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Habiendo quedado atrás la pausa religiosa y vacacional de Semana Santa, el proceso político nicaragüense adquirirá nueva dinámica, al menos por dos factores.

Primero, el gobierno no podrá continuar ignorando las voces que dentro y fuera del país se han alzado pidiendo nuevas reglas del juego para las elecciones municipales, ahora a menos de siete meses por delante.

Segundo, porque la Alianza PLI, que es el único referente de oposición al orteguismo -reconocido nacional e internacionalmente- enfrentará decisiones críticas, como lo sugieren las opiniones vertidas desde diferentes ángulos, aunque convergentes, por sus principales dirigentes.

Son factores relacionados entre sí.

El gobierno cometería un grave error -porque el hecho no pasaría sin serias consecuencias nacionales e internacionales- si cree que podemos llegar a noviembre sin una refacción a fondo del sistema electoral, o solamente con cambios cosméticos. Y si el gobierno comete ese error, el país saldrá perdiendo.

Quienes demandan responsabilidad a la política y los políticos, deberían enfilar su demanda hacia el gobierno porque del mismo depende que tengamos o no, cualquiera sea el resultado, un proceso electoral que responda al núcleo fundamental de las propuestas de reformas contenidas en los informes de la Unión Europea y la OEA.

En el contexto anterior, es muy importante entender que el gobierno, tratando de ganar tiempo se ha estrechado su margen de maniobra.

Concretamente, hace algunos meses podía contar con que Alemán y “su” PLC irían a las elecciones bajo cualquier circunstancia -cuestión que no ocurriría con la Alianza PLI- y así el gobierno tendría una “apariencia” de elecciones que podría haber “vendido” a los principales poderes fácticos nacionales e internacionales.

Después de lo que ha ocurrido con Alemán y “su” PLC, esa opción ya no existe, como tampoco existe la de “inventarse” otras “fuerzas de oposición”. Si no hay condiciones creíbles para que la Alianza PLI participe, ningún remedo de elección será “vendido”.

Por su parte, la Alianza PLI, sin la presión de tener que ir a las elecciones casi en cualquier circunstancia, porque el argumento que “otro puede ocupar su espacio” ha quedado relativizado hasta la casi nulidad, está en mejores condiciones de solventar las diferencias de opinión sobre una eventual negociación con el gobierno para redefinir las reglas del juego de la institucionalidad democrática, empezando por la electoral.

Los astros de Ortega ya no están tan bien alineados como hasta hace poco tiempo. Si no se da cuenta, hará mucho daño al país. La alianza PLI tiene una gran responsabilidad. Si no la asume también hará daño al país.

* Economista