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(La fiesta de Resurrección: una conmemoración subversiva)

En la vigilia del Sábado Santo y el Domingo de Resurrección la liturgia se desborda con cuatro fiestas: La fiesta de la luz y el fuego; la fiesta de la palabra e historia de salvación; la fiesta del agua y del bautismo, y la fiesta eucarística de la Resurrección. Estas cuatro fiestas son preciosas y llenas de esperanza. Pero, igual que en los días santos anteriores, puede celebrarse fuera de su dimensión política.

Lo que ahora quiero subrayar es la dimensión política de la vida, pasión y  muerte de Jesús; poniendo un ejemplo cercano: si no tenemos clara esta dimensión ¿cómo entenderemos la muerte, el asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero, o de los mártires de la UCA de El Salvador? Murieron por amor y fidelidad al Evangelio y al pueblo. Pero, ¿por qué los mataron? Por razones políticas queriendo vanamente acallar su voz.

Me atrevo a decir que la Resurrección de Jesús es igual o más subversiva que su misma muerte, y tiene un tremendo contenido político.

Es tremendamente subversiva pues, como proclama Pedro en su primera homilía, el que resucita es el que crucificaron y asesinaron. Jesús es el primogénito de los resucitados. Y los que Dios quiere que bajen de la cruz y vayan resucitando ya en nuestra historia, son las víctimas de la injusticia, los que de tantas maneras son crucificados -por ejemplo, tantos desempleados y emigrantes y tantos afectados hoy por el crimen contra la humanidad que es la llamada crisis financiera-.

¿Cómo está esto presente en nuestras celebraciones de Semana Santa? La liturgia de la noche de Resurrección es preciosa, pero no es un espectáculo, sino es y debe ser expresión de nuestra fe en Jesús resucitado y en la vida digna, resucitada, que Él quiere para la humanidad.

La luz que brilla en las tinieblas es Jesús y el reinado de Dios que Él vive y proclama; luz para los pueblos que estaban en tinieblas. No se trata de una salvación meramente individual, sino del reino de amor, justicia y solidaridad que Dios quiere y que Jesús proclamó.

La lectura principal del Antiguo Testamento (entre las 10 de esa noche) y que no se puede omitir, es la del Éxodo. La liberación que Dios quiere de su pueblo y salir de la esclavitud. Esto es un hecho político-religioso.

Por el agua somos vivificados y purificados y ungidos-consagrados como hermanas y hermanos de Jesús, el Mesías, que se nos presenta en Nazaret como el ungido por el Espíritu para anunciar la buena nueva a los pobres; la liberación a los oprimidos.

Cristo quiere decir ungido, y cristiano quiere decir ungidos como Él para la construcción del reino de Dios. La luz y el agua nos piden personalmente arrepentirnos y dejarnos perdonar y purificar de todas tiniebla y maldad, pero al mismo tiempo nos piden que siguiendo a Jesús  luchemos contra el pecado del mundo.

Resucitar con Cristo es morir al pecado, como nos recuerda San Pablo, y es resucitar a una vida nueva como mujeres y hombres nuevos, a imagen y como reflejo y testigos de Jesús. Esto lo hemos reducido, solamente individualizado, y corremos el riesgo de perder el contenido social que implica lo que Jesús predicó: el reino de Dios.

Cuando los cristianos decimos con otros muchos: “Otro mundo es posible”, queremos expresar nuestro sueño y utopía del reino de Dios, y queremos reafirmar nuestro compromiso para luchar por un mundo más justo, fraterno y solidario como Dios quiere. Todo esto tiene obviamente una dimensión política, no necesariamente de política partidaria. Pero también la política partidaria de todos los partidos, necesita una purificación del pecado del abuso del poder, del enriquecimiento ilícito y de servirse del pueblo, en lugar de servir al pueblo.

Semana Santa, celebraciones llenas de fe, amor y esperanza, pero vividas como Jesús las vivió en un contexto político concreto, en plena fidelidad al plan de Dios y al servicio al pueblo, como anuncio de un mundo nuevo y distinto, y como denuncia de todo lo que oprime a la humanidad, en particular en la vida social y política.

* Miembro de las Comunidades Eclesiales de Base, CEB