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Desde hacía tiempo quería visitar nuestra costa caribeña. Tenía pensado viajar por tierra hasta El Rama, y de allí, por los surcos acuáticos hasta Little “La islita” Corn Island y los Cayos mískitos. Por suerte encontré a una dama costeña en un súper y le narré mi plan. Amablemente, --como ellos son--, me expuso las conveniencias de hacer el viaje al contrario, es decir, empezar por Corn Island o Isla del Maíz y de allí a Managua. Me despedí con un sonoro “senkiu” (thank you).

Los vuelos a la Isla mayor del Maíz estaban full desde el Viernes de Dolores, por ende salí el jueves tempranito por la mañana. Para las ocho y algo de la mañana estaba en el aeropuerto isleño. Sin atoro, escogí al taxista que me asistiría en lo del hotel. Un personaje resultó

“El monito”, que después de visitar tres hotelitos me dejó en el escogido, el Sweet Dream (Dulce Sueño), justo en el centro neurálgico de la villa: el muelle.

Cité al amigo para una hora después. Quería reposar en la confortable cama bajo el amparo de un aire acondicionado silencioso y tomar una ducha. “El monito” llegó exacto. Le pedí ir a tomar un refrigerio y lo hizo con tanto atino, que encantado quedé. En el sitio aireado de doña Adela, en Salipique, frente al mar, bellísimo, degusté el agua de un coco tierno, su pulpa, y un pan de coco. Mi guía entonces habló de comer un “Rondón” (Run down), plato típico, afrodisíaco según él, que debía encargarse por lo elaborado.

A pocos metros, en el Sebás, se ordenó para las 3:00 pm El rondón es un pescado yellowtiel (yellowtail o cola amarilla) entero, al vapor, en agua de coco, más langosta, camarones, caracoles, quequisques, cebollas y diferentes plátanos; una delicia de alta cocina. El resto del día deambulé por el pueblo. Los taxistas cobran 15 córdobas por carrera, no importa adónde. Un bus pequeño gira la isla a cinco córdobas, sin imponer el destino.

Los creoles afros, mulatos, ramaquíes, mískitos, mestizos y españoles, cuando blancos del Pacífico, son platicones, musicales, sanos y bien confiables. Mucho turismo extranjero encontré, casi cero nacional.

Al día siguiente, por panga a mar abierto y a 45 minutos, visité “La Islita”. Un paraíso con aguas de colores y arenas blancas propias del Caribe. Una serie de cafetines y bares, en manos de extranjeros, ofrecen confort. El hotel Iguana tiene una playa extraordinaria y no pocos topless observé. Allí todo es a pie, por andenes cuidaditos ¡Qué linda es mi Nicaragua!

El sábado temprano estaba en el muelle para tomar la panga, adentrarme en el mar, hasta los Cayos Mískitos, pero no hubo quórum ¡Qué lástima! Otro rondón, en la playa Picnic Arenas Beach, más lectura y alternabilidad con franceses y gringos, completó el día.

Por la noche me fui de disco, bailé varias rolas con una chamaca que conocí en el aeropuerto. Sabroso, pero a dormir me dirigí para, por la mañana, volar a Bluefields.

Dos noches reposé en el Caribbean Dream, antes Hotel Cueto, de Los Campos Azules. Aproveché para visitar a familiares, amigos, la iglesia morava y lugares bulliciosos como el mercado. Diez córdobas por carrera es el importe. Un día me tomé para por panga conocer

Laguna de Perlas (Pearl lagoon), tierra de dos grandes ligas nicas, Albert Williams y Devern Hansack. En playa Aguas, la mejor, degusté mi tercer rondón, esta vez con tantito picante ¡Huuumm!

Fabulosas fueron mi dos horas, desde Bluefields hasta El Rama, en panga por el Río Escondido. Lo encontré más hermoso que el San Juan.

No existe el peladero presentado, por el lado tico, de nuestro histórico soñador del canal. Descansé en el Hotel Oasis y al día siguiente, a las 9:00 am tomé el expreso de la empresa Wonderly hasta Managua, donde arribé después de cinco horas y 300 kilómetros.

Mi sabroso viajecito cesó en la terminal del Iván, pues un taxista, además grosero, pretendía cobrarme un precio que no era jugando. La realidad, me sacó de la agradable aventura.

Conocer Nicaragua es ser nica. No es para nada costoso viajar por el Caribe nacional. Soy positivo por natura, pero el exceso de basura, botellas y plásticos, asesinan lo nuestro. Bravo por las dos islas y su limpieza, parece que algo queda de esa cultura inglesa. Gracias a la señora costeña del súper, pues siempre viajé de día y cuando la avalancha subía, al suave yo venía.

* Ingeniero y musicólogo