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Las necesidades sociales están íntimamente ligadas al desarrollo de las naciones en términos económicos y políticos, para los cuales se generan condiciones de riqueza que satisfacen las demandas ciudadanas. Es absurdo negar que el progreso no obedezca al desarrollo pleno de la libertad del individuo a producir bienes y servicios que satisfagan las necesidades sociales, y que esto a su vez, genere riqueza para el individuo en sí.

Los debates ideológicos entre el llamado socialismo del siglo XXI y el liberalismo tradicional proponen condiciones ideológicas con las que la mayoría de población no encuentra espacio para llenar sus expectativas de identidad.

Por un lado, el socialismo “modernizado”, promotor de un colectivismo que no es más que el eco del marxismo de los años 80 disfrazado de figuras coloridas y discursos esperanzadores con los que la sociedad claramente no llena sus necesidades.

Por otro lado, el liberalismo tradicional, responsable del surgimiento de esta “nueva” tendencia izquierdista, tampoco ha logrado despertar el interés de la población para que depositen su confianza en ello como alternativa de progreso.

No obstante, la afirmación de que el liberalismo es el pensamiento que afirma la libertad, los derechos del individuo, la soberanía personal que todos y cada uno de nosotros poseemos, trasciende desde su concepción hasta la fecha. Es en sí misma el fin político más alto de alcanzar.

Es importante recordar eventos decisivos en la historia del desarrollo humano promovidos por esta ideología: el liberalismo inspiro el avance de las ciencias frente al oscurantismo, el paso a las repúblicas frente a las monarquías; del constitucionalismo frente al absolutismo, de los regímenes de libertades y el Estado de Derecho frente a toda forma de despotismo; de los parlamentos y el debate de propuestas frente al ordeno y mando, de las votaciones frente a las imposiciones, de los procesos jurídicos frente a los juicios sumarísimos; de la empresarialidad y la movilidad social frente a los estamentos sociales compactos y las castas estáticas.

El liberalismo opta por el sistema económico más solidario que existe: el capitalismo. El capitalismo está basado en la cooperación voluntaria de los individuos y sus agrupaciones. Para alcanzar el éxito económico es obligatorio servir a los demás. El éxito pasa obligatoriamente por inventar, invertir, emprender, esforzarse, emplearse y/o crear empleo; producir bienes y servicios que la sociedad necesita. Además, del beneficio tangencial para el resto de la sociedad, como consecuencia de la innovación constante, es muy superior a cualquier política de redistribución forzada de la riqueza.

Estas realidades son efectivas en Nicaragua donde formamos parte de un sistema basado en el capital independiente de cualquier gobierno de cualquier tendencia ideológica como el actual, que pretende vender realidades insostenibles a través de populismo reproductor de lealtades mercantilistas.

A pesar de todas las acciones (mediáticas y con fines politiqueros), la realidad objetiva es que el ser humano busca a través de los mecanismos creados por el hombre mismo la felicidad individual y no la colectiva, siendo el desarrollo social medios que nos conllevan a todos a la conquista de esa satisfacción natural.

Resulta muy contradictorio que los grandes estandartes del falso socialismo antiguo y moderno hoy son grandes empresarios y defensores de sus propios intereses, ocupando el Estado para tales fines. Esto nos lleva a corroborar que el único ideario que genera la satisfacción personal y valga decir que genera satisfacción colectiva, es el liberalismo.

La asignatura pendiente y que le corresponde a las nuevas generaciones de líderes políticos, es la de replantear estrategias y promover los verdaderos valores de un liberalismo que hasta el día de hoy no ha sido implementado en Nicaragua, ajustado a los cambios de la realidad global.

gagutierrezc@hotmail.com