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En las celebraciones del Domingo de Ramos, se subraya la devoción al Señor del Triunfo o se habla de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén como Rey, un Rey que entra humildemente en un burrito (subrayando la humildad de Jesús). Pero ese enfoque omite elementos importantes de la realidad que vivió Jesús. Días antes de esa entrada, Jesús va a Jerusalén en medio de amenazas de muerte. Tanto que los apóstoles van caminando como frenados, hasta que Tomás, en un momento pasajero de valor dice: Vayamos y muramos con El.

Jesús entra a Jerusalén y su sola entrada es un desafío a las autoridades político-religiosas que se lamentan de que tanta gente lo siga, y deciden matarlo, pero después de la fiesta, para que no se alborote la gente.

Su entrada es también un desafío, pues no entra como un Mesías triunfante, Rey bueno y poderoso. No entra en un coche tirado por grandes caballos. Entra montado en un burrito que pidió prestado. Jesús se presenta como Mesías humilde y servidor y así se deja reconocer y aclamar por el pueblo sencillo. Las autoridades político-religiosas se escandalizan y quieren que calle a la gente sencilla. Jesús les dice: Si ellas se callan, hasta las piedras gritarían. Ellos tienen un corazón más duro que las piedras.

En el templo de Jerusalén -centro de poder económico y político- Jesús se enfrenta no solo con los comerciantes de ese atrio que se volvía como un mercado. Se enfrenta sobre todo con las autoridades –dueñas del Templo- que han propiciado que esa casa de Oración, se haya vuelto una cueva de ladrones. Y ellos entienden que a ellos se refiere, y por eso lo increpan: ¿con qué autoridad haces eso?

Y a raíz de ese hecho, toda la semana es de confrontación y de palabras muy fuertes de Jesús, como cuando los llama en una parábola, viñadores asesinos. En este contexto de reconocimiento de Jesús, como el Mesías servidor, que va hacia la muerte y que se enfrenta a los que oprimen al pueblo, es en el que tienen pleno sentido nuestras celebraciones del Domingo de Ramos, y que no se pueden reducir a mover las Palmas y cantar: Bendito el que viene en nombre de El Señor.

Le pregunté a algunas personas de las Comunidades Eclesiales de Base: ¿qué mensaje tiene el Domingo de Ramos para nuestro compromiso social y político? Así me respondieron: vivir la realidad, comprometernos más con los pobres y no tener miedo a denunciar las injusticias y anunciar la Buena Nueva de Jesús.

* El autor pertenece a las Comunidades Eclesiales de Base.