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Con poco pan y mucho circo iniciaron las celebraciones de la Semana Mayor en Nicaragua. Nuestra primera matriarca con careta por rostro y haciendo cucharitas ponía cara de santa llamándonos a la reflexión. Comunicándonos, a través de sus medios oficialistas, que frente a la sumisión de los atropellos y la ceguera ante la corrupción, para esta Semana Santa el pueblo merecía la gratuidad del ingreso a los balnearios acompañados de conciertos de chinamos y reggaetón.

Asimismo, en aras de promover la “inversión”, no se cobraría ningún pago por impuesto a vendedores ambulantes derretidos por el calor de la bendición presidencial.

Lo que sí me pareció extraño, en este ambiente cargado con olor a incienso y mirra, es que en las misas orteguistas apareciera la banda sin su reverendísimo servil Obando, pero luego comprendí que algunos curas también necesitan disfrutar de sus vacaciones en las escandalosas mansiones de su protectorado señaladas como fruto de la corrupción.

No obstante, lo que no anunció la pareja mística en Semana Santa fue el negocio que logró su consorcio económico a través del alza del combustible y sus derivados, así como la repercusión negativa en la canasta básica en estas próximas semanas mundanas.  

Del mismo cuero se sacaron las coyundas… Dando cusnaca con el dedo a su elegido pueblo, mientras el dictador, la hechicera y sus rémoras celebraban a sus anchas una semana zángana poseída por mercantiles carcajadas que no tuvieron eco en los bulliciosos balnearios o en los rezos sacrosantos de los creyentes.

El dogma destruye la razón a través de una fe ciega, constituyendo una de las mejores estrategias empleadas para la manipulación. La pasividad, la esclavitud emocional y la ignorancia deforman a una ciudadanía responsable de sus actos convirtiéndolos en seres dependientes, sometidos y dominados por el poder.

Mientras algunos medios de comunicación estén dirigidos al embrutecimiento moral, tendremos siempre a un místico dictador auxiliado por el altar de la Iglesia, haciendo creer que son más importantes las necesidades superficiales a las esenciales.

Por ejemplo, mucha de la publicidad oficialista estuvo dirigida a no botar basura en Semana Santa, pero la ciudadanía ni siquiera ha logrado con efectividad botar ni reciclar toneladas de basura institucional o erradicar el basurero de los poderes de facto que deterioran nuestro ambiente social.

Por tanto, si un jurista aventajado se empeña en “enseñar” sobre las calidades procesales en el juicio a Jesús de Nazaret (el más famoso en la historia de la humanidad) mientras resucita paradójicamente el párrafo segundo del artículo 201 de la Constitución de 1987, ya derogado con el consentimiento de un místico zángano para asilarse en un cargo de facto; es nuestro deber exigirle que nos enseñe también las calidades procesales y sus cualidades ciudadanas al lavarse las manos, como Poncio Pilato, ante semejante adefesio legal donde se crucificó la institucionalidad sin señales de resurrección.

O ante el policía en acecho, esperando que cometamos el mínimo descuido para extorsionarnos, en vez de garantizarnos la seguridad; inmediatamente saltará a nuestra memoria la comisionada de facto embelesada con el poderío y no con el demagógico servicio. Pero esto solo es el inicio de un listado extenso de la servidumbre.

Si basamos nuestras creencias en la fe, le daremos bienvenida a un Vía Crucis de dictadores místicos, magas, santos, poderes de facto o cualquier otro que pueda abusar con su autoridad retorcida nuestra libertad.

En cambio, si nos convencemos a partir de argumentos racionales que el antídoto contra la ignorancia es el conocimiento, entonces la verdad nos hará libres y alcanzaremos la tan anhelada igualdad ante la Ley.

 

7/04/2012
* Abogado y escritor
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