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Lo que para un país en desarrollo como Nicaragua podría ser algo deseable, para Brasil se ha convertido en un problema de grandes proporciones. Nos referimos a los masivos flujos de capital externo que ingresan a ese país suramericano, que de acuerdo a informes recientes es considerada la sexta potencia económica mundial.

Cualquiera que sea la modalidad de los influjos de capital externo: Inversión Extranjera Directa, IED, Inversión de Cartera, préstamos y otros pasivos de inversión, esos recursos son beneficiosos en la medida que permiten financiar proyectos de inversión a las economías con bajas tasas de ahorro, a la par que favorecen el desarrollo de los mercados financieros, entre otros.

Pero cuando los ingresos de capital externo son excesivos, tienen el impacto negativo de apreciar los tipos de cambio, con lo cual las exportaciones pierden competitividad. Además, se alimenta la formación de burbujas financieras y se incrementa el consumo y la inversión, y esto último genera un aumento en el déficit en cuenta corriente. Todo esto es lo que ha venido ocurriendo en Brasil a partir del 2009.

La Cepal señaló que en 2010 la inversión de cartera constituyó un componente creciente de la cuenta financiera de América Latina y el Caribe. Este fenómeno se vincula al significativo incremento de la liquidez mundial, por la reacción de los gobiernos de los países desarrollados para hacer frente a la crisis financiera global y por el menor riesgo relativo existente en la región.

Brasil es uno de los países latinoamericanos que exhibieron en 2010 los mayores influjos netos de IED, inversión de cartera y otros pasivos de inversión, lo cual explicaría su elevada acumulación de reservas. Por otro lado, según el Banco Central del Brasil, BCB, en  el 2010 la moneda local, el real, se apreció en un 4.6% con respecto al dólar, para un acumulado de 108% desde el 2003.

Para contrarrestar los efectos negativos de los influjos de capital externo, especialmente la apreciación de su moneda, Brasil implementó controles de capital. El propósito es que sus exportaciones no pierdan competitividad ni se ponga en peligro el empleo y el crecimiento de la producción.

Cabe señalar que la posición normativa que mantuvo el FMI durante la vigencia del Consenso de Washington (1980-2009), sobre control de capitales, cambió a partir de febrero 2010 al declarar  que estos controles pueden ser útiles como una herramienta de política económica regular, incluso cuando no hay crisis por la cual haya que reaccionar.

En el 2010 Brasil estableció un impuesto sobre las operaciones financieras, IOF, que gravaba préstamos externos y bonos con plazos hasta dos años emitidos en los mercados de capitales externos. Inicialmente el IOF era del 2% pero se ha incrementado hasta alcanzar el 6% en 2012.

En el 2011 se aplicó un encaje no remunerado del 60% de las posiciones que los bancos mantenían en dólares, que superaran los 3,000 millones de dólares o el valor patrimonial de referencia de las instituciones. Este encaje sería recolectado en efectivo por el BCB.

También se ha venido reduciendo la tasa Selic (Sistema Especial de Liquidación y Custodia), que es la tasa referencial de financiación en el mercado interbancario para operaciones de un día (u overnight). Esta reducción induce a los bancos a rebajar sus tasas de interés sobre las cuentas de ahorros, donde se ubica buena parte de los influjos de capital extranjero.

La apreciación del Real en los dos primeros meses del 2012 ha conducido a endurecer los controles. Recientemente, el BCB recortó 75 puntos base a la tasa Selic y se esperan más recortes. Además, la Presidenta Dilma Roussef amplió el alcance del impuesto IOF, al aplicarlo a deudas con plazos hasta de 5 años.
A pesar de un debilitamiento del 5% en el real, en lo que va de marzo de 2012, algunos economistas plantean dudas sobre la efectividad del IOF a largo plazo, porque supuestamente afecta solo a una pequeña porción de la deuda corporativa de Brasil.

En cuanto a la efectividad del Selic, se anticipa que una política fiscal laxa y un ajustado mercado laborar alimentarían las presiones inflacionarias para finales del 2012, lo que conduciría de nuevo a mayores tasas de interés en el 2013.

Queda, pues, un largo y tortuoso camino a las autoridades brasileñas para recuperar la economía, equilibrar las tasas nacionales e internacionales, y mantener la inflación bajo control.

Asesor empresarial.
ExGerente del Área Internacional del
Banco Central de Nicaragua