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A don Luis Rocha

En verdad, y lo confieso, que el libro “Me quema la palabra”, cuyo autor es mi destacado y reconocido intelectual –poeta y escritor- Luis Rocha, refleja y sintetiza un absoluto dominio de los varios caminos transitados por Luis, en los que se definen logros propios muy vividos y sentidos de situaciones de nuestro entorno sociopolítico- y cultural.

Descubro en este libro que comento, y recientemente presentado en Masaya, mi amada ciudad, en presencia de un público que estuvo bien atento a lo expuesto por Rocha como la lectura de algunos capítulos de hechos vinculados con personajes relacionados a la vida política de Nicaragua. De entrada encontramos –decía- que en lo propio del género de la fábula revela un manejo mágico, bien hilvanado, que lleva al entusiasmo.

Y agrego que las Pláticas de caminantes son un convite para caminar y también escuchar las pláticas maliciosas y bien sostenidas de los canes Sherlock y Watson, que alimentan al texto con consideraciones de mucho aplauso.

Al libro “Me quema la palabra”, que tengo en mi poder con fina dedicatoria de Luis, lo clasifico como una publicación de mucho mérito y un reputado triunfo de mi fraterno Luis Rocha. Y es oportuno en este comentario en EL NUEVO DIARIO entrar y anotar brevemente detalles de lo que es la palabra en sus alcances dentro del enfoque que generan con sapiencia ilustres estudiosos de la gramática, en procura de marginar los vicios del lenguaje, y usar en su momento la inteligencia para no caer en palabras y frases vagas, imprecisas y muy lejos de su contenido esencial.

Es importante conocer a fondo la sintaxis y desinencias verbales para garantizar escritos bien pulidos, con galanura. Ahora, desfilen sus impresiones del valer y del honor de la palabra bien conceptuada y, son ellos, don Pablo Neruda y S.S. Benedicto XVI. Y dijo Pablo:

“Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos”; y dijo más: “Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras”.

Finalmente, en una sola frase, pasé lo escrito por el Papa Benedicto en su libro “La palabra de Dios y la Iglesia”. La palabra de Dios confiesa que “tal palabra es verbo, y carne con un representante exclusivo, Dios nuestro Señor”.

* El autor es miembro del Instituto de Estudios del Modernismo, Valencia, España