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A propósito de líderes y liderazgos, para prever qué sucederá en adelante con el bloque opositor en Nicaragua, basta con observar los eventos que desde las elecciones nacionales de noviembre pasado se vienen sucediendo ante la vista, paciencia e histórica impotencia de los y las nicaragüenses frente a los abusos y excesos antidemocráticos de algunos, en contra de las mayorías.

Después que una suerte de partidos y alianzas inscritos en esta “justa” aceptaran los términos y condiciones dadas, proclamándose la oposición a Ortega pero legitimando su inconstitucional reelección, la Alianza PLI ha asumido el discurso o rol visible de la oposición por excelencia en el país, debido a la presencia de su bancada en la Asamblea Nacional, conlos resultados de las elecciones que los ubican en el segundo lugar y el discurso poselectoral asumido por su candidato a la presidencia Fabio Gadea.

El hecho de estar en la Asamblea Nacional y contar con una bancada minoritaria, la única existente, aparte del oficialismo, no significa necesariamente que sean consecuentes con las expectativas y necesidades de la nación, aparte de no poder hacer mayor diferencia, numéricamente hablando.

La historia reciente nos dice que la Asamblea Nacional ha sido un mecanismo para concretar beneficios de grupo o personales, más que contar con representantes parlamentarios que permanezcan acordes a los requerimientos y expectativas de quienes los han electo, tal como ocurrió en los últimos años con el despliegue de mercenarios de las ya desaparecidas bancadas PLC, ALN, BUN y algunos diputados independientes.

El PLC con su mayoritario bloque parlamentario hasta el 9 de enero, fue ejemplo de que estar en la Asamblea no es sinónimo de ser opositores, ya que Arnoldo Alemán, más que oponerse al oficialismo orteguista, era su socio claramente; por cierto: con el paso del tiempo, un socio muy incómodo y “caro”; un Alemán desgastado y débil era ya muy inconveniente para la imagen del oficialismo, tenía que dar por finalizada dicha vinculación.

A la vez, el peso del componente religioso en la idiosincrasia nicaragüense fue definitorio en esta campaña, por el poder de convocatoria masiva que revirtió un ambiente de apatía por el descredito de la clase política nacional, que conllevaría a un mayor nivel de abstencionismo.

También se dan otros eventos como el crimen del padre Pupiro en La Concha, en plena campaña electoral; los sacerdotes de la Conferencia Episcopal por su coherencia y cruzada anti orteguista en su búsqueda de la democracia nacional y justicia social, tomando distancia clara del apoyo personal e incondicional del cardenal Miguel Obando a Daniel Ortega, fueron quienes fundamentalmente lograron posicionar a la llamada oposición, convocando y motivando al segmento anti-sandinista en un escenario de partidos debilitados, desesperanza, personajes nada creíbles y ni siquiera carismáticos que lograran capturar el voto hacia un cambio.

La Unión Europea, en su informe final de observación, no denuncia un fraude como tal en los resultados finales de estas elecciones, o el gane absoluto del PLI, que proclama el candidato por esta alianza, Fabio Gadea, quien hasta enero fue diputado electo por el arnoldismo ante el Parlacén. Ser parte del PLC ha implicado sumisión a un dueño absoluto de este partido, por ende hasta enero pasado, Fabio Gadea representó a Arnoldo Alemán y su PLC en dicho foro centroamericano.

Gadea debió desde años atrás, tomar distancia clara de Alemán y su funesto tránsito en la historia de Nicaragua, antes de pensar en autoproclamarse por unos pocos meses de protagonismo electorero, como “líder de la oposición en Nicaragua”.

Contemplamos entonces por cuales razones los destinos de Nicaragua  no están en manos de tal agrupación dividida e inconsistente. En realidad fue gracias a la ausencia total de una fuerza contundente de base; a la improvisación  e inconsistencia política de la que hacen gala desde años atrás Eduardo Montealegre y sus allegados; los “opositores” en conjunto empujaron y avalaron el gane del oficialismo orteguista, aunque digan lo contrario, y continuarán legitimando sus acciones en adelante, por ejemplo con las elecciones municipales próximas.

El verdadero líder de la oposición en Nicaragua durante este proceso fue, y muy a su pesar seguramente, Monseñor Silvio José Báez junto a la Conferencia Episcopal, que sin ser políticos ni candidatos tuvieron la valentía, eficacia y poder de convencimiento que ni Montealegre, o mucho menos Gadea, hubiesen logrado. Además del segmento del pueblo nicaragüense que no apoya a Ortega y su mega proyecto, quienes realmente hicieron la diferencia votando por el PLI y anulando en especial a Alemán y su PLC, pero a la vez son quienes enfrentaron lamentables eventos como el de El Carrizo, en contra de campesinos pobres, sin inmunidad parlamentaria ni el debido respaldo de su partido.

* Estudiante de derecho.

jjdata135@gmail.com