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Mi abuelo materno, Zacarías Torres, fue un indígena agricultor y periodista de Catarina que tenía algunas propiedades. Pero creo que fue el primer periodista de la Meseta de los Pueblos a principios del siglo XX.

Poco antes que yo naciera, también se convirtió en maestro de educación Primaria, nada menos que por obra y gracia de Anastasio Somoza García, el fundador de la dinastía somocista.

Yo tenía unos seis años de edad cuando él murió en Catarina, cobijado por la brisa celestial de la Laguna de Apoyo, pero tuve algunos contactos con él que me revelaron a una persona con gran sentido del humor y de conversación amena.

Después de trabajar en sus fincas pasaba visitando a mi madre en Niquinohomo, llevándome frutas y mieles silvestres como regalo. Era de baja estatura, acaso 5.2 pulgadas de alto, piel cobriza, india, con un rostro de perfectas facciones chorotegas, pícaro y fácil de palabra.

Cuando yo llegaba con mi madre a visitarlo en Catarina, él siempre me hacía un regalo especial: revistas selecciones del Readers Digest, al tiempo que aconsejaba a mi madre que siempre me pusiera a leer para que fuera un buen estudiante y una persona culta en el futuro.

Lo cierto es que mi abuelo era un excelente autodidacta, quien se educaba leyendo variedad de revistas entre ellas Life (en Español), Bohemia, de Cuba, pero Readers Digest era su lectura favorita, y tenía una biblioteca personal; entonces, era un hombre de campo, pero también un hombre de letras.

Yo estaba muy niño para poder valorar plenamente su personalidad. Cuando estaba por terminar mis estudios de Primaria, me di cuenta por mi madre y muchos pobladores de Catarina que mi abuelo había sido un periodista que escribía rutinariamente para las revistas “Calma Jolea” y “Eco de la Campanada” que, pienso, son parte de la historia del periodismo nicaragüense.

Pero el logro más importante en la vida de mi abuelo se dio a través de la política, y me imagino que sin proponérselo. A mediados de 1944 Somoza García andaba en campaña para reelegirse como presidente; mi abuelo, contaban mis padres, era un liberal somocista tan fanático que siempre andaba una pañoleta roja amarrada al cuello.

Los partidarios de Somoza García lo invitaron a visitar Catarina, y él aceptó. Mi abuelo, al parecer, era el coordinador del recibimiento porque fue delegado para expresar las palabras de bienvenida al dictador.

Mi hermana mayor, Margarita, --ya fallecida--, fue testigo del evento. Ella era una niña quien llena de curiosidad se fue a sentar en una ventana de la casa donde tenía lugar el agasajo político. Ella miró y escuchó a mi abuelo diciendo su discurso como un líder delante de Somoza García; este quedó tan impresionado por las palabras del orador que a continuación lo invitó a brindar junto con él una copa de champán.

Somoza García entabló conversación con mi abuelo, y entre otras cosas le preguntó en qué trabajaba; él le dijo que era un indígena, campesino que trabajaba sus tierras; pero también le “sacó” sus credenciales de periodista y acaso también las de escritor. Pero mi abuelo enfatizó a Somoza García que la mayor necesidad de Catarina era maestros para educar a los niños.

Ese punto fue el que más interesó al dictador, y le preguntó a mi abuelo si estaba dispuesto a ser maestro en la única escuelita de Catarina. La respuesta de mi abuelo fue positiva y Somoza García le prometió hacer su nombramiento como maestro. Una semana después de aquel evento, por órdenes de Somoza García el Ministro de Educación remitió a mi abuelo, a través del correo, su nombramiento oficial como maestro.

Sin también proponérselo, mi abuelo fue quien influenció en mí el amor al periodismo. Nunca tiré a la basura aquellas revistas que él me regalaba cuando yo era niño. En esas revistas hice mis primeras lecturas de periodista, leyendo con gran pasión aquella estupenda sección de Selecciones del Readers Digest: “Grandes reportajes,” donde aprendí sobre las formidables batallas y odiseas de las dos guerras mundiales, la tragedia del Titanic, el vuelo solitario de Charles Lindberg sobre el océano Atlántico, y otras exquisitas lecturas que sentaron las bases para mi formación como periodista.

Yo no estoy reivindicando a Somoza como un adalid de la educación ni como un mecenas, solo he escrito sobre una parte importante de la vida de un hombre indígena que pienso fue ejemplar, y que afortunadamente fue también parte de mis primeros años de vida, sembrando en mi mente el sueño de ser periodista.

Kansas, U.S.A., abril 10 de 2012.
* Periodista