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En 1989 la destacada periodista Ángela Saballos me entrevistó en el marco del difícil proceso electoral  en la guerra de 1989-90. Hoy, en la compleja situación política del presente, en paz,  expongo resumida la misma.

-Usted, en 1979, hizo un análisis premonitorio sobre el fenómeno revolución-contrarrevolución. Ahora, 10 años después, se habla de una concertación. ¿Es algo nuevo en la agenda sandinista? ¿Cuál es el papel del Ejército?

El triunfo de la revolución sandinista deja atrás las viejas formas de dominación del binomio yanqui-somocista, sentando así las bases de una concertación nacional destinada a desarrollar en su justa dimensión el sentido de Nación y el orgullo de ser nicaragüense. Una gran concertación que diera a Nicaragua un papel beligerante y competitivo en todas las esferas del contexto regional centroamericano, teniendo como eje el Programa de Reconstrucción Nacional que pretendía rehacer a la Nicaragua destruida por el terremoto y por la guerra. Fue allí donde se dieron, por primera vez, las posibilidades de una Concertación Nacional.

-¿Cómo incidió la guerra en el intento de concertación de 1979?

La política agresiva desplegada por los Estados Unidos profundiza las contradicciones políticas en la sociedad hasta convertirse en irreconciliables. Los sectores empresariales y de la derecha radicalizada abrigaban la confianza de que Estados Unidos terminaría con el sandinismo, y por tanto, no tenía sentido concertar con una fuerza que iba a capitular.

-¿Fueron los sandinistas los causantes de la guerra?

Falso. Además, en los primeros años de la revolución era cuando más débiles estábamos militarmente. Es hasta después de 1985 que logramos fortalecernos para asimilar una técnica más moderna y compleja. Desde 1979 los Estados Unidos implementan una estrategia en la que la guerra es el eje central, y todo lo demás complementario, aunque nuestros errores y radicalismos facilitaron tal proceder.

-¿Las condiciones actuales de 1989 son más adecuadas para la concertación?

¿Cuál es su marco?

Sí. Ya no cabe duda que la contrarrevolución ha perdido la guerra, que no es una alternativa. Esto permite preparar el actual proceso electoral cuya importancia histórica radica en que es pieza fundamental para el fin de la guerra. Hay mayor posibilidad de una concertación económica y, aunque más compleja, política. Creo en una gran concertación, que concibo como un pacto económico-social, a fin de reconstruir Nicaragua. El marco está  bien claro: economía mixta, pluralismo político y no alineamiento.

-¿Qué detendría este esfuerzo de concertación? Ya la guerra terminó...

La concertación tiene una condición indispensable: la paz total tiene que alcanzarse. Aún la guerra no cesa, aunque la contrarrevolución ya no pueda ser el ejército que se propuso el presidente Ronald Reagan. Un gran logro es la paz relativa que ya goza el pueblo de Nicaragua con el objetivo de llevar a feliz término el proceso electoral con el que estamos comprometidos. Con las elecciones los Estados Unidos y la Contra se quedan sin pretexto para la guerra; al realizarse unos comicios vigilados por cientos de observadores de la ONU,

OEA y otros, unas elecciones limpias pese a las dificultades que puedan existir.

Y todo el mundo reconocerá el nuevo gobierno de Daniel Ortega o Violeta

Barrios, incluyendo los Estados Unidos.

-¿Qué pasará con el Ejército en esta concertación? ¿cómo será en tiempo de paz? ¿habrá reducción?

Al celebrarse las elecciones se acelerara el mandato de la desmovilización total de la Contra y así concretamos la paz total. Habrá un Ejército permanente pequeño, y contribuirá en el desarrollo económico del país por su experiencia y potencial. En paz total el gran rédito será la tranquilidad de todos, no tener más muertos, mutilados y lisiados.

-¿Qué proyecta el Ejército para los desmovilizados? ¿Y qué pasará con Servicio Militar Patriótico?

Con los desmovilizados hay un compromiso, además del Ejército, fundamentalmente del Estado y de toda la sociedad, para resolver sus problemas justamente. El problema no es el SMP, el problema es la guerra. En paz el servicio no implica que los jóvenes mueran.  

-¿Va el FSLN a la socialdemocracia? En un principio se dijo era al socialismo. ¿Qué son?

Somos un proceso revolucionario muy dinámico, dispuesto a renovarse constantemente, a reconocer sus fallas y errores, escuchar permanentemente a sus bases y a todos los sectores de la población, incluso a los desafectos, porque también allí podemos encontrar señalamientos objetivos. En los inicios pensamos erróneamente en un socialismo similar a otro. No debemos copiar, aunque sí debe tomarse en cuenta las experiencias de sociedades como Cuba, Costa Rica...

-¿Cómo se va a reflejar la reconstrucción nacional, la concertación?

En primer lugar en la forma que se reactive la producción, cómo se estabiliza la economía, se frena y pone control de la inflación, en medio de este mar de dificultades del mundo de hoy. Lograrlo será una gran proeza. Y con el tendido del sector privado, el estatal y el cooperativo tenemos que pensar en la gran tarea de la Reconstrucción Nacional.

-¿Cuál será la concepción estratégica de la próxima década?

Implica acordar para el gran esfuerzo económico-social una Gran Concertación Nacional, el consenso de toda la nación, que llevará aliento a los sectores más golpeados por la crisis que hoy nos abate. Así como la defensa de la patria fue la tarea más importante del decenio  pasado, ahora lo que nos demanda la historia y el pueblo es materializar el esfuerzo de la concertación cuya meta esencial es la reconstrucción de Nicaragua, que aumente la producción para la mejoría económica de los trabajadores y la nación. Rescatar la credibilidad de las históricas elecciones de 1990 es vital para los destinos de todos los nicaragüenses, para vencer más pronto la miseria y la pobreza.

* General (r). Ex comandante en jefe del
Ejército de Nicaragua.