooperativas y particulares que buscan beneficiarse de todo un ecosistema. De ahí parten acciones para conservar los recursos naturales y definir mejoras socioeconómicas para las comunidades circundantes.

La promesa para beneficiar a las comunidades es un eje transversal que permanentemente va a ser incluido en los planes y proyectos.

Es esa la política de la Cooperativa de Servicios Múltiples para el Desarrollo del Turismo de Las Segovias, Coodetur, que utiliza las viejas fincas de café, chagüites y frutales extensos, hermosos y caudalosos ríos, gente amable y laboriosa que oferta diversos servicios, pero sobre todo, disponen del emprendedurismo para que los segovianos demuestren al mundo los recursos naturales que pueden aprovechar.

En el llamado desarrollo muchos “progresistas” solo ven hoteles de campo, gente en los ríos y volcanes, discotecas con jóvenes consumiendo variedades de licores o conduciendo en las playas, aunque las leyes no lo permitan; derroche de vestuario, comida, perfumes, celulares de moda, etcétera. Sin embargo, ocultan el perjuicio que a largo o mediano plazo va a padecer la localidad o por la explotación del recurso humano.

En la comparecencia del académico mexicano Neftalí Monterroso durante el I Simposio Internacional de Turismo Sostenible en la UNAN-León, se muestran los aspectos negativos cuando el turismo no se desarrolla con responsabilidad y pone de ejemplo a la comunidad garífuna Triunfo de la Cruz, donde se refleja el individualismo. Allí todo depende de los intereses de grandes capitales y quienes ostentan el poder. Por “desarrollar” un complejo turístico han comenzado a adueñarse de propiedades comunales, lo cual ha provocado enfrentamiento entre bandos.

Sobre esta misma lógica, la Fundación Luciérnaga, en una comparecencia con estudiantes, demostró las afectaciones que ocurren cuando el ser humano en el desarrollo de la “industria sin chimenea”, más bien perjudica la vida cotidiana de los tradicionales habitantes: costumbres, tradiciones y su salud integral.

No se puede ocultar la explotación de menores de edad en la colonial Granada, la basura en las playas de San Juan del Sur, Poneloya, Corinto, o la contaminación acelerada del gran lago Cocibolca, la colonización de la Laguna de Apoyo, etc.

Los intereses de los grupos de poder están por encima de esa sostenibilidad. Mucha propaganda refiere que se hace turismo sostenible, pero realmente es explotación de recursos naturales. Se debe mencionar también a las cooperativas que conviven con su entorno, con o sin mayor intervención en el medio natural.

En el simposio mencionado, Magally Rueda Acosta enfatizó en la incidencia del turismo en la cordillera Los Maribios a través de la cooperativa Las Pilas-El Hoyo. Una vez que escuché la ponencia y conociendo perfectamente el lugar, me quedan más claros los intereses. Tal lo conocen los turistas que van de la ciudad en vehículos hasta el volcán Cerro Negro, sin contacto directo con la gente de la zona. ¿Qué estrategias utilizan para que el campesino cuente sus experiencias al turista europeo o americano que verdaderamente le interesa conocer la cotidianidad?, ¿De cuánto es el ingreso de la Alcaldía para manutención de caminos y construcción de drenajes? Habrá que ver. Quizá rendir cuenta públicamente y permitir el trabajo libre de los comunitarios podría terminar con el negocio que por más de seis años han monopolizado.

Recientemente, jóvenes leoneses y chinandeganos fueron al volcán. “La experiencia fue amarga”. Pagar dos dólares sin factura que dé confianza; no hay guía que indique científicamente lo que ofrece el lugar y, por último, el Cerro Negro en las últimas erupciones ha depositado miles de toneladas de arena y ceniza. “Tantas afectaciones que ha causado y ahora los leoneses tenemos que pagar para entrar sin un servicio eficiente”. Asimismo, a los locales los ven como extraños, sin poder entrar libremente con su ganado a recoger leña o subir al volcán.

Este caso es reflejo de mal uso del turismo. Quienes “trabajan” en el complejo volcánico es un grupo de personas que han mejorado económicamente y que habitan muy lejos del lugar. Cuando hay erupción no son los más afectados.

El desarrollo del turismo es parte del progreso comunitario donde se ejecuta un proyecto sin modificar la vida social, la salud, la economía, la alimentación tradicional, la cultura autóctona, la protección del ecosistema y el fomento de las relaciones humanas. Es saber obtener recursos para su explotación, pero más aún retribuir por los “beneficios”.

*Docente Comunicación Social UNAN-León