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“Soy bachiller del Ramírez Goyena”, era la presentación y la identificación de todos los que, como yo, tuvimos el privilegio y el legítimo orgullo de cursar los estudios de Secundaria, y de bachillerarnos, en el Instituto Nacional Central de Varones; colegio público al que ya para entonces se le había agregado el nombre del ilustre hombre de ciencias, el primero de Nicaragua, don Miguel Ramírez Goyena, sabio, especialmente en botánica, matemáticas y física.

El temple mantenido en todos los actos de su vida, su amplia contribución a las ciencias, su acrisolada ética, su coraje y entereza ciudadana, sin lugar a dudas conformaron la esencia del legado de valor y dignidad que ha inspirado siempre al Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, a través de la historia de la docencia  de nuestro país.

La muerte del insigne maestro constituyó un rudo golpe a la educación pública, especialmente a la enseñanza media y, particularmente, para el gobierno de la República que encabezaba don Adolfo Díaz, quien había emprendido con patriótico entusiasmo una verdadera cruzada en favor de la educación pública.

Cómo no sentir orgullo al identificarme como bachiller del Ramírez Goyena, en el que tuve el privilegio de haber sido alumno de los mejores maestros de ese tiempo, entre los que recuerdo a Diego Manuel Robles, Ricardo Amaya, Leónidas Fletes, Octavio García Valery (mi padre), Adán Cajina, Luis Santiago del Palacio, Félix Erraiz Serrano, Santiago Melendros, Orlando Urroz, Luis López, Edgar Santos Fernández, Darío Zúniga Pallais, Buenaventura Martínez, Francisco Zelaya, (Panchón), don Tomás Urroz y Mauricio Pallais Lacayo; todos ellos destacados profesionales, médicos, abogados, ingenieros y químicos que ponían de sí lo mejor de sus conocimientos para transmitirnos su sabiduría y su hidalga posición frente a la vida. Para todos ellos mi imperecedero reconocimiento y mi más respetuoso homenaje a su memoria.

Cinco años después de haber egresado del instituto, volví a él después de haber concluido mis estudios de Derecho en la Universidad Nacional de Nicaragua, que tenía su sede en la ciudad de León; atrás habían quedado mis años de estudiante, y, esta vez, regresaba a mi querido colegio ya no como alumno, si no como profesor de las asignaturas de historia, cívica, economía política, sociología y filosofía, que impartí durante varios años. Entre mis alumnos más destacados recuerdo a Tulio Tablada y a su hermano; Teresa Blandino (un verdadero talento y mi mejor alumna de historia durante todos los años en los que impartí clases), David Tejada Peralta, Tulio Solórzano, Rubén Halfstermayer, Roberto Cedeño Borgen, René Mayorga, Isabel Tablada, Róger Cerda y muchos otros más, cuyos nombres me sería imposible enumerar en esta página, pero a los que recuerdo con mi mayor cariño.

EL NUEVO DIARIO dedicó por entero su página 12-A del domingo 6 de marzo a nuestra figura emblemática, el sabio profesor don Miguel Ramírez Goyena y al Instituto Nacional Central Ramírez Goyena. Aún recuerdo con sentida nostalgia a mi colegio y a mis compañeros de estudio, destacándose dentro de ellos Bernardino Vanegas Lacayo, Pedro Barberena, Gustavo Vega Pasquier, Enrique Cisne Blanco, Edmundo Picado, el siempre recordado René Figueroa Escobar, Julio César Avilés, Adolfo Muñiz Otero y Oscar Briceño (todos ellos se graduaron de abogados unos años después); Jorge Solórzano Villalta, Heriberto Espinoza Carrillo, Roberto Hodgson y Clemente Guido Chávez, quienes se graduaron de médicos; Luis Napoleón Quinto, Bismarck Leytón, Eduardo Vanegas y Miguel Madrigal, quienes se graduaron y posteriormente se destacaron en Farmacia y Química.

Recuerdo también con gran cariño a Róger Morales Palacios, Antonio Rodríguez García, Juan Pérez, Ramón Bonilla Fajardo, Olga Palacios, Ernestina Amador, Graciela Amaya, Gloria Sánchez y Edgard Romero Molina.

Hablar de los hombres ilustres que se bachilleraron en el Ramírez Goyena, antes y después de nosotros, sería como para escribir varios tomos de una enciclopedia, pero no puedo vencer la tentación de enumerar aunque sea a unos pocos de ellos, entre los que vale la pena mencionar a Francisco Laínez, Francisco Frixione, Uriel de la Rocha, Paul Cajina, Agustín Avilés Sediles, Enrique Frixione, Virgilio Godoy Reyes, Otoniel Argüello, Max Mayorga, Miguel Ángel Flores García, Oscar Tenorio Hernández, Róger Arteaga Cano, Edgard Tijerino Mantilla, Roberto Sánchez Ramírez, Gilberto Cuadra, Aura Pacheco, Carlos Quiñónez, Alejandro del Palacio, Sofonías Cisneros, Socorro Avilés, Ramón Cisneros Leiva, Juan José del Palacio Hernández,  Aura Lila Carrillo, Carlos José Salas Libby.

Reciban mi sempiterno homenaje todos los que fueron mis ilustres maestros, mis alumnos, los personajes notables que con sus actuaciones durante sus vidas honraron siempre el nombre de nuestro colegio y, finalmente, mis compañeros de estudio, en especial Clemente Guido Chávez y Lilliam Lugo Castillo, quienes por sus relevantes méritos llegaron a  ser las figuras emblemáticas de nuestra promoción.

La Patria algún día hará memoria de todos ellos. Yo, mientras tanto, aún con vida, solo puedo ofrecerles mi respetuoso homenaje cargado de recuerdos, mis nostalgias por los tiempos idos que compartí con ellos en esa inolvidable etapa de mi vida, y todas las resonancias de mi voz, que aún hago oír orgullosamente, exclamando: Soy bachiller del Ramírez Goyena.

Managua, 21 de marzo de 2012

* Abogado