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Hay una ineludible responsabilidad compartida en la problemática que origina la narcoactividad: producción, tránsito, narcomenudeo, consumo, lavado y violencia. Desde la política continental se insiste en reprimir la producción con acciones de “intervención” y se descuida consistentemente el consumo.

Parece que en Estados Unidos, cuando la droga entra al territorio con mayor valor, se “legaliza” y fluye por canales de distribución, vulnerando los sistemas institucionales y sociales. La demanda creciente en países con más poder adquisitivo genera su oferta, sin olvidar que el consumo latinoamericano es preocupante. El fenómeno tiene comportamiento de “mercado”, generando grandes utilidades, numerosos riesgos que obligan a comprar voluntades, contaminar instituciones, vulnerar barreras y ejercer violencia para el destructivo propósito “mercantil”.

Las capturas de drogas, el desmantelamiento de carteles y la ocupación de sus beneficios parecen “victorias pírricas” en relación al volumen que se produce, pasa y llega al destino; a la cantidad de personas que se contaminan en la drogadicción, a las redes que se extienden controlando rutas y mercados, y a las ganancias que producen.

Según el general Fraser “solo el 33% de la droga detectada en rutas de tráfico desde América del Sur, a través de América Central y México a Estados Unidos, logra ser incautada”. El asunto no es “penalizar” o “despenalizar” sino ser efectivo en lo que la Ley permite y sanciona, y más que eso, incidir en las causas internas y las complejas características de la narcoactividad como “mercado” y “crimen organizado” que aprovecha las fragilidades sociales e institucionales.

La estrategia actual enfatiza acciones contra la producción y el tránsito. Los restantes esfuerzos se destinan para bajar el consumo, siendo proporcionalmente insignificantes. ¿Cuáles son los resultados?: a) más consumidores (última década incrementó 25%), b) producción no se reduce, c) volumen de droga capturada aumenta, d) violencia delictiva por narcoactividad crece, e) consecuencias sociales e institucionales: deterioro social y corrupción.

Es urgente destinar los principales esfuerzos sociales e institucionales, nacionales e internacionales para reducir el consumo. La demanda de drogas genera su oferta y no viceversa, por lo que es indispensable incidir en reducir consumidores. Consideremos tres variables: a) demanda para consumo, b) volumen de captura en ruta de origen hasta destino y c) producción de drogas...

De ellas, la única conocida, según reportes estatales y de organizaciones, es el volumen de captura; las otras apenas se estiman. La demanda es rígida, difícil de reducir, porque la droga genera dependencia, requiere esfuerzo personal, ayuda familiar, social y profesional.

Valoremos tres escenarios:

Demanda es constante y varía volumen de captura, ¿Qué pasa con la producción?:

Si la demanda se mantiene constante y se modifica el volumen de captura de drogas en los estados de origen, tránsito y destino, lo que sucederá es que incrementará la producción para satisfacer la demanda. En consecuencia el precio sube por el mayor riesgo. Violencia, lavado y corrupción también se incrementan.

Bajo las mismas condiciones anteriores, si al mantenerse la demanda, el volumen de drogas capturada baja, la producción tendrá que disminuir, el precio bajará porque el riesgo de merma disminuye. La reducción de pérdidas puede reducir violencia en el tránsito y los activos que generan.

Demanda varía, es constante volumen de captura ¿Qué pasa con la producción?:

La demanda sube y se captura la misma cantidad en la ruta, en consecuencia subirá la producción para cubrir el consumo creciente. El precio posiblemente baje por mayor demanda y producción con similar riesgo.

En el caso que la demanda disminuya y el volumen de captura se mantenga constante, obviamente la producción tendrá que disminuir, en tal situación es de esperarse que el precio baje, aunque también podría mantenerse constante.

Modifica producción de drogas, es constante la captura ¿Qué pasa con la demanda?:

Si la producción de drogas aumenta por mayor productividad, ampliación de áreas de cultivo o disminución de efectividad operativa en países productores, manteniendo volumen de captura y demanda, la consecuencia es que el producto tendrá excedentes en el mercado y el precio bajará, conllevará a disminuir la producción en correspondencia a la demanda final. La violencia se mantendrá igual, a menos que surjan conflictos por rutas y mercados.

Si la producción baja por los efectos contrarios a los indicados antes, el volumen de captura es igual y la demanda constante, habrá déficit, el precio subirá al igual que la violencia por controlar el mercado con demanda constante.
Insistimos: el eslabón clave es el consumo, lo que no quiere decir desatender la producción y tránsito. Las estrategias institucionales y sociales deben buscar reducir consumidores, evitar que se sumen nuevos y sacar a quienes cayeron en la trampa de la droga, mediante el control comunitario, educación, información y campañas masivas, programas de desintoxicación para adictos y medidas de prevención a la niñez y juventud. Otorgar incentivos a estados y comunidades por reducir consumo, mayor captura de drogas y desarticulación de redes.

Es fundamental crear empleo formal y núcleos de desarrollo productivo en territorios vulnerables y con poblaciones frágiles. Actuar contra el narcomenudeo y, sin omitir la acción coercitiva del Estado, enfatizar acciones administrativas, de salud y socioeconómicas.

12/3/2012.

* Economista y escritor. Especialista
en Seguridad Pública.
www.franciscobautista.com