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Como bien dijera el señor Fabio Gadea Mantilla en un artículo de opinión recién publicado, el asunto del Canal Interoceánico por Nicaragua es puro cuento o sueño politiquero que ha servido, a través de nuestra historia, para distraer o disfrazar de héroe al mandamás de turno.

Ofertas por un cuarteto o cinco alternativas, todas de miles de millones de dólares se han planteado. Financieros, ambientalistas, aventureros de maletín con fajos de planos y un sinnúmero de señores especialistas, hemos contabilizado. Inclusive, se habla de poderosas naciones realizando el soñado surco, pero nadie nos dice el costo, incluyendo la destrucción que deberemos pagar, pues quien da plata, somete. Si no cree, revise la historia de los otros grandes canales.

Tampoco los gobernantes transcurridos han consultado a los ciudadanos comunes si quieren la vía y ni asomos han existido de tal pregunta. Al menos yo, como uno más de los cinco millones, no quiero el canal.

¿Acaso me sentiría orgulloso de aprobar el destrozo de nuestra fauna y flora? ¿Estaría yo consintiendo contaminar más nuestros lagos y ríos? ¿Aceptaría que unos cuantos se embuchacaran montonales gigantescos de plata?... No, no quiero el canal.

¿Que si necesitamos fuentes de empleo? Sí, pero hay otros medios. Según diversas comunicaciones científicas, el agua es el futuro petróleo cristalino…Y tenemos mucha ¿Acaso es inteligente arriesgar más esta fuente de empleo y de riqueza mejor distribuida?

Además, sabemos que generar comida es de futuro inmediato y el binomio agua-agricultura es vital… No, no quiero el canal.

¿Usted admite, estimado lector, que Panamá se va a cruzar de brazos con 100 años de experiencia y fuga de sus divisas? ¿Que competiremos? ¿Que disolveremos sus conectes, su flota naviera de bandera panameña? ¿Que preferirán a Nicaragua? No creo, y la penqueada que nos darían los del tamborito se parecería a los KO sflats de Alexis. Es más, groguis y enjaranados, causaríamos mucho pesar… No, no quiero el canal.

Habrá otras razones fallucas y algunas quizás aceptables, pero no, el canal, no.

Y eso de “garantizar que Nicaragua sea la dueña de su canal” ¡Cómo no, Chón! ¿Y si aparece un nuevo “Cadejo”?: ¡Ay Dios mío, agárreme confesado!... Menos mal que el cuento es tan solo eso, cuento… Y de hadas.

*El autor es arquitecto y musicólogo