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En materia laboral el trabajo doméstico remunerado es desarrollado por aquellas personas que prestan servicios propios del hogar a una persona natural o a una familia, en la casa de habitación de esa persona o familia, de forma habitual o continua, y sin que ese servicio genere lucro o negocio para el empleador. Entre estos trabajadores tenemos al conductor, al portero, al vigilante, al jardinero, a la cocinera, a la niñera, a la que lava y/o plancha, el ama de llaves.

El trabajo doméstico remunerado es una de las varias condiciones especiales de trabajo, y tiene los mismos derechos que el resto de personas trabajadoras, por lo que, a quienes lo hacen se les debe reconocer sus prestaciones sociales como salario no inferior al mínimo, vacaciones, decimotercer mes, indemnización por antigüedad, horas extras.

Igualmente tienen derecho a que se les respete su jornada de trabajo y a que se le afilie al régimen de la Seguridad Social obligatoria para gozar de esos beneficios; sin embargo, si su empleador no la afilia, deberá asumir los gastos médicos por enfermedad común o enfermedad laboral, y el suministro de los medicamentos requeridos. En caso de que fallezca o quede incapacitado permanentemente en algún accidente de trabajo, se le debe indemnizar conforme al Código del Trabajo.

Esta fuerza laboral en nuestra realidad es vulnerable y sus derechos le son violentados en muchos casos; también es inestable y en determinadas situaciones ha sido un medio para la comisión de hechos delictivos. Estas personas trabajadoras son necesarias y no constituyen privilegio para sectores pudientes.

En cualquier estrato social se precisa de un trabajador del servicio doméstico, que por lo general es realizado por mujeres. No tenemos cifras exactas sobre la cantidad de personas que trabajan en esta actividad; sin embargo, se especula que supera las 114 mil. En cuanto a la Seguridad Social, al 2010, en el conglomerado de otros servicios comunales, sociales y domésticos se registran apenas 3,829 asegurados.

Independientemente de los ingresos de los empleadores de trabajadores del servicio doméstico, existe una brecha entre lo que estipula el Acuerdo del Salario Mínimo y lo que verdaderamente se les paga a estos trabajadores. Según información periodística variada los salarios que devengan oscilan entre 500 y 2,200 córdobas mensuales, según el departamento en donde laboren. No obstante, la situación económica salarial de muchos empleadores o “patrones, no constituye excusa legal para incumplir con el pago.

También es conocido que en muchas casas de familia hay un exceso en la exigencia del trabajo del servicio doméstico, que podría ser hasta humillante. Otro problema es que muchos empleadores devengan el salario mínimo estipulado en su actividad laboral, lo que significa que no tienen capacidad de pago del salario de la persona trabajadora del servicio doméstico.

Legalmente no hay un mecanismo armonizador de las relaciones laborales en donde se conjugue lo que se fija como salario mínimo y lo que verdaderamente es la capacidad de pago de miles de personas que, siendo trabajadores y sobre todo mujeres, necesitan por ejemplo, una doméstica que se encargue del cuido de la casa y de los niños.

Para esta situación predomina el acuerdo solidario entre la parte contratante y la contratada, lo que no significa que ante un conflicto laboral, la persona trabajadora no pueda reclamar el complemento del pago del salario mínimo que no se le ha pagado en el tiempo, ya que el reclamo del salario mínimo no se pierde, es imprescriptible.

En cuanto a la afiliación a la Seguridad Social, a la que legalmente tienen derecho pero es optativa; también es cierto que de lo poco que se les paga, se le debe deducir la cotización del INSS, lo que disminuye aún más el valor adquisitivo de su salario.

En cuanto al empleador, deberá someterse a la burocracia administrativa para cumplir con sus obligaciones, entre las que está cotizar de sus propios ingresos.

La protección jurídica y su efectividad, para el trabajo doméstico remunerado, no será fácil de conseguir en su plenitud, ya que los factores sociales y económicos siempre lo limitarán, sin embargo es imprescindible que todos reconozcamos los meritos de dicha actividad laboral y darle la importancia que tiene, puesto que constituye un engranaje más en la actividad del empleador y de cada uno de los miembros de su familia.

Ser trabajador del servicio doméstico no es distinto de otra persona trabajadora de cualquier sector de la economía. Todos los trabajadores en general tenemos Derechos Fundamentales consagrados en la Constitución Política, en las leyes y en los tratados internacionales. Vale pues referir que todos tenemos la responsabilidad social de garantizarle a estos trabajadores esos derechos.

* Abogado y Notario
abogadoemr@hotmail.com