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El mayor de los movimientos sísmicos que destruyeron gran parte de Managua en 1972 tuvo una magnitud de 6.2 en la escala de Richter.

Con frecuencia se escucha de terremotos en otros lares, de magnitudes similares y aún mayores de 6.2 Richter, que no causan tanta destrucción. ¿Significa esto que los edificios destruidos en nuestra capital en 1972 estaban mal construidos? Muchos, en efecto, tenían poca capacidad sismo-resistente, pero la vastedad de la destrucción se debe en parte a las características del evento sísmico. Para aclarar esto es importante hacer ciertas consideraciones sobre el verdadero significado de la escala de Richter.

La primera consideración es que la escala de Richter es una herramienta para definir la cantidad de energía liberada en un sismo, y que la relación existente entre la magnitud Richter y la cantidad de energía aludida, no es de tipo lineal.

Esto quiere decir que un sismo de magnitud cuatro, por ejemplo, no libera el doble de energía que uno de magnitud dos, sino mucho más.

La relación entre la energía liberada y la magnitud Richter es más que proporcional, es logarítmica.

La segunda consideración es que la cantidad de energía liberada, y la magnitud en la escala de Richter relacionada con ella, no dan por sí solas una idea del poder destructivo de un terremoto para una estructura dada.

Existen otros parámetros importantes como la distancia y profundidad del hipocentro (lugar en el subsuelo en donde se origina el sismo), la duración del movimiento, su dirección, el tipo de suelo existente entre el hipocentro y los edificios en cuestión, etc.

A veces ocurren circunstancias especiales que propician una mayor destrucción. Una de ellas es la licuefacción del suelo, que ocurre cuando un terreno saturado se comporta como un líquido y deja de dar soporte a la estructura. Otra es la resonancia, que ocurre cuando el período de oscilación de las ondas sísmicas coincide con el período natural de oscilación de la estructura afectada, lo que amplifica abruptamente el poder destructivo de dichas ondas.

Si un sismo tiene su hipocentro a poca profundidad y cerca de una estructura, ésta se verá sujeta a grandes fuerzas, predominantemente horizontales, que pondrán a prueba su capacidad resistente.

Ese fue el caso de las estructuras de la Managua de 1972, ante el embate de un terremoto que tuvo su hipocentro bajo la propia ciudad, a poca profundidad.

En términos generales, la magnitud de las fuerzas sísmicas que actúan sobre una estructura depende de la masa de dicha estructura y de su aceleración durante el sismo. Esta aceleración, a su vez, depende de la aceleración del suelo bajo la estructura. Como la masa de un edificio dado es constante, es la aceleración del suelo lo que cuenta para definir el tamaño de las fuerzas actuantes.

No es la magnitud en la escala de Richter lo que determina el poder destructivo del sismo, sino que dicho poder está determinado por la magnitud de las fuerzas que actúan sobre la estructura. Estas fuerzas están determinadas por muchas variables, entre ellas, la magnitud Richter.

En el terremoto de Managua de 1972 las aceleraciones fueron mayores al 30% de la aceleración de la gravedad. Esto quiere decir que una estructura de mil toneladas experimentó fuerzas horizontales de más de trescientas toneladas. Fue un sismo muy destructivo que además ocurrió en una ciudad con estructuras inadecuadas.

Para explicar la diferencia entre la magnitud Richter y las fuerzas sísmicas destructivas pondré un ejemplo cotidiano. Imaginemos a la hormiga que habita una caja de fósforos colocada sobre la tapa del motor de un automóvil. En un símil con un sismo actuando sobre una estructura de una ciudad, la cajita de fósforos representa el edificio y el automóvil hace el papel del subsuelo.

Podríamos generar un sismo de mucha energía liberada –es decir, de una gran magnitud Richter-- moviendo con nuestro cuerpo el carro desde la parte de atrás, desde la valijera. En ese caso la caja de fósforos se movería, pero el sismo que la habría afectado no habría sido muy destructivo, desde el punto de vista de la hormiga. Las fuerzas actuantes sobre la caja de fósforos habrían sido pequeñas.  Nosotros, sin embargo, habríamos usado bastante energía para mover el carro.

Sin embargo, también podríamos generar un sismo de poca energía liberada –es decir, de una magnitud Richter baja-- empujando violentamente, pero con poco esfuerzo de nuestra parte, la caja de fósforos con un dedo. Para la hormiga, este último evento habría sido destructivo, de grandes fuerzas actuantes.
*Ingeniero y músico
pedrocuadra56@yahoo.com.mx