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Varios filósofos han dedicado su tiempo a construir un razonamiento ateo: Marx, Feuerbach, Freud, Nietszche son solo algunos de los nombres más conocidos en esta tarea de negar a Dios. Pero ellos se quedan en el umbral del problema ¿Se puede razonar el ateísmo?

En el siglo XVII para Feuerbach, padre del ateísmo antropológico, la idea de Dios nace de la insatisfacción que el hombre siente por su propia condición, del deseo de abolir cualquier límite a la condición humana. Así el hombre, enajenándose, idealiza sin límites la imagen que ha creado atribuyéndole una existencia real. Esto significa que no es Dios el que crea al hombre a su imagen y semejanza, sino que es el hombre el que crea a Dios. Esto es un ingenuo optimismo de la razón.

Después, al afirmar que la religión es el opio del pueblo, Marx añade que Dios nace de la lucha de clases como instrumento político, permitiéndole a las clases dominantes someter a las desposeídas., lo cual expresa una idea muy difusa de la existencia de Dios.

Como un paradigma médico y científico Freud determina que Dios nace de la inseguridad del hombre que se representa en un Ser Omnipotente, en el cual encuentra paz, consuelo, seguridad, curación de la enfermedad y sus limitaciones.

Según Nietzsche, Dios se origina como una estratagema de los hombres débiles para sembrar sentido de culpa en los fuertes, e impedir que estos les dominen. Sin embargo, este análisis no le habría sido de mucha utilidad a Voltaire, quien sugirió que de no existir Dios habría que inventarlo, porque este venerado campeón de la tolerancia y crítico despiadado de la Iglesia -acusándola de ser contraria a un verdadero humanismo- se dedicaba en su época a una actividad inhumana: el tráfico de esclavos.

Con su célebre afirmación: Dios está muerto, Nietzsche afirma pero no demuestra, porque es un postulado no demostrado para revolucionar la vida y la moral del hombre, enfrentando a Dios como un adversario. Nietzsche trató de liberarse de cualquier demanda metafísica como una oportunidad para desarrollar un sistema de ética propio, basado en su conocimiento.

El problema es que  Dios no se pliega a las órdenes del hombre y no acepta sus desafíos.

Como herederos de todas estas tradiciones filosóficas ateas hoy podemos mencionar a Dawkins, Hitchens, Dennet,  y sobre todo, a Sam Harris, quien está dispuesto a promover un tipo de revolución de las creencias a través de una guerra de ideas a ser librada en cientos de frentes al mismo tiempo.

Nuestras dudas cristianas surgen cuando ellos expresan que el ateísmo no es una filosofía y  ni siquiera una opinión sobre el mundo, simplemente el rechazo a negar lo obvio.

¿Qué es lo evidente? Parece ser un trabajo ingrato, lleno de soberbia e insensibilidad que niega los valores cristianos y morales universales, culpando a la Biblia de todos los males del mundo, señalando a los creyentes de ignorantes y débiles mentales, protestando “razonablemente” contra el dogma religioso tildándolo de irracional y absurdo.

En realidad, llevar la buena nueva atea implica sostener que creer en Dios puede llevar a la disfunción social, creyendo demostrar que el ateísmo es compatible con las aspiraciones básicas de una sociedad civil.

Para la autoridad moral humana, la fe religiosa es un poderoso obstáculo al diálogo. Aunque no existe ninguna garantía que la gente racional siempre vaya a estar de acuerdo. Un hecho que los obliga a lanzar un patético grito de guerra: ¡Ateos del mundo, uníos!

* Médico Cirujano