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El gobierno de los Estados Unidos de América -demócrata o republicano- y la Iglesia Cristiana en cualquiera de sus versiones -católica, ortodoxa o evangélica- siempre dirán, ambos: No a la legalización de las drogas. Las razones de estos dos estados para emitir tan categórico juicio y mantenerse en tan sólida posición, son espirituales (puritanismo y catecismo), históricas (dominadores de la moral y las buenas costumbres) y fundamentalmente económicas (¡Oh sorpresa!).

Pero la$ principale$ razones están asentadas en  una sólida y muy productiva base económica. Lo económico aquí se connota con la acepción “suciamente judaico”, como le encantaba decir al viejo Karl Marx, cuando se trataba de esa escisión entre doctrinas teóricas y los  intereses concupiscentes provenientes de negocios onerosos o trabajos sucios que vienen a ser casi lo mismo.

Es ahí desde donde se levanta ese inamovible altar de inmaculada e inmarcesible pureza. Un albo lirio defendiendo al verde dólar y al tráfico inicuo. Veamos:

Un estudio del Departamento de Estado reconoce que pese a la intervención militar norteamericana en Colombia, ese país sigue siendo el líder mundial en producción de cocaína con el 70% del total de distribución mundial y el 90% de procesamiento. Asimismo, el expresidente William “Habanos Bill” Clinton reconoció durante una audiencia congresional en 2007, que en Estados Unidos se consume el 50% de las drogas producidas en el mundo, mientras su población es solo el 5% del orbe.

Este altísimo consumo se operativiza –se realiza en la práctica- no por obra y gracia del Espíritu Santo, sino que demanda una poderosísima red de distribución y servicios donde necesariamente se ven involucrados con las mafias narcotraficantes, parte de la institucionalidad federal, de los estados y de los poderes locales (políticos, judiciales, policiales, empresariales). De otra manera no es posible este jugoso negocio.

La economía capitalista norteamericana a lo largo de su historia siempre ha tenido un componente mafioso: en el control de los sindicatos de trabajadores y en el manejo del show bizz o toda la poderosísima industria del entretenimiento.

Esta mafia aliada a cárteles económicos poderosos (el acero, el petróleo, etc.) en el momento de defender sus intereses no ha trepidado en suprimir la vida de ilustres presidentes de esa nación. Cfr. Caso John F. Kennedy.

Por otro lado, la legalización de la producción, distribución y consumo de la mariguana (Cannabis sativa et al), la coca (Erythroxylum coca) y las amapolas (Papaver somniferum) y sus derivados, se ve fuertemente obstaculizada por los lobbys e intereses determinantes de la industria farmacéutica.

La producción y el consumo de medicinas constituyen una buena porción del pastel económico en el mundo.

Es decir, la explotación farmacéutica de estos productos naturales (mariguana, coca y amapola) abaratarían los costos de toda la industria químico-farmacéutica basada en la producción de medicina a base de elementos sintéticos no naturales.

La “farmafia” que obtiene ganancias anuales por el orden de los 400,000 millones de dólares, evidentemente se opondrá con todas sus fuerzas a la legalización,  para seguir explotando -en complicidad con la industria médica- vía meros paliativos las enfermedades. Ninguna medicina de farmacia recetada por un médico cura, solamente palia. Y el show bizz debe seguir.

En otros artículos tocaremos los intereses económicos de las iglesias cristianas que las obligan a oponerse a la legalización de las drogas más allá de sus discursos morales; también veremos los intereses conjugados de los gobiernos centroamericanos (El Salvador, Honduras y Nicaragua) para oponerse a la misma.

El debate recién empieza, señoras y señores, y nadie ha dicho que es cosa fácil desmontar las estructuras del poder mafioso y reemplazarlas por un poder basado en la institucionalidad y la legalidad.

Hay demasiados intereses que convergen en la opción por  mantener la ilegalidad y la guerra. La vida humana nunca ha sido más valiosa que la ganancia para ningún poder. Y de esta disyuntiva –legalizar o continuar la guerra- no se escapan ni el metropolitano Gobierno de los Estados Unidos ni los periféricos gobiernos del área centroamericana.

* Escritor. Editor de la revista “Cultura de paz”