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Inexplicable, en algunos pensantes del mundillo político, el empecinamiento en buscar sesgos políticos a la visita del Papa a México y Cuba. Ríos de tinta, papeles y saliva en hipótesis que quieren imponer: por qué a Cuba y México; que si es una lección a los Castro, si debía o no reunirse con tales grupos, etc.

Humanamente es bueno que Benedicto XVI o cualquier otro Papa visite el mundo entero. Pero no hay más necio ni sordo que el que no quiere oír el mensaje, basado en la palabra de Dios.

Cuba siempre causa revuelo. Y el Papa, esté donde esté, habla para todos. El texto de su homilía en La Habana, a disposición en Internet, habla clarísimo. Dijo: “Vengo a Cuba como peregrino de la caridad para confirmar a mis hermanos en la fe y alentarles en la esperanza”. No quiere decir que el mensaje no le deba llegar a todos los católicos del mundo, o que en el pueblo no estén incluidos los dirigentes o gobernantes... O sea: para unos y no para otros.

El mensaje no excluye a opresores, dictadores, ni corruptos. Al Papa le caben diplomacia y estilo propios de su cargo y su lenguaje es acorde y sincero. Benedicto habló para ese gran pueblo cubano, dividido no solo por las 90 millas más cercanas y a su vez, las más lejanas de la historia política; los cubanos de la Isla (a su vez divididos, como en toda sociedad de posguerra o en conflicto) y los de la llamada “diáspora”, divididos también.

El mensaje es para todos: cubanos, no cubanos, los obcecados de Miami, aquellos que creen tener la verdad, atenidos a su becerro de oro y tan o más culpables que otros dirigentes políticos del mundo, espurios por tolerantes y promotores de la explotación y humillación de sus congéneres.

La Biblia es palabra viva, pero somos los cristianos quienes debemos hacerla nuestra y transformarla en mensaje de vida, de amor, justicia y paz. Las lecturas correspondientes a ese 28 de marzo (Dan. 3, 14-20 y Luc. 8-15), hablan de la convicción de los jóvenes que prefieren la muerte en el fuego del horno antes que traicionar su fe y su conciencia de justicia y amor, y de la labor para que la semilla caiga en tierra fértil y dé frutos.

¡Mensaje claro, Dios Santo!, para seguidores de Cristo, oprimidos y opresores. Benedicto apunta: “…la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad, proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos.

Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse… Por otra parte, hay quienes interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en “su verdad”, intentando imponerla a los demás… Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad”.

Benedicto nos habló de la verdad, libertad y la dignidad inviolable del ser humano. Conceptos que puestos en práctica nos deben llevar a ser mejores personas, dirigentes y ciudadanos. Pero quienes alejados de Dios se empecinan en aplicar leyes excluyentes, aniquiladoras de toda dignidad, donde las políticas de salud son una miasma y los más pobres o desempleados no tienen acceso sin antes comprar un buen seguro medico. ¿No son ellos los Pilatos de hoy?

En Estados Unidos, donde se creen paladines de la libertad y la democracia, el publicitado Rescate 911 es una empresa comercial cuyo cobro por llevar a una persona al hospital cuesta la salvajada de 900 dólares. No hay traslado gratis. ¿Qué cubre el Estado por si solo, con cero atención para desempleados, indigentes e ilegales? Y así por el estilo, otros gobiernos-Pilatos.

El Papa, recordó al padre Félix Varela (Cuba 1788-La Florida 1853), como ejemplo preclaro a seguir en la prédica de la fe y en sus principios de ciudadano. Félix Francisco José María de la Concepción Varela Morales, hijo y nieto de militar y gobernador español, considerado por su extraordinaria labor educativa y entrega a los desvalidos en Cuba, España y New York, con el mérito además, de ser el formador de la  nación cubana y un pionero enseñando a pensar a su pueblo (“No hay patria sin virtud”: Madrid, 1836).

No obviemos la calidad del montaje artístico para esa homilía. El acompañamiento musical de una orquesta insuperable y un coro de 200 voces, conducido por Alina Orraca, laureada desde jovencita (Segundo Premio del 8vo. Festival de Jóvenes Músicos y Actores, en Viena, Austria, 1979); y espectaculares arreglos con el sello de la música cubana del saxofonista Conrado Monier. Orgullosos estarán quienes hayan recibido talleres en Nicaragua y el mundo con ellos...

Cuba y el mundo necesitan cambios”, y deben darse en la medida que cada uno ponga su grano de arena para tomar el camino del amor, sembrando reconciliación y fraternidad.

* Periodista cultural
lesbiae@hotmail.com