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Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó,  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
(1ª Carta a los Corintios 15: 16–17)

Cada vez que llega esta época del año, de la mal llamada Semana Santa, tanto para el sistema católico romano como para el sistema evangélico, comienza el golpeo de pecho y el llamado con más ahínco al arrepentimiento; es el momento en que el fanatismo religioso aflora, las costumbres, ritos y todo tipo de herejías salen a luz; es el tiempo de conmemorar la pasión y muerte de Jesús, volviendo a revivir en sus conciencias cauterizadas, el vituperio sufrido por él.

Pero, ¿qué hay de verdad? O, mejor expresado: ¿cuánto de falsedad hay en el rito y costumbre de celebrar año con año la muerte de Jesús, si para este sistema religioso no trae ningún fruto? ¿Cómo pueden seguir proclamándose pecadores, llevando un muñeco de yeso crucificado en sus hombros, cantando una letanía: “perdona a tu pueblo Señor…”, y  paseando un ídolo por las diferentes ciudades de Nicaragua?

Sencillamente es un acto de idolatría, una vana expresión de lo que consideran su fe, ya que sus líderes son ciegos guiando a otros ciegos.

Pero veamos: ¿por qué su fe es vana? Dice el verso bíblico (1ª a los Corintios 15:17): “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, aún estáis en vuestros pecados”. La pregunta clave es: ¿resucitó Cristo de entre los muertos? Sí, resucitó, hay suficiente evidencia en los libros históricos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Entonces ¿cuál es el motivo de celebrar el llamado Domingo de Gloria?

El sistema católico romano realiza su misa de resurrección, y dan vivas al resucitado, y los evangélicos realizan el culto de resurrección por la madrugada, pero ¿por qué no creen que dejaron de ser pecadores? Entonces, en conclusión, en  lo que ellos creen es vano, porque si Cristo resucitó (que todo el sistema lo cree), deberían creer por consiguiente que ya no tienen pecado, no son pecadores; la única condición para seguir siendo pecador es que Cristo no haya resucitado.

No dejemos a un lado a los llamados evangélicos, con sus Siete Palabras el Viernes Santo, que de santo nada tiene… Solo les queda también sacar una procesión similar a la de la Judea, pero ¿qué fruto llevan?, ¿qué provecho sacan celebrando algo que ellos invalidan?

El dicho de los llamados evangélicos es que son pecadores arrepentidos. Seguro, si en cada culto el pastor les cuenta la misma historia y los hace pasar al supuesto altar, nuevamente exponiendo a vituperio a Cristo.

Porque es  imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo y así mismo gustaron la buena palabra de Dios, y los poderes del  siglo venidero, y recayeron, sean otras vez renovados para arrepentimiento, crucificando para sí mismo al hijo de Dios y exponiéndolo a vituperio (Hebreos 6: 4-5 – 6).

La pregunta es: este pueblo fanático religioso ¿verdaderamente ha escuchado la palabra de Dios? No, el sistema religioso ha escuchado a prevaricadores, porque si la hubiesen escuchado, hace dos mil doce años no estarían celebrando la mal llamada Semana Santa.

* Miembro del Ministerio
Creciendo en Gracia.