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Siria es todo un mosaico de elementos que se pueden observar a  la hora de pretender entender su enorme complejidad. El primer actor del  drama sirio, es sin duda alguna, el presidente de ese país, Bashar Hafez al Assad, de profesión oftalmólogo y presidente durante los últimos 12 años tras la muerte de su padre Hafez al Assad, que gobernó Siria por 29 años.

Este último dato parece pesar más para muchos sirios, que todo lo bueno que haya podido hacer su familia durante sus cuatro décadas de poder. Como tampoco ya importa para Occidente, que bajo el mando de su padre Siria integró la coalición dirigida por los Estados Unidos para liberar a Kuwait de Iraq en 1990.

Para los EU solo hay un culpable y este tiene que abandonar el poder. Esa es la única solución. De lo contrario se le derrocará por la fuerza y su final será igual o peor que el de Muammar el Gaddafi en Libia.

Bajo esta ultima lógica y en el contexto de las de las revoluciones árabes, el régimen de Bashar al- Assad debería ya haber atravesado diversas etapas que lo deberían tener en situación de jaque mate. La primera etapa: ante el levantamiento de los rebeldes y la segura represión del régimen como respuesta, el Consejo de Seguridad de la ONU habría logrado alguna resolución algo parecida a la famosa Resolución de 1973, que establecía solamente una zona de exclusión aérea para la protección de los que protestaban en Libia.

Segunda etapa: la comunidad internacional, ya habría no solo condenado al régimen, sino aplicado diversos tipos de sanciones contra este; tales como el congelamiento de sus cuentas bancarias en el exterior, y desprestigio global al régimen. Tercera etapa: los rebeldes dirigidos por mercenarios y especialistas militares (tropas elites encubiertas de los ejércitos occidentales) dominarían las principales ciudades. El Ejército sirio debería estar desarticulado, y ya que por muchas razones está mejor estructurado que el Ejército libio, la intervención militar de la OTAN estaría en pleno apogeo.

Cuarta etapa: un Consejo de Transición Nacional estaría ya reconocido por las principales democracias occidentales y Bashar al Assad debería estar escondido de ciudad en ciudad por todo el país, buscando refugio en el extranjero y rogándole a Alá no terminar como el coronel Gaddafi. Y Sin duda alguna siendo requerido por la Corte Penal Internacional.

Sin embargo, el resultado del patrón seguido como guión en las famosas Revoluciones de las Primaveras Árabes, ha tenido ciertas modificaciones. En los  países que atravesaron estos procesos la  violencia interna no duró tanto como en Siria. Después de un año de conflicto local, pareciera que el Ejército sirio y las fuerzas de Seguridad han recuperado cierto grado de control a su favor.

Tras el posible debilitamiento de los protestantes locales, incluida aquí la oposición política, el segundo campo de lucha de las fuerzas del régimen es combatir y eliminar a mercenarios extranjeros que asesoran a los rebeldes sirios, y sobre todo a los miembros de Al-Qaeda, que lejos de haber sido eliminados en diez años de guerra contra el terrorismo por parte de los EU, es hoy más fuerte en toda la región del Magreb, hasta llegar a Asia insular.

El conflicto se regionalizó al oficializarse el envió de armas  y todo tipo de ayuda a los rebeldes por parte de países como Qatar  y Arabia Saudita y el apoyo militar, que Irán está proporcionando al Gobierno de Siria. Pero el conflicto en Siria no se limita al involucramiento de países de la región, países como Rusia, China, que tienen intereses geoestratégicos en esa región, no ven con buenos ojos el avance geopolítico de Occidente, ni su recuperación económica basada en guerras que le permitan a sus empresas y corporaciones monopólicas controlar y explotar a su favor los recursos naturales de esta región.

Tan importante parece ser la apuesta en la mesa, que Rusia ha actuado en varias direcciones en el marco de este conflicto. En el concierto de la diplomacia multilateral, vetó la resolución que preparaba el Consejo de Seguridad de la ONU hacia Siria. Por sí su veto y el de China eran ignorados, envió armamento sofisticado a Siria para fortalecer su defensa antiaérea y evitar que se repita la actuación aérea de la OTAN en Libia.

Se hizo pública la visita del jefe del Servicio de Inteligencia exterior rusa a Siria, y hasta hoy se desconoce la temática abordada, así como la asistencia rusa en esta línea.

Desde la perspectiva del Derecho Internacional y la Diplomacia, que integran instrumentos para la solución pacífica de controversia, Rusia y China han jugado un papel muy importante, no solo para salvar al Gobierno sirio, sino para revertir los modelos de desestabilización y derrocamiento de regímenes vía operaciones encubiertas e intervención militar disfrazada que la diplomacia multilateral no ha podido contener ni evitar en otros casos.

En Siria, gracias a la división de criterios en el seno de Consejo de Seguridad de la ONU, el escenario para la solución del conflicto ha adquirido otras perspectivas. La oposición y el gobierno tienen posibilidades de negociar con posibilidades de evitar un baño de sangre aun mayor. La ONU ha podido jugar un papel con mayor relevancia más allá de  aprobar una resolución que le abra el camino a la intervención militar desmedida de la OTAN. Desde luego que el camino de Siria para alcanzar estabilidad y paz aún es muy largo por recorrer, pero el solo hecho que hasta ahora la diplomacia mantiene espacios de acción, es ya bastante significativo.

Msc. Decano de relaciones
Internacionales, Unicit